Economía
Un sistema nacional de aprendices: la propuesta para el primer empleo formal de los jóvenes
Cada año, entre 180 mil y 200 mil jóvenes buscan incorporarse al mercado laboral en Guatemala. El representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera que programas como Mi Primer Empleo necesitan mayor escala y sostenibilidad.
Un programa nacional de aprendices pod´ria permitir a los jóvenes a acceder a empleos más formales. Según expertos, se necesitan políticas públicas sostenibles en el tiempo. (Foto Prensa Libre: Magic).
Uno de los principales desafíos que enfrentan los jóvenes guatemaltecos para acceder a un empleo es la informalidad y las limitadas oportunidades para adquirir experiencia laboral, según explicó Carlos Benítez Verdún, representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
“El empleo juvenil es una moneda de dos caras. Existen elementos culturales, técnicos y formales que impiden que los jóvenes puedan tener oportunidades en el mercado laboral hoy en día, pero al mismo tiempo también hay otras oportunidades que se están generando y necesitan escala”, afirmó.
Benítez señaló que cada año entre 180 mil y 200 mil jóvenes buscan incorporarse al mercado laboral en Guatemala, una fuerza laboral que debe ser absorbida principalmente por el sector privado. Sin embargo, indicó que gran parte de esta población termina integrándose a la economía informal.
“El primer desafío es la informalidad. Cuando la absorción no es a través del mercado formal, los jóvenes van al mercado informal. El 70% de los jóvenes está en el mercado informal”, indicó.
Además, explicó que uno de los principales obstáculos para quienes buscan su primer empleo es la falta de experiencia, lo que termina convirtiéndose en una barrera de entrada al mercado formal.
En ese contexto, el programa de Beca Mi Primer Empleo comenzó formalmente en el Ministerio de Desarrollo Social en 2013, para que en myo de 2021 pasara ael Ministerio de Trabajo y Previsión Social (Mintrab). Esta es una iniciativa dirigida a jóvenes de entre 18 y 24 años que no cuentan con experiencia laboral formal.
Al 1 de diciembre del 2025, 118 de los 723 beneficiarios de la beca Mi Primer Empleo ya habían sido contratados por las empresas donde realizaron sus prácticas laborales. Según datos del Ministerio de Trabajo, en el 2024 el programa contó con un presupuesto de Q6.3 millones para beneficiar a 678 jóvenes. Para el 2025, el monto aumentó a Q6.5 millones, con los cuales se financiaron 630 becas.
El programa permite que los beneficiarios se desempeñen como aprendices en empresas del sector privado durante cuatro meses. Durante ese período, el Estado cubre el 51% del salario y las empresas, el 49% restante. Además, garantiza acceso al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) y prestaciones laborales como aguinaldo, vacaciones e indemnización.
Benítez consideró que programas como Mi Primer Empleo representan una oportunidad para abordar uno de los principales desafíos que enfrentan los jóvenes: obtener experiencia laboral y acceder a un empleo formal. Sin embargo, agregó que estas iniciativas necesitan ampliarse y convertirse en políticas públicas sostenibles a largo plazo.
Este es un extracto de la conversación que sostuvo con Prensa Libre.
¿Qué riesgos implica para el país no generar suficientes oportunidades formales para esa población joven que cada año se incorpora al mercado laboral?
Es interesante conversar sobre el bono demográfico que tiene Guatemala. Creemos que, desde la perspectiva económica, es una de las oportunidades más importantes que tiene el país. El bono demográfico quiere decir que todavía existe una población joven activa mucho mayor que la población inactiva. Pero eso va a durar muy poco: entre ocho y diez años, más o menos.
La oportunidad está en ver cómo se optimizan las condiciones habilitantes para que los jóvenes realmente se inserten de manera calificada en el mercado laboral. Y ya sabemos cuáles son las repercusiones cuando eso no ocurre: exclusión y migración forzada.
Por eso se necesitan políticas públicas que vayan ampliándose y que, al mismo tiempo, sean sostenidas. Son políticas de Estado que puedan ir más allá de los ciclos de gobierno. Y también tienen que tener una alta participación del sector privado, porque es quien alberga formalmente a esta fuerza joven con mucho potencial.
Cuando hablamos de políticas públicas, no deben ser solo de gobierno, sino que tiene que haber una alta participación del sector privado, porque es quien alberga formalmente, o debería ayudar formalmente, a esta fuerza de jóvenes.
El bono demográfico es un elemento que debe tener más habilitadores, los cuales vienen por el lado de la inclusión, la educación, la tecnología y la prospección. Ya no estamos hablando solo de los jóvenes que están actualmente, sino también de los niños y niñas que entrarían al mercado laboral en los próximos cinco años.
Uno de los retos para los jóvenes es la falta de experiencia laboral. ¿Cómo puede enfrentarse esto a través de un programa nacional de aprendices?
El tema del primer empleo siempre es un desafío para cualquier economía; sin embargo, hay algunas más pujantes, capaces de absorberlo. En Guatemala existe el programa Beca Mi Primer Empleo y, aunque es una iniciativa interesante, tiene que ganar escala. En el 2024 generó cerca de 700 ingresos al mercado formal y el año pasado, alrededor de 900. Pero necesitamos escala.
Es un compromiso público-privado en el cual el sector público paga durante cuatro o cinco meses el 51% del salario y el 49% lo cubre el sector privado. Esa inversión es importante porque permite el aprendizaje durante los primeros meses de empleo.
