Petén, en la mira del fuego: el más vulnerable a incendios forestales
Más de 111 mil hectáreas han sido dañadas en los últimos años. ¿Qué está provocando esta crisis ambiental?
En cada temporada de incendios, Petén se convierte en el departamento más vulnerable, al consumirse cientos de hectáreas de bosque. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
De las 3.6 millones de hectáreas de bosque que hay en el país, Petén concentra 1.6 millones —el 45%—. Para dimensionar mejor esa extensión de terreno: es ocho veces el departamento de Guatemala cubierto de árboles y vegetación.
Pero cada año esa riqueza natural es amenazada por los incendios. Entre el 2020 y el 2025, las llamas dañaron 111 mil 512.4 hectáreas de la cobertura forestal petenera, según informe histórico del Instituto Nacional de Bosques (INAB). Dicha afectación equivale a 2.4 veces el departamento de Sacatepéquez o más de la mitad del departamento de Guatemala.
Rolando Vinicio Rodríguez Sosa, jefe del Departamento de Protección Forestal del INAB, señala que las invasiones, la tala ilícita para crear pistas clandestinas y potreros y el uso del suelo para cultivos representan un riesgo en el área boscosa, pues para limpiar los terrenos las personas utilizan fuego, que con un descuido puede incendiar los bosques.
Agrega que nueve de cada 10 siniestros que se registran en el país son provocados, ya sea de manera intencional o accidental. En este último caso se trata de quemas agrícolas sin control o de basura, lo cual es usual en las áreas rurales al no contar con un manejo adecuado de los desechos. Así, lo que comienza como una fogata se extiende y se convierte en un incendio forestal.
Comportamiento de los incendios
De acuerdo con Rodríguez Sosa, cada año la temporada de incendios en el territorio nacional suele iniciar en el departamento de Guatemala, principalmente porque las personas utilizan fuego en terrenos llenos de maleza como mecanismo de limpieza e iniciar una construcción, así como para eliminar basureros clandestinos o plagas, como ratas.
“El problema es que esos fuegos se convierten en incendios sin control fuera de cobertura forestal; pero en algún momento pueden llegar al bosque o afectar una estructura, como una vivienda”, indica.
Con cada temporada se ha identificado el comportamiento de los incendios: lo que comienza en la capital luego se extiende al suroriente del país, donde están los combustibles más finos y secos, como pastizales, que por la falta de lluvia son más susceptibles a quemarse.
Luego el fenómeno se extiende al altiplano central y se encamina al occidente, hasta llegar a la parte norte, donde están las Verapaces y Petén.
Dicho comportamiento se puede observar con el reporte de incendios de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) de la temporada 2026. De los 878 incendios registrados desde el 1 de enero hasta el 6 de abril, el departamento de Guatemala es el más afectado, con 143 siniestros.
Por ahora, Petén no presenta mayor daño, pues el terreno aún guarda humedad. Sin embargo, Rodríguez Sosa explica que, conforme transcurran abril y mayo, las condiciones serán distintas, y es en junio cuando el bosque petenero suele ser más vulnerable a los siniestros. En cuestión de semanas, el departamento encabeza la lista de los más afectados por el fuego.
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Daño a ecosistemas
Hasta el 6 de abril, el INAB contabilizaba 6 mil 824.9 hectáreas dañadas, y los departamentos más afectados son Baja Verapaz, Jutiapa, Jalapa y Quiché, que acumulan 3 mil 899.7 hectáreas, lo que representa el 57% del total reportado. Mientras que Petén, en el mismo período, tenía 43 hectáreas afectadas por el fuego.
Conforme el calor aumente en el país, los incendios forestales serán más recurrentes en la selva petenera, y la amenaza a la biodiversidad es una consecuencia cuya recuperación puede tardar décadas.
Rodríguez Sosa indica que varios factores influyen en el proceso, como el tipo de ecosistema afectado y la severidad del daño.
Agrega que en Guatemala hay alrededor de seis tipos de ecosistemas. Algunos son dependientes del fuego, como el que se encuentra en el altiplano central. Esto significa que el fuego los afecta y son los que más se queman; sin embargo, al poco tiempo, cuando caen las lluvias, se recuperan, porque las especies allí presentes se han adaptado a estas condiciones.
Pero no sucede lo mismo con el ecosistema manglar, que es altamente susceptible al fuego, por lo que la afectación es más severa y el tiempo de recuperación más extenso.
La recuperación de estos espacios también dependerá de si es asistida o natural. En la primera hay intervención del ser humano; en la segunda depende de la propia naturaleza.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), los incendios afectan la fauna silvestre. Los primeros perjudicados son los pichones o crías de aves que anidan en los árboles, al no tener la capacidad de volar para escapar. Los anfibios y reptiles también sufren, al no poder movilizarse a la misma velocidad de las llamas.
En Petén hay animales emblemáticos como el jaguar, la danta y la guacamaya roja, cuya población es escasa; sin embargo, hay otras especies que mueren o pierden su hábitat —nido, alimento y refugio— por efecto del fuego.
Resulta difícil determinar cuántas especies animales resultan perjudicadas en un siniestro, pues, según el Conap, las llamas no dejan rastro.
La temporada de incendios del 2024 ha sido la más perjudicial para la biodiversidad en Petén. El registro del INAB señala que ese año se afectaron 49 mil 279 hectáreas. De cerca le sigue la del 2020, cuando se dañaron 48 mil 772.

