Editorial
Vía alternativa Xochi traerá impacto positivo
Muchos viajeros guatemaltecos y centroamericanos camino a los parques del Irtra, en Retalhuleu, encontrarán en esta ruta de peaje una alternativa funcional.
Si hoy se decidiera construir la carretera al Atlántico, con sus 300 kilómetros, desde la capital hasta Puerto Barrios, con todos los cortes de montañas, apertura de brechas, pavimentado e instalación de puentes, ¿cuánto tiempo llevaría? ¿y cuánto costaría? La pregunta es retórica, pues a la sombra de las parsimonias, las negligencias, las incapacidades y la abyecta corrupción, sería muy difícil dar una fecha realista e incluso se dudaría de la posibilidad de lograrlo. Como respuesta ilustrativa, la ejecución de dicha obra estratégica tuvo lugar en ocho años —se comenzaron trabajos en 1951 y se inauguró en 1959—, a un costo de Q44 millones, según lo publicó Prensa Libre en su momento.
El artículo 119 constitucional establece como obligación del Estado “promover el desarrollo económico de la Nación, impulsando la construcción y mejora de la infraestructura necesaria para la integración del país”. Ello abarca no solo carreteras, pero estas figuran entre lo imprescindible para la vida cotidiana, la productividad y la competitividad.
Por eso mismo son tan dañinas, indignantes y crecientemente costosas las chambonadas burocráticas y los amaños que han agravado el estado de la red vial del país a lo largo de dos décadas, que han impedido la construcción de grandes rutas estratégicas. En chapuces y minucias se van tiempo y recursos. Basta ver el chanchullo de Odebrecht, el bodrio del libramiento de Chimaltenango o los proyectos inconclusos —pero con millonarios adelantos— legados por el anterior oficialismo. El actual gobierno tampoco se salva del reproche: el paso entre Retalhuleu y Quetzaltenango lleva 10 meses de calvario. Se ha anunciado la apertura del tramo para junio, pero dados los antecedentes…
Ese mismo abandono continuado y el desorden territorial de múltiples comunas ha convertido la CA-2 Sur, sobre todo entre Escuintla y México, en una secuencia de cuellos de botella agobiantes, con pérdida de combustible, de tiempo y paciencia para todos. Por eso constituye una noticia verdaderamente alentadora la próxima apertura del tramo privado Xochi, también llamado Corredor de las Flores, el cual conectará seis municipios de la Costa Sur, en una ruta de cuatro carriles, de 31 kilómetros, que será un alivio logístico crucial para el turismo y el comercio.
La carretera actual, de dos carriles, entre los kilómetros 142 y 172, se ahoga entre cuatro embudos: San Antonio Suchitepéquez, San Bernardino, Mazatenango y Cuyotenango. Muchos viajeros guatemaltecos y centroamericanos camino a los parques del Irtra, en Retalhuleu, encontrarán en esta ruta de peaje una alternativa funcional. Por Q15 para vehículos livianos, dos horas de tormento se convertirán en 25 minutos de tránsito fluido, en una ruta bien señalizada y con viaductos de interconexión.
Sería feliz coincidencia que la reparación del kilómetro 194 de la Cito Zarco también estuviera en uso para junio. Experiencias previas con rutas construidas y manejadas por iniciativa privada resultan satisfactorias: no requieren egresos del erario, son opcionales e implican servicio de calidad. Proyectos similares entre los municipios de Guatemala, Villa Canales, Petapa, Amatitlán y Villa Nueva han sido una alternativa accesible y a menudo necesaria cuando hay colapsos en la vía pública. Xochi se desarrolló mediante un esfuerzo de inversión privada, enfocada en una visión de aporte y desarrollo que no solo mejora la circulación vehicular, sino que beneficia a comunidades, con mejoras de tiempos, expectativas y experiencia de usuario.