COMUNITARIO
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¿El calor extremo en Zacapa está fuera de lo normal?

En el oriente del país el calor no solo se siente: se refleja en láminas ardientes, ríos reducidos y termómetros que alcanzan hasta 43 grados Celsius.

El río Grande ha disminuido su caudal y en la actualidad se puede caminar sobre su cauce. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

El río Grande, en Zacapa, ha disminuido su caudal durante el verano y ahora es posible caminar sobre sus rocas resecas. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Del río Grande, en Zacapa, solo queda el nombre durante la época de verano, porque las altas temperaturas y la sequía han reducido su cauce hasta convertirlo en riachuelo. Son pocas las personas que aún se abastecen de agua en este período del año.


Durante los días calurosos, los zanates —aves del género Quiscalus, de la familia Icteridae— pueden caminar sobre las piedras y beber agua. De pronto, bajo 36 grados Celsius, sorprenden con una maniobra de aleteo para darse un chapuzón, pero los humanos no pueden hacerlo, pues el agua es escasa y está sucia. Y así transcurre la época seca en una de las áreas más azotadas por la ola de calor.


Altas temperaturas


Los rayos del sol son intensos, y en la casa de Manuel Méndez, en la aldea La Fragua, han tenido que colocar en el patio una malla de polietileno para hacer sombra y proteger incluso las láminas del techo.
Méndez le muestra al equipo de Prensa Libre el patio de su vivienda y describe cