Guatemala, 21 de julio de 2008
Instalan centros dinámicos de descubrimiento y diversión en comunidades, gracias a la Fundación Riecken y al trabajo de los pobladores.
Fundación Riecken En las bibliotecas comunitarias se estimula el desarrollo de capacidades intelectuales
Por lucía herrera
Desde el 2002, diferentes zonas rurales del occidente del país tienen acceso a la información y se benefician con los recursos educativos que presta una biblioteca equipada con libros de calidad y nueva tecnología, debido a la organización de los pobladores de las comunidades y al apoyo de la Fundación estadounidense Riecken.
La iniciativa de formar estas bibliotecas surgió por el trabajo de Allen Andersson como voluntario del Cuerpo de Paz en Honduras en la década de 1960. Se concretó años más tarde, después del huracán Mitch, en 1998, cuando él observó a distancia la respuesta para las víctimas del desastre y notó varios retos socio-económicos y geográficos que habían para satisfacer las necesidades de los afectados.
Entonces reflexionó sobre cuál sería el “producto” o “elemento” que podría beneficiar a la región y llegó a la conclusión de que las bibliotecas y la habilidad para acceder a la información serían un vehículo muy útil. Así, narra esta experiencia Paul Guggenheim, director nacional de la Fundación Riecken, formada por Andersson.
Con esa inquietud surgieron las primeras bibliotecas en Honduras. Luego, se eligió a Guatemala para continuar el proyecto “por ser un país con muchas fortalezas sociales, culturales y ambientales, y por tener un gran potencial económico para explotar”, agrega Guggenheim.
Aunque el proyecto inició en el 2001, la primera biblioteca que se abrió aquí fue en el 2002, en La Libertad, Morales, Izabal. Luego se instituyeron en Chiché, El Quiché; San Juan La Laguna, Sololá; Zacualpa, Quiché; Río Blanco, San Marcos; San Juan Chamelco, Alta Verapaz; Cabricán y San Carlos Sija, de Quetzaltenango. En construcción están Huitán, Quetzaltenango, y Xolsacmaljá, Totonicapán. Además, en Antigua Guatemala se imparten talleres para niños en la Biblioteca Modelo.
La formación de cada uno de estos centros documentales se hace en conjunto con la comunidad. Para que la Fundación colabore, los habitantes del área tienen que formar, previamente, un comité de tres a cinco personas representativas de varios sectores. Además, deben contar con un terreno para construir o modificar un edificio con un espacio mínimo de 150 metros cuadrados, garantizar el salario de los bibliotecarios, y los gastos continuos de operación y mantenimiento. Cuando la comunidad logra reunir estos requisitos, en su mayoría con apoyo de las municipalidades, la Fundación sigue adelante con el proyecto.
En las bibliotecas que instala la Red Riecken no solo se pueden encontrar libros, sino también son centros dinámicos y transparentes de descubrimiento y diversión, en los cuales niños, jóvenes y adultos pueden adquirir nuevas habilidades, formar una conciencia crítica y fomentar la creatividad.
“En estos centros, se puede leer una novela o llevarla en préstamo, asistir a un taller técnico, hacer investigaciones, disfrutar de cuentos infantiles contados por cuentacuentos, participar de una sesión de estimulación temprana en la lectura, participar en el grupo juvenil para desarrollar valores y habilidades de liderazgo, armar rompecabezas, ver videos educativos, encontrar amigos, jugar en computadoras o explorar en Internet, tomar fotos digitales, o bien realizar reuniones comunitarias, todo esto de forma gratuita y sin restricciones de edad, género o condición social”, dice Guggenheim.
Las bibliotecas son manejadas por un equipo de personas de la comunidad que incluye al director local, los bibliotecarios, la junta directiva, el grupo de apoyo y otros voluntarios. La Fundación apoya a través de capacitación especializada y constante en la programación y administración.
El material y libros con que cuenta cada biblioteca es proporcionado por la Fundación. Ésta otorga una colección de mil libros escogidos, en especial, por su contenido, calidad, y relevancia para la región. “Se asegura que haya un balance entre libros infantiles, novelas, referencia, auto-ayuda, clásicos y nuevos, etc. En la actualidad, estas entidades cuentan con bibliografía en cinco idiomas mayas. Todos los textos son nuevos, no buscamos donaciones de libros usados”, agrega el director nacional.
Hasta la fecha, en las comunidades donde se han implementado estas bibliotecas la respuesta de los pobladores ha sido positiva. Son visitadas a diario por un promedio de cien personas, que aprovechan los recursos que ofrece cada centro. “Hemos enfrentado retos con las comunidades, y la Fundación ha aprendido mucho sobre cómo asegurar un proceso participativo y pertinente con la realidad de las comunidades”, comenta Guggenheim.
Ahora que se acerca la Feria Internacional del Libro (Filgua), para estas bibliotecas comunitarias ha sido una gran motivación, pues ven en ella la oportunidad de incrementar sus colecciones. “Todas las comunidades de la Red estarán participando, los equipos han reunido fondos para comprar nuevos libros en Filgua. Ante la iniciativa, la Fundación aportará una cantidad igual a la que cada comunidad reúna. A la vez, la Fundación aprovechará la Feria para adquirir libros para las dos bibliotecas que están en construcción”, agrega.
Aunque los fondos con los que trabajan, en su mayoría, son aportados por el empresario Allen Anderssen, han recibido apoyo de la Fundación Milagros de Amor, el Club Rotarios de Palo Alto C. A., Microsoft, Adesca y la Embajada de Estados Unidos, entre otros.
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