Editorial

Icónico zafarrancho

El MP debería explicar cuál fue el motivo para tan inusitada celeridad.

En el edificio del ahora prácticamente ex Museo de Arte Colonial de Antigua Guatemala —en la antigua Universidad de San Carlos—, allanado súbitamente el 29 de diciembre del año pasado, aún se encuentran algunas monumentales, irremplazables e invaluables pinturas de Tomás de Merlo, el primer gran maestro del arte guatemalteco colonial, nacido en Antigua Guatemala. Entre ellas está Jesús ante Pilatos, en la cual el Salvador figura ante una discusión, representada con letreros en manos de todos los presentes en un viciado juicio. Todos se lavaban las manos. Por eso, tal escena parece el símil perfecto del operativo de marras, ejecutado en una extraña fecha. ¿Por qué sin previo aviso? ¿Por qué no unos días después?


Es bien sabido en medios periodísticos que la cola del año suele usarse para lanzar decisiones públicas controvertidas en las cuales nadie atina a reaccionar en plenas fiestas navideñas. No se sabe si por eso se eligió tal fecha para la emisión de la orden judicial. Lo cierto es que el desalojo puso al patrimonio en un riesgo aún mayor del que podría haber estado. Se invocó una denuncia del conservador de Antigua Guatemala, Javier Quiñónez, acerca de las supuestas condiciones de deterioro de pinturas y esculturas de la colección del museo. Antes de esto no había trascendido tal señalamiento o advertencia. Vale decir que el conservador lleva tres años en el cargo, el cual integra el Consejo de Protección de Antigua Guatemala, presidido por el alcalde de turno. ¿Por qué no encendió antes las alarmas?


El MP informó que las obras fueron embaladas debidamente, aunque en fotografías se ven camiones de mudanzas comunes y corrientes. Las autoridades de Cultura habrían apoyado en el traslado con personal especializado, pero en medio de la confusión, no fue sino hasta el 13 de enero que la ministra de Cultura, Liwy Grazioso, dio su versión de lo ocurrido, se quejó de la fecha tan rara para el operativo y pidió tiempo, a través de un amparo en la Corte de Constitucionalidad, para poder movilizar seis lienzos de gran formato, cuya manipulación inadecuada puede representar un riesgo de deterioro o pérdida. Hasta ahora, el patrimonio es la única víctima.


El Ministerio Público, como suele hacerlo, endilga la culpa a otros, sin explicar la razón por la cual este operativo se efectuó en esa fecha. La propia importancia del patrimonio invocado requería una operación especializada, con previas amonestaciones. La comuna antigüeña señala que el convenio de usufructo del inmueble fue violado, al utilizarse no solo para exhibición, sino para conferencias y otros actos. Desde los años en que se realizaba el Festival de Cultura Paiz, cuando el hoy alcalde aún era un imberbe, ya se efectuaban memorables actividades culturales con masiva asistencia, sin que esto representara daño al patrimonio ni menoscabo a la concesión.


Ahora, lo urgente es que la comuna aclare cuál será el destino del inmueble: si es para oficinas burocráticas, se confirmará el despropósito. El Ministerio de Cultura debe indicar la ruta a seguir para la conservación y puesta en valor de las joyas ya retiradas y de las que están pendientes de mudanza. El MP debería explicar cuál fue el motivo para tan inusitada celeridad. Pero es innegable que este zafarrancho es ícono de falta de criterio, negligencia y obtusos conflictos de intereses.

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