Guatemala, 15 de febrero de 2008

CATALEJOUn regalo para nuestro idiomaPor Mario Antonio Sandoval

DE MIS NOTASEl amor en los tiempos de orquídeasPor AlfredKaltschmitt

FAROEl fenómeno ObamaPor Rodrigo Castillo Del Carmen

SIEMPRE VERDE¿Qué está cambiando?Por Magalí Rey Rosa

VENTANASotz’ilPor Rita MaríaRoesch

COLABORACIÓNVulnerabilidad políticaPor José Miguel Argueta
A escasamente un mes de haber asumido el poder político, el gobierno del presidente Colom enfrenta retos sobre las propuestas políticas de su campaña. Las acciones que emprende encuentran escepticismo en muchos actores sociales, porque han sido traicionados una y otra vez los principios de la vida civilizada, por tantos “prometedores chapines”.
No existen fuerzas mágicas en ningún gobernante para cambiar la degradación social y encaminar a la población a la vida civilizada. Todos los movimientos que reaccionan a las acciones de Estado son resultado de la falta de confianza en las acciones propositivas encaminadas sobre principios de recto comportamiento. La reconstrucción social democrática parte del cambio que, sin constituir una ingeniería de la sociedad guatemalteca, pretende enfrentar los problemas de la desigualdad social.
La primera duda sería establecer si los cambios que propone el actual gobierno socialdemócrata son permanentes o son una más de las modas políticas de los de turno. Se vuelve inevitable la pregunta sobre el gabinete político en su conjunto: ¿los funcionarios estarán comprometidos con ese sistema económico y político que pretende mejorar la vida social?
A pesar de que los chapines están inmersos en su vida cotidiana para llevar de un modo u otro el sustento a su hogar, no son ingenuos, saben exactamente qué propuestas caen dentro de la utopía y cuáles en lo medianamente alcanzable.
La segunda duda al planteamiento socialdemócrata radica en la posibilidad de profetizar con una serie de “guías intelectuales” del Gobierno las acciones que garantizan la prosperidad del país. La influencia de ideas contrarias a la vida civilizada puede traer enormes consecuencias negativas a las tareas cotidianas de la vida social.
La tercera duda es si el uso de la razón en las acciones políticas puede lograr resultados sin recurrir a la violencia, o que tornen escépticos y pesimistas a todos aquellos que diariamente se esfuerzan por encaminar y difundir las ideas que propician en la nación una vida civilizada. Ninguno de los guatemaltecos comprometidos con Guatemala queremos que se disminuya un ápice de nuestras responsabilidades. Por el contrario, nos interesa que esos “males sociales” no sean resultado de la tiranía arbitraria de un presidente bienintencionado.
Entiendo que siempre hay fuerzas personales que influyen en la vida de cualquier gobierno del mundo. Sin embargo, la prioridad básica es resolver esos problemas de la vida social, que no orillen a cada chapín a someterse y dejarse llevar por ese río de aguas negras de la descomposición social.
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