Ciencia

¿Qué significa volver a la Luna? La visión de una astrobióloga guatemalteca sobre Artemis II

La guatemalteca Luisa Fernanda Cordova-Burmester con estudios en astrobióloga, escritora y maestra hace una reflexión de la misión Artemis II, además de contar sobre su vida dedicada a la ciencia.

La misión Artemis II ha hecho historia con el lanzamiento exitoso el 1 de abril de 2026.  (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL/AFP))

La misión Artemis II ha hecho historia con el lanzamiento exitoso el 1 de abril de 2026. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL/AFP))

Su cuna es Antigua Guatemala y, desde ahí, Luisa Fernanda Cordova-Burmester destaca. Es educadora, divulgadora científica, escritora y gestora cultural con una trayectoria interdisciplinaria que integra ciencia, humanidades y formación integral. En sus redes sociales comparte una reflexión sobre la importancia de la misión Artemis II que el 1 de abril ha hecho historia.

"Retornar a la Luna no es un acto de conquista, sino de reconciliación con nuestra naturaleza exploradora. Como sugería Hannah Arendt (filósofa e historiadora estadounidense) al reflexionar sobre la condición humana en la era espacial, el ascenso hacia lo supralunar (región del cosmos situada más allá de la Luna) nos obliga a observar nuestra propia existencia desde la distancia —una perspectiva que, paradójicamente, nos permite comprender mejor la fragilidad de nuestra "casa común"", expresa en sus redes sociales la divulgadora científica.


"El despegue representa el despliegue del Homo technologicus buscando un nuevo umbral. Ya no es solo la curiosidad la que nos impulsa, sino la necesidad de expandir el horizonte de nuestra arquitectura vital. La Luna es, en este sentido, el primer peldaño hacia la comprensión de una existencia multiplanetaria, donde la sostenibilidad y la ética deberán regir nuestras futuras incursiones", expresa.


También hace la pregunta si ¿es este regreso el principio de una migración existencial o un recordatorio de nuestra ineludible vinculación con la Tierra? "La pregunta no es qué encontraremos allí, sino cómo cambiará nuestra percepción de nosotros mismos cuando volvamos a posar nuestra mirada, no hacia arriba, sino desde arriba hacia el azul profundo de nuestro origen", expresa.


Cordova Burmester es la primera persona certificada en Astrobiología en Centroamérica, del Diplomado en Astrobiología en el Instituto de Investigación de Ciencias de la Tierra y Astronomía (Iastra), de la Universidad Galileo.

Además comparte en este artículo parte de su historia y su vida:

¿En qué momento se empieza a interesar por la ciencia y las artes?


Desde muy pequeña. En el caso de la ciencia, mi madre tenía mucho interés en lo desconocido. Era dueña de un colegio, así que teníamos una biblioteca extensa, además de sus propios libros: ciencia ficción, seudociencia y ciencia. Al ser hija única, una de mis principales distracciones era tomar libros de los estantes y explorarlos.
En cuanto al arte, desde muy pequeña me di cuenta de que me gustaba hacer rimas. Tendría unos 8 o 9 años cuando empecé a escribir en mis cuadernos. Luego pasé de las rimas a construir ideas más completas; empecé a explorar la poesía, a entender qué era un soneto y a ejercitarme en ello.
Así fui desarrollando mi interés por la literatura, mientras que la ciencia —especialmente, las ciencias espaciales— también me atrapaba profundamente.

En el ámbito de la ciencia, admiro mucho la forma en que Carl Sagan mezclaba ciencia, poesía y filosofía. Algo similar ocurre con Michio Kaku, quien, a pesar de su lenguaje técnico, también lleva la ciencia hacia reflexiones profundas sobre la existencia. Actualmente, estoy muy enfocada en libros de ciencia, pero sigo abierta a todo lo que ha formado mi camino.


La guatemalteca Luisa Fernando Cordova-Burmester lleva el arte y la ciencia a diferentes espacios. (Foto Prensa Libre: cortesía Luis Fernanda Cordova-Burmester)

Usted es “trekkie” —persona fanática o seguidora de la franquicia de ciencia ficción “Star Trek”, conocida inicialmente en español como “Viaje a las estrellas”—. ¿Influyó eso en su interés por la ciencia?

Definitivamente. Muchas personas no lo dicen, pero nuestros referentes de infancia influyen en cómo imaginamos el futuro. La franquicia de ciencia ficción Star Trek, creada por Gene Roddenberry, planteaba una visión de sociedad distinta, donde el valor no está en el dinero o el poder, sino en el desarrollo integral del ser humano.
Esa visión marcó mi forma de ver la vida y el futuro. En Guatemala, muchas veces la ciencia no se percibe como una necesidad, pero cuando uno busca ser feliz y seguir su vocación, debe apostar por lo que le apasiona. Hoy, gracias a la tecnología, tenemos acceso inmediato a libros, ensayos y conocimiento, lo cual facilita ese camino.

Mi interés por el macrocosmos y el microcosmos, y las analogías entre ambos, me llevaron naturalmente de la astronomía hacia la astrobiología.

¿Cómo llega a la astrobiología?

A través del grupo de Star Trek Guatemala conocí al doctor Alfredo Samayoa. Él, junto con el ingeniero Castro Batres, impulsó diplomados en la Universidad Galileo: astrofísica, astronomía, manejo de telescopios y astrobiología.

