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Guatemala, 15 de mayo de 2008

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El periodismo del mundo entero, en especial Prensa Libre, de Guatemala, está de luto por el vil asesinato de Jorge Mérida Pérez, corresponsal en Coatepeque de este periódico desde hace dos años. Otra víctima más que cae por dar a conocer la verdad acerca del crimen organizado que tiene un poder incalculable en nuestra patria. Un héroe, un mártir, un periodista ejemplar. “El asesinato de periodistas ocurre en sociedades con ilegalidad, impunidad y violencia desatada”, afirma Mario Antonio Sandoval, en su columna “Catalejo” del 12/05/08. Periódicos y periodistas, así como organizaciones de los derechos humanos, han condenado tan horrendo crimen, cometido cuando Mérida estaba escribiendo en su computadora. Recibió cuatro impactos de bala en el rostro. Pensar que existe gente tan malvada y capaz de cometer semejantes asesinatos es algo que aterroriza. Sobre todo, si el ser humano que es atacado lo único que persigue un fin noble, como es encontrar la verdad y divulgarla a través de la prensa. elPeriódico, en su editorial del 13/05/08, cita el principio número cuatro de la SIP: “El asesinato, el terrorismo, el secuestro, las presiones, la intimidación, la prisión injusta de los periodistas, la destrucción material de los medios de comunicación, la violencia de cualquier tipo y la impunidad de los agresores, coartan severamente la libertad de expresión y de prensa. Estos actos deben ser investigados con prontitud y sancionados con severidad”.

No cabe la menor duda de que estos crímenes provienen de criminales incrustados dentro de las altas esferas gubernamentales, lo que contribuye a que nunca se encuentren a los culpables. Dar con los autores materiales e intelectuales es todo un reto para la justicia guatemalteca que parece no funcionar. Algo que causa pavor. Sobre todo si observamos que este asesinato trata de intimidar a la Prensa y a la libre expresión de ideas en Guatemala.

En Prensa Libre del 13/5/08, sección Departamental, sale toda una página dedicada a Jorge Mérida. En ella se ven los familiares, periodistas organizaciones y amigos que despidieron al conocido reportero. “¡Jorge Mérida vive!”, gritaban en el cementerio general de Coatepeque, mientras eran inhumados sus restos. Múltiples voces de condena y dolor. Sobre todo para Jorge Luis Mérida, de 14 años, que ha quedado en la orfandad. Como homenaje póstumo, el cortejo fúnebre se inició en el parque central, acompañado de cientos de personas. Nutridos aplausos. Cinco ambulancias de los diversos cuerpos de socorro encabezaban el cortejo. Mariachis cantaban Las Golondrinas, la gente lo lloraba. Mario Antonio Sandoval, vicepresidente del Consejo de Administración de Prensa Libre, acudió al sepelio e insistió en que “las filas de la Prensa deben fortalecerse, para que ese asesinato no quede en la impunidad”: “Estoy aquí, en nombre de Prensa Libre, pero, sobre todo, vengo como periodista. Enterrar a un periodista es muy doloroso, sobre todo cuando su muerte es resultado de la intolerancia y de la poca comprensión, y es resultado de la maldad”. “Jorge era un servidor de Coatepeque y de Guatemala. Todos saben de su trayectoria en la Cruz Roja, en los bomberos, en el periodismo. Es un hombre de quien, Coatepeque, su familia y Jorge Luis (su hijo) pueden sentirse orgullosos”. Recordó, asimismo, algo muy verídico; si existen humanos malos, “los buenos somos más”.

“En Guatemala se cumple con la función periodística a un costo muy alto: la vida”, expuso Miguel Ángel Albizures en su columna de elPeriódico “Informar, derecho vulnerado” (13/05/08). Citó otros casos de periodistas víctimas del horror. Como columnista y escritora, no puedo dejar de sumarme a la condena por este vil asesinato, así como acompañar en su dolor a su familia, a Prensa Libre, al periodismo en general, así como a las personas allegadas a él. En Guatemala, como en la era de la guerra sucia, está siendo sumamente peligroso dar a conocer noticias y expresar ideas. Es como la espada de Damocles que nos amenaza a quienes nos atrevemos a escribir lo que quieren permanezca en la sombra.

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