EDITORIAL
Contradicciones y bochornos legislativos
Se confirma que de un lado hay falta de inteligencia política y del otro hay falta total de respeto al Pueblo de Guatemala.
Lamentable el espectáculo escenificado ayer en el Congreso de la República a causa de la cerrazón, los pactos que excluyen el interés de la ciudadanía y las conductas infantiles de un buen número de diputados. Integrantes del bloque oficialista monopolizaron durante horas el uso de la palabra en una secuencia de intervenciones anodinas, repletas de invocaciones legales y constitucionales, con el obvio fin de dar tiempo a cerrar negociaciones que finalmente no cuajaron. Del otro lado, una coalición cuyo núcleo está en el anterior oficialismo se relamía por consumar la repetición de período de dos magistrados de la Corte de Constitucionalidad.
Lo contradictorio para la bancada oficialista, que también ya había negociado votos para sus respectivos favoritos, es que para bloquear la sesión —ordenada por la Corte de Constitucionalidad la noche del miércoles— utilizaron las mismas prácticas implementadas por aquellos a los que tanto criticaron. La ciudadanía no es ingenua, sabe y recuerda que la anterior alianza oficialista, a través de sus directivas, limitaba o bloqueaba de plano el uso de la palabra, extendía sesiones para aprobar con nocturnidad los asuntos de su interés y se comportaba de manera intolerante hacia los reclamos de los opositores.
Tal era la denuncia del otrora bloque Semilla, que despotricaba contra las prácticas que tanto cuestionó, pero que ha hecho suyas desde el inicio de esta legislatura, en la cual ha logrado transar apoyos con otros bloques minoritarios y disidencias. Esto llevó a la integración de la actual directiva, variopinta, bipolar y amarrada con sibaque de intereses. El colmo fue que también se observó en la calle a grupos de choque, supuestamente alentados por la alianza oficial.
El telón legal de fondo de la plenaria de ayer fue el amparo provisional que la Corte de Constitucionalidad —que ya tiene dos magistradas reelectas por la Corte Suprema de Justicia— emitió, a solicitud de un diputado a quien esa misma CC habría liberado de un caso judicial. Y como favor con amor se paga, interpuso esa acción para que por fin se iniciara la plenaria que el martes ni siquiera logró comenzar, a causa de las pugnas bipolares.
Lo llamativo es cómo en pocas horas, sin requerir mayor información, la CC otorgó el amparo. Es evidente que se debía correr antes de que se enfriara ese tamal que ya estaba cocido en secreto, lejos del ojo público. La contradicción está en que esa misma CC otorgó plazo de días al Congreso y a la postuladora para rendir un informe sobre el procedimiento de selección de 20 aspirantes. Peor aún, no lo ha resuelto y debería hacerlo de forma inminente, porque hasta ahora también se están comportando como los díscolos diputados del anterior y el actual oficialismo.
El sainete que mejor exhibió la desfachatez de diputados actuales fue esa trifulca bochornosa en la tribuna del hemiciclo. Más parecía un zafarrancho de una chamusca barreña, y ni siquiera en estas se exhibe tal actitud. Se supone que allí están los representantes de la ciudadanía, pero solo se supone. Se confirma que de un lado hay falta de inteligencia política y del otro hay falta total de respeto al Pueblo de Guatemala, propietario de ese inmueble y dueño de la soberanía que tantos de ellos enarbolan cuando les conviene. La CC emitió una orden que en todos los casos debía cumplirse, pero los oficialistas no tienen los votos necesarios para quitarle fuerza a sus opositores o lograr la elección de otra propuesta, pues lo vendieron todo en el presupuesto y la directiva; los opositores confían en que el acuerdo siga vivo.