Cuando me enteré, sentí que era la oportunidad de mi vida. Me inscribí en el 2023, en un formato virtual que facilitó mucho el acceso. Éramos cuatro estudiantes y solo dos nos graduamos: un compañero uruguayo y yo. Actualmente, soy la única persona graduada en Astrobiología en Centroamérica.

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Esta es una ciencia nueva que estudia el origen, evolución y desarrollo de la vida en el universo, no solo en la Tierra. Analiza ambientes extremos y utiliza múltiples disciplinas: astronomía, biología, química, genética, física, geología, entre muchas otras.

Es una ciencia integral que requiere tiempo, compromiso y mucha pasión.

¿Qué desafíos ha encontrado al promover el pensamiento científico en espacios culturales como los de La Antigua Guatemala?

Hemos tenido la bendición de que se nos han abierto espacios para dar charlas una vez al mes en el Centro Cultural de Antigua Guatemala. Esto nos hace sentir emocionados y, desde octubre, estamos con este proyecto.

Otro de los grandes retos es que nuestra publicidad es limitada y en Antigua Guatemala hay muchos eventos, por lo que es difícil posicionarse; sin embargo, diferentes amigos e instituciones nos apoyan en la divulgación.


Deberíamos venir a ser felices y a convivir en paz. Somos el universo mismo expresándose. La ciencia es un laboratorio de pensamiento crítico.

Vemos que los mayas eran fantásticos astrónomos y matemáticos; tenemos una historia privilegiada a nivel mundial y se nos ha olvidado. Nuestros niños no tienen cómo manejar la ciencia a su favor porque su cultura se los negó. Entre más llevemos la ciencia a los demás, más nos acercamos a cambiar nuestra realidad.

Usted también es divulgadora científica en redes sociales. ¿Por qué considera importante llevar la ciencia a plataformas digitales y a públicos no especializados?

Para mí es fundamental por varias razones. La primera es que la ciencia nos da perspectiva como especie. Basta con detenernos en el ensayo de Carl Sagan The Pale Blue Dot, que plantea una de las reflexiones más poderosas sobre nuestro lugar en el universo.

La astronomía, en particular, tiene la capacidad de generar humildad. Cuando entendemos —o intentamos entender— la escala del universo observable, comprendemos que nuestro planeta es apenas una pequeña mota azul en una inmensidad abrumadora.

Y en esa vastedad, muchas de nuestras preocupaciones humanas —los conflictos, las fronteras, las rivalidades— pierden sentido. Se revelan, en gran medida, como construcciones que resultan insignificantes frente a la magnitud del cosmos.

Por eso es tan importante llevar la ciencia a más personas: porque no solo informa, sino también transforma la manera en que nos vemos a nosotros mismos y al mundo.

Se caerían los castillos de la soberbia humana y empezaríamos a vernos como lo que somos: una especie, una familia. Y no solo entre humanos, sino como parte de un conjunto mayor de seres vivos. Comenzaríamos a reconocer el milagro de la vida en toda su dimensión. Hasta donde sabemos, somos una anomalía en el universo.

Para que la vida exista, tuvieron que coincidir condiciones extraordinariamente específicas: un equilibrio preciso, casi como un engranaje perfectamente afinado. Fue necesario un proceso complejo para que la materia —la misma materia prima del universo— diera el salto hacia lo vivo.

Desde las primeras formas, cada etapa implicó una transformación profundamente improbable. Incluso, antes de eso, el simple hecho de que los elementos se organizaran hasta convertirse en vida es, en sí mismo, algo extraordinario.

Si una niña guatemalteca quisiera dedicarse a estudiar el universo, ¿qué le diría sobre ese camino?

Le diría que lo tome porque genera riqueza existencial y se va a reflejar en nuestras sociedades; que los niños y niñas se dediquen a la ciencia hace que seamos mejores personas.
Solo con ver arriba podemos empezar a curiosear la vida del universo.

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¿Cómo ha impactado esto en su trabajo con niños como maestra?

Siempre he creído que un docente debe predicar con el ejemplo. La formación constante es clave. Cuando enseñas algo que realmente te apasiona, puedes transmitir ese entusiasmo.


He llevado charlas, materiales y experiencias a niños; incluso han interactuado con expertos internacionales. El impacto ha sido muy positivo: se interesan, preguntan y se inspiran.

En su fceta de maestra la guatemalteca Luisa Fernanda Cordova-Burmester. (Foto Prensa Libre: cortesía Luisa Fernanda Córdova-Burmester)

Hablemos de su faceta como escritora.

Mi primer libro fue una publicación privada gracias a mi madre. Ella tomó una selección de mis textos y los convirtió en un libro.

Después, fui encontrando espacios en revistas y editoriales. Publicar en Guatemala es complicado, pero he logrado participar en antologías, revistas y convocatorias internacionales.

Mis textos han sido publicados en distintos lugares, incluyendo Argentina y el Caribe.

ESCRITO POR:

Ingrid Reyes

Periodista de Prensa Libre especializada en periodismo de bienestar y cultura, con 18 años de experiencia. Premio Periodista Cultural 2023 por el Seminario de Cultura Mexicana y premio ESET región centroamericana al Periodismo en Seguridad Informática 2021.