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Marcell Maldonado, José Fabián (de pie), Amed Matheu y Nathalie Samayoa son los estudiantes de ingeniería química creadores de VulcAgro.

POR LUCY CALDERÓN

Para beneficiar al medio ambiente y la agricultura, un grupo de estudiantes de ingeniería química creó un abono orgánico que combina la potencia de la piedra volcánica con la riqueza nutritiva del humus producido por lombrices de tierra.

VulcAgro es el nombre de este producto con el que los jóvenes que cursan la citada carrera en el Tecnológico (TEC), de la Universidad Rafael Landívar. Obtuvieron el segundo lugar en la primera de las dos ferias de Ingeniería que se organizan cada año en esa casa de estudios superiores.

Entre los objetivos que persiguen los proyectos científicos que desarrollan los estudiantes para esa actividad, destacan la integración y puesta en práctica de los conocimientos teóricos recibidos en el aula, y que además de la fabricación de un producto original efectúen todo lo relacionado a su mercadeo, explica el ingeniero Fernando González, catedrático universitario.

“Estos muchachos fabricaron algo innovador: un abono orgánico que promueve las bondades de la roca ígnea (presentada de una forma manejable), a la cual le agregaron el humus o heces de las lombrices con el objetivo de beneficiar más a las plantas que lo reciban. Esta mezcla también tiene el potencial de regenerar suelos áridos, ya que por su consistencia terrosa permanece más tiempo en el suelo”, añade González.

Otras peculiaridades

Nathalie Samayoa, autora intelectual del proyecto, señala que durante las investigaciones y pruebas que ella y sus colegas efectuaron para determinar en qué porcentaje debían incluir los nutrimentos que una planta necesita para crecer, encontraron que los requerimientos de cada una son distintos.

Por lo tanto, los micronutrientes (hierro, cobre, boro y zinc) y macronutrientes (nitrógeno, fósforo y potasio, azufre y magnesio) tienen que ser balanceados para que el abono sea efectivo.

En el caso de VulcAgro, aunque su fórmula 50-50 (piedra ígnea y humus) puede utilizarse en la siembra de granos básicos, está indicado para cubrir específicamente los requerimientos de las leguminosas. De hecho fue en una planta de frijol donde comprobaron la efectividad y eficiencia del producto.

Cómo usarlo

Según explican los creadores de este abono, un cultivo solo necesita 25 centímetros cúbicos de éste al momento de la siembra, y dos semanas previo a la cosecha. Los nutrimentos que contiene pasan poco a poco a la planta, no de golpe como ocurre con los fertilizantes químicos.

La lluvia tampoco “lava” sus propiedades y a eso se debe su potencial regenerador. En el caso de que se quisiera tratar suelos áridos, a estos habría que añadirles una capa de abono y dejarlo actuar durante unos seis o 12 meses. También es factible hacer este proceso en los períodos de descanso que entre siembra y siembra les dan los agricultores a sus terrenos.

Sin embargo, la transición de un abono químico a uno orgánico tiene que hacerse de forma gradual, para que el suelo se adapte y no se pierda eficiencia productiva, dice González.

Para más información escribir al correo electrónico:

samplike@gmail.com

Tel. 5442-7685

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