Editorial
Pulula mortal motoimpunidad
A estas alturas de la historia, con tantas muertes en carretera, lo que menos se necesita son personas que presuman irracionalidad al conducir cualquier automotor.
Randy Sabdiel, de 8 años, era un estudiante abanderado en su escuela de Momostenango. Soñaba con ser médico. Pero lo mató la imprudencia, la irresponsabilidad, la temeridad e indolencia ajenas. Falleció tras ser impactado por una motocicleta de alta cilindrada que derrapó a brutal velocidad en la curva que entronca con la entrada de Sumpango, Sacatepéquez. Otras cuatro personas quedaron gravemente lesionadas. Una conducta necia, por más que se repita, no deja de ser necedad. Y si ocasiona muertes, entraña dolo, aunque se tipifique como “homicidio culposo”, cuyas penas no solo son limitadas, sino conmutables.
El hecho causó indignación y repudio en pobladores del municipio y de comunidades a lo largo de la ruta Interamericana, que, por cierto, es la que mayor porcentaje de percances viales —de todo tipo de vehículos— tiene, según el informe 2025 del Observatorio Vial de la Dirección de Tránsito de la PNC. En video quedó grabado el paso del grupo de motociclistas, a toda velocidad. Era cuestión de tiempo para que ocurriera el infausto desenlace. Y si prosiguen estas conductas viales antisociales, será cuestión de tiempo para que suceda el siguiente.
No es cuestión de satanizar o estigmatizar los recorridos efectuados por motoclubes. Es una actividad que se puede realizar con protocolos internos de seguridad para el grupo y para quienes son ajenos al mismo. Lamentablemente existen motociclistas que hacen gala de insensatez y son un peligro para sí mismos y para los demás: zigzaguean, hacen “caballitos” y también carreras ilegales. No es el primer percance de su tipo, pero sí debería ser el que marque reacciones serias. Tristemente para Randy, las medidas llegarán tarde. Si es que acaso llegan.
De nuevo: no es el propósito de este escrito estigmatizar a quienes disfrutan de un paseo motorizado, actividad de locomoción lúdica que se lleva a cabo desde hace décadas. En condiciones de velocidad adecuada, equipamiento completo y conducta racional, es una forma de turismo aceptada y practicada en muchos países. El problema es la prepotencia con la que algunos motoristas se adueñan de las carreteras e ignoran todo reglamento vial. Cabe aclarar que este tipo de comportamiento no solo ocurre en esta ruta, sino en todo el país, en ciudades y pueblos, con otros agravantes: sin uso de casco, sin licencia, con vehículos en mal estado, con tres y cuatro personas en una sola moto, cruces de semáforo en rojo, rebases en curva y más barbaridades cometidas en casi total impunidad.
La Ley de Tránsito es obsoleta y no permite sancionar con el retiro temporal o permanente de licencia a los conductores infractores, de todo tipo de vehículos. De los más de 13 mil 800 incidentes de tránsito registrados durante el 2025, la mitad involucró a al menos una motocicleta.
El club al cual pertenecía el conductor, quien se dio a la fuga, publicó un comunicado en redes sociales lamentando el suceso. No menciona nada de quién o quiénes le ayudaron a escapar, una acción que entraña tipificación legal. El grupo se ufana de llamarse “Enajenados” y existe desde hace varios años. No se puede culpar a todo el colectivo, pero quizá deberían analizar su nombre para empezar. Según el diccionario, “enajenado” es “una persona que ha perdido la razón, de una manera permanente o transitoria”, con los sinónimos siguientes: demente, perturbado, lunático, orate, insano. Y a estas alturas de la historia, con tantas muertes en carretera, lo que menos se necesita son personas que presuman irracionalidad al conducir cualquier automotor.