El presidente Óscar Berger, en su última entrevista con este matutino
Por Hugo Alvarado
Tras la cena que ofreció ayer a las delegaciones invitadas, el presidente Óscar Berger entregará hoy el mando a su sucesor, Álvaro Colom, con la “cabeza bien alta y sin arrepentimientos”. Reconoce que hubo momentos duros y que se cometieron algunos errores; sin embargo, dice que nunca quiso “tirar la toalla” y que los cuatro años que estuvo al frente del país fueron “maravillosos”.
¿Qué le deja Óscar Berger a Guatemala?
Una democracia más fortalecida. Un ejemplo de ello fue la transición de mando. El gobierno de Álvaro Colom no tendrá que perder muchos meses en investigar qué es lo que se hace y con qué se cuenta.
¿Cómo ve el futuro de Guatemala con el nuevo gobierno?
Tengo optimismo en que esa ola de crecimiento en la economía que dejamos se convierta en mayores ingresos para los guatemaltecos. Van a encontrar instituciones más fortalecidas. Ahora podrán empezar a reducirse las desigualdades entre guatemaltecos, y creo que el Estado debe cumplir ese papel de atender a quienes tienen más necesidades y menos oportunidades.
¿Cree que es posible un gobierno socialdemócrata en Guatemala, como el que plantea Colom?
Hay que ver la definición de socialdemocracia. En dos palabras: es un gobierno que cobra muchos impuestos y que reparte muchos recursos a los más pobres. Ha funcionado en Europa, países con mucha cultura y con mucho civismo, pero no sé si pueda aplicarse en Guatemala. Para ello tenemos que ser mucho más transparentes, tener una legislación adecuada y certeza jurídica.
¿Tuvo que pagar usted deudas políticas?
No recuerdo exactamente si tuve que pagar deudas políticas. Hay que consensuar, sentarse con la oposición para alcanzar acuerdos. Fuimos muy criticados por un cafecito. (Al inicio de su mandato, Berger invitó a Efraín Ríos Montt a tomar café en la Casa Presidencial.)
Entonces, ¿por qué la presencia de tantos representantes del sector económico en su gabinete?
Queríamos ser muy buenos ejecutores, y lo hemos sido. Queríamos tener resultados positivos en la economía, en la recaudación y en la infraestructura. Pienso que eso no nos resta valor, y no me arrepiento de las acciones emprendidas. Queríamos actuar con resultados y avanzar en los programas.
¿Cómo fue gobernar sin mayoría en el Congreso?
Muy difícil. Soy el primer presidente que termina su período con un Congreso dividido. Somos el primer gobierno que trabajó con un Congreso muy plural, que cumplió con su tarea de fiscalizar, pero mantuvo una demanda fuerte hacia los funcionarios. Aun así, entregamos cuentas cabales.
¿Le preocupa que haya una cacería de brujas, sobre todo ahora que no tendrá la inmunidad que el Parlacen daba a los ex gobernantes?
No me preocupa ninguna cacería de brujas, no tenemos nada que esconder. Estamos a la orden de cualquier persona o institución que quiera información. No dudo de mis funcionarios y somos respetuoso de la ley.
¿Qué significó para usted ser presidente?
Fue un orgullo; creo que no hay un guatemalteco al que no le haya pasado por la mente ser presidente, y creo que se debe cultivar. Ojalá todos quisieran ser presidente. Pienso que somos una democracia muy joven; tiene que ir madurando y dando sus frutos.
¿Pasó por su cabeza alguna vez darle una patada a todo e irse a su casa?
No. Fueron cuatro años maravillosos para mí, a pesar de momentos complicados, pero los enfrentamos con mucha paciencia y calma para tomar las mejores decisiones. Para mí fue un honor haber servido a Guatemala y, sobre todo, retirarnos con la frente en alto.
Si existiera la reelección, ¿lo volvería a intentar?
Nunca me ha pasado por la mente.
¿Es Guatemala un mejor país, tras su gobierno?
Absolutamente, mejor. La economía creció casi un 6 por ciento, así como la tasa de tributación.
Pero los índices sociales no se pudieron mejorar.
Es difícil juzgar con los indicadores que tenemos. Sin embargo, la pobreza la redujimos en 5 por ciento.
¿Con qué presidente centroamericano tuvo mejor relación?
Hay mucha amistad con el presidente de El Salvador, Antonio Saca.
¿Cree que la visita de Hugo Chávez, presidente de Venezuela, afecte la imagen de Guatemala?
No, en absoluto. Él es bienvenido, y ojalá nos pueda contar de dónde le llegó la información de que aquí le iban a hacer algo. En Guatemala no le hacen nada a ningún presidente. Han venido muchos de la talle del presidente Vlamidir Putin, George W. Bush, y afortunadamente fueron visitas sin contratiempos.
¿Cuál es la agenda pendiente que dejó su gobierno?
Un país que está en vías de desarrollo requiere de un proceso. Un país sin seguridad no atrae inversión ni turismo. Son lamentables las muertes de guatemaltecos, y hay una lucha puntual de América Latina con el narcotráfico, las pandillas y el crimen organizado; temas sociales que antes no se tenían y ahora tienen mucha fuerza.
¿Cuál cree que fue su mayor error?
Cometimos muchos errores, como humanos que somos. Hubo muchos momentos difíciles, como la muerte de los diputados salvadoreños o el tema de la banca. Pero la Guatemala que dejamos es más solidaria, más influyente, y ese es el mejor legado de la administración Berger.
¿El mayor logro?
Es difícil puntualizar. En Educación, el haber entregado 60 mil computadoras a maestros, 10 mil en secundaria, lograr la cobertura total para los niños de primaria; mejor infraestructura, macroeconomía muy controlada, el tipo de cambio se mantuvo, certeza jurídica en inversiones...
¿Tiene más o menos amigos después de cuatro años?
Tengo los mismos de siempre.
¿Es difícil quitarse de la mente que no le llamarán más “presidente”?
No. Estoy contento, estoy empezando ya a organizar una pequeña oficina, mi secretaria continuará trabajando conmigo. Estamos viendo ya las actividades con Wendy, mi esposa, y organizando qué días vamos a estar en la costa y qué días en familia.