EDITORIAL

Revertir chambonada educativa perecista

La cantidad de maestros egresados se ha desplomado.

Múltiples fraudes, afrentas y desatinos dejó el gobierno del binomio Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, electos con el extinto y nefasto partido “Patriota”, que comenzó el 14 de enero del 2012 y finalizó abruptamente con la renuncia del mandatario el 2 de septiembre del 2015, tras haber salido a relucir el escándalo de defraudación tributaria La Línea. Infausto resulta recordar tan lesivo período pletórico de despropósitos, desfachateces y zalamerías de adláteres.

Pero existe uno de esos desatinos —uno por demás insensato, despótico y dañino— que siguió andando sin cabeza, sin rumbo y estorbando vocaciones docentes por más de una década: la “reforma” que eliminó la carrera de magisterio en el nivel diversificado y la dejó como un bachillerato anodino, con una supuesta continuidad en nivel universitario que nunca llegó a concretarse a causa de la improvisación con que se montó aquel parche, las dificultades económicas de muchos estudiantes y hasta los privilegios de un sindicato magisterial que no contrataba a los egresados universitarios para dar cabida a allegados.

“Los decanos están discutiendo el tipo de carga académica que se le puede dar a la carrera docente”, decía en octubre del 2012 la entonces ministra de Educación, Cynthia del Águila, apenas tres meses antes del inicio de aquel experimento, que se implementó a partir del 2013. Había toda una serie de incógnitas pendientes de definir, pero aun así se echó a andar el bachillerato en educación y el convenio del Gobierno con la Universidad de San Carlos, el cual estipulaba que para el 2014 ya se había fijado un pénsum y para el 2015 el programa de formación en todo el país tendría aporte del Ejecutivo. Y ya sabemos lo que pasó en el 2015.

La cantidad de maestros egresados se ha desplomado y, si bien hubo docentes de primaria graduados de universidad, sus perfiles no recibían ninguna preferencia a la hora de las contrataciones, porque desde aquel mismo gobierno del Partido Patriota y los dos siguientes prosiguieron los pactos con el sindicato jovielista, al cual no le interesaba ni le interesa la mejora educativa del país. Basta ver la huelga del año pasado y el incumplimiento de las multas impuestas.

Hace un mes, el Ministerio de Educación decidió derogar la chambonada del gobierno de Pérez, para retomar la formación docente a través de escuelas normales, bajo un nuevo programa de cuatro años regido por la propia cartera. Y es que la falta de un relevo generacional de maestros ya hace crisis en el sector público y privado. Ello por no mencionar la transformación tecnológica, que demanda nuevas  habilidades, capacidades de adaptación e integración de recursos en la labor de enseñanza-aprendizaje, que es a la vez un aprendizaje constante para la enseñanza.

Es cierto, hacia el 2012 la carrera de magisterio era el llamado a un apostolado para la formación de mentes, habilidades y aptitudes; pero para ciertos planteles de garaje era solo un negocio. La rectoría del Mineduc debe reforzarse para que trascienda a las actuales autoridades y que no se convierta, en futuros gobiernos, en una agencia clientelista. Se anunciaron oportunidades de contratación casi inmediata para aquellos alumnos que superen cierto promedio, pero tales ponderaciones deben tener un registro digitalizado de perfiles y códigos para atajar cualquier intento de fraude. El costo de la improvisación perezista es de casi 14 años adicionales de rezago, es como el Odebrecth de la educación, solo que este se ha pagado con intelectos perdidos.

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