La primera condicionante que tienen los jóvenes para acceder al mercado laboral es el primer criterio de elegibilidad, es decir, la experiencia. Uno puede tener todos los méritos académicos, pero si no tiene experiencia laboral entra en un círculo vicioso. Entonces, la beca Mi Primer Empleo aborda ese primer desafío.
¿Qué se necesita para que estos programas puedan ampliarse?
Los desafíos relacionados con la ampliación tienen que ver con factores estructurales. Primero, debe existir una economía y un sector privado que generen más oportunidades de empleo.
Todos los factores habilitantes para el crecimiento de la economía y del sector privado tienen que darse de manera constante. Y, al mismo tiempo, la oferta debe crecer no solamente en cantidad, sino también en calidad.
La cantidad existe. Estamos hablando de 200 mil personas al año. Entonces, para que eso se mantenga, tiene que haber una política que acelere las condiciones básicas relacionadas con educación, tecnología e inclusión.
También hay que entender que el mercado laboral juvenil forma parte de un ecosistema económico más amplio. Guatemala no es una economía pequeña; es la economía más grande de la subregión y está creciendo. Pero ese crecimiento tiene que ser inclusivo.
Cuando vemos el mercado laboral por territorio, las condiciones son más complejas. Por ejemplo, el mercado informal para mujeres jóvenes indígenas puede llegar hasta cerca del 80%.
¿Qué diferencias tendría un sistema nacional de aprendices frente a otros programas de becas o pasantías?
La ampliación no viene solamente por un asunto de escala, sino por entender el mercado a través de la oferta y la demanda. No se trata únicamente de mejorar la calidad de la educación, sino de estudiar exactamente qué es lo que el mercado va a necesitar en los próximos cinco años. El aspecto tecnológico amerita ser estudiado a profundidad.
Hoy en día, apostar solamente por sistemas tradicionales universitarios de cuatro o cinco años ya no es suficiente. Se tienen que generar sistemas paralelos mucho más rápidos en cuanto a tecnificación.
Más que la escala, hay que ver qué tipo de programas múltiples y complementarios se necesitan. Puede ser Mi Primer Empleo, puede ser emprendedurismo o pueden ser otros sistemas.
Hoy la gente tiene que tener competencias digitales, más habilidades numéricas y más habilidades blandas. Son tres elementos centrales en la nueva perspectiva del mercado laboral.
¿Cuáles son los elementos mínimos que debería tener un sistema nacional de aprendices?
Primero, el aspecto de la inclusión. Uno puede generar sistemas educativos muy efectivos, pero que podrían terminar siendo elitizados. Segundo, tiene que ser una política de Estado, no solamente una política de gobierno o de un ministerio.
El acceso a la educación sigue siendo una barrera. La pobreza y la extrema pobreza son factores que limitan ese acceso.
También son importantes los programas de becas y los sistemas de protección social. Muchos países de Latinoamérica han apostado por sistemas de becas y formación especializada. Lo hicieron Chile, Brasil, Uruguay y Colombia.
¿Cómo hacer que estas políticas sean sostenibles en el tiempo y sobrevivan a los cambios de gobierno?
La sostenibilidad es un desafío para toda política pública. Tiene que ser un trabajo del Estado, no solamente del gobierno.
Deben existir programas con presupuestos multianuales, refrendados y garantizados por ley. No hay ningún secreto: la sostenibilidad proviene de políticas públicas respaldadas por leyes y presupuestos establecidos para cada año.
Pero eso necesita un pacto social importante y también tiene que ver con elementos de gobernabilidad.
¿Quién debe liderar estas políticas públicas?
El liderazgo tiene que venir del Estado y del gobierno, porque son quienes deben generar las condiciones habilitantes para la participación del sector privado.
Pero tiene que haber alianzas público-privadas efectivas. Nosotros trabajamos mucho con el sector privado y vemos un interés genuino por mejorar las condiciones socioeconómicas del país. No vemos esa relación como una relación de pérdida, sino como una relación ganar-ganar.
¿Qué incentivos resultarían interesantes para el sector privado?
El principal incentivo es el entrenamiento. Son programas de inducción intensiva donde las personas desarrollan habilidades específicas para un sector. Si una empresa entrena durante cuatro o cinco meses a una persona joven, tiene más garantías de que se adapte efectivamente a la empresa.
Además, los jóvenes ya vienen con habilidades tecnológicas intuitivas que generaciones anteriores no tenían. Eso genera un balance importante dentro de los recursos humanos y técnicos de las empresas.
¿Cuáles deberían ser los próximos pasos concretos?
Primero, acelerar la educación a través de sistemas convencionales y nuevos sistemas de aprendizaje. Segundo, cerrar las brechas tecnológicas. El plan nacional de digitalización es una apuesta importante. Y tercero, seguir apostando por la inversión social en los territorios desde una perspectiva de inclusión.
¿Cómo podría verse el mercado laboral juvenil en los próximos años si se establece el programa nacional de aprendices?
El mercado laboral está cambiando con una dinámica muy rápida. Ni la academia ni los sistemas de gobierno logran adaptarse con la velocidad con la que eso ocurre.
Van a existir sectores tradicionales, pero mucho más tecnificados. Por ejemplo, el sector agrícola ya necesita conocimientos tecnológicos vinculados con productividad y cambio climático.
También hay oportunidades en el sector tecnológico, en inteligencia artificial, desarrollo de sistemas y servicios digitales. Hay muchas personas jóvenes que ya trabajan en esos sectores desde Guatemala.
Encuentre más de Guatemala No Se Detiene en nuestros canales de video de Prensa Libre y Guatevisión, un contenido en alianza enfocado en periodismo de soluciones.

