EDITORIAL

Año de cuatro elecciones antes de las elecciones

La ciudadanía debe exigir la idoneidad y la reconocida honorabilidad establecidas por la Constitución misma.

Finalizada la atronadora cohetería de las 18 horas del 1 de enero —y aunque para algunos hay un fin de semana extendido—, la inmensa mayoría del noble pueblo de Guatemala vuelve a madrugar hoy para buscarse la vida, el sustento, la sobrevivencia que la semana navideña había dejado en puntos suspensivos. Y así como hay años con conjunciones planetarias, este es el año de la confluencia de cuatro elecciones institucionales.  De segundo grado, las denominan, pero no hay nada secundario en ellas. De hecho, les llaman así porque no son definidas directamente por la ciudadanía en urnas, sino  por procesos de organismos, entidades y postuladoras. Según el modelo constitucional, este alambique buscaba asegurar cierta objetividad, cierto juicio colegiado, cierta certeza de transparencia.

Pero también madrugaron —desde hace semanas— las mafias, los corros politiqueros y los infaltables merolicos del tráfico de favores, que no son sino títeres amarrados con hilos  sucios, con pitas de influencias renegadas, con lazos lodosos tirados  desde los extremos de la polarización inducida o inducible. Sí, llegó el año de elegir otro Tribunal Supremo Electoral (TSE), otra Corte de Constitucionalidad (CC), otra cabeza de la Fiscalía General y jefatura del Ministerio Público (MP), otro titular de la Contraloría General de Cuentas (CGC).

Es un relevo institucional enorme que para ciertos grupos constituye un botín, pero que para la ciudadanía honrada es bastión de esperanzas de renovación, rendición de cuentas y consolidación del Estado de derecho. El primer recambio, del TSE, ya está en marcha, y la primera parada es en el Colegio de Abogados, que votará el próximo lunes, 5 de enero, para elegir un representante titular y uno suplente para la postuladora.

Este TSE organizará los comicios de 2027 y 2031. Hay cuatro planillas, cada una con sus afinidades; de hecho, hay rostros anodinos que son máscaras de patrocinadores. Algunas ya repartieron canastas, armaron convivios y solo les falta asar cerdos el 5 de enero como desplante final ante un proceso que debe ser serio, formal, de conciencia y no de francachela. A ver cuántos abogados responsables quedan. Se supone que hay más de 35 mil en el país, pero cuántos venden su voto por un chicharrón o unas viandas, está pendiente de verse.

Luego vendrá la definición de CC. La Corte Suprema de Justicia (CSJ), la Presidencia, el Congreso, la Universidad de San Carlos y el Colegio de Abogados nombran cada uno a un titular y un suplente. En la CSJ, a eso se debe la reyerta estéril de los actuales magistrados. Si son incapaces de elegir a un presidente, ¿lo serán de nombrar a dos nuevos representantes dignos? ¿Se pelean porque algunos quieren reelegir a alguien? ¿O porque quieren un asiento celestial como si fuera juego de sillas musicales? Lo mismo cabe decir de los otros electores en cuanto a cortejos, conveniencias y obediencias.

A continuación vendrá la definición titular en el MP, cuyo relevo debe ser en mayo. Otra postuladora que tendrá el ojo público encima y en la cual no debería haber nadie que quiera ser aspirante al cargo, para no ser “juez y parte”.  Finalmente, la definición en la CGC, una entidad que a veces denuncia y a veces calla, porque también ha quedado al alcance de hilos, pitas y lazos. Estas elecciones no deberían ser rondas de  lotería  donde se compran más cartones para tratar de ganar un baño plástico ni alfiles influyentes. Para evitar eso, la ciudadanía debe exigir la idoneidad y la reconocida honorabilidad establecidas por la Constitución misma.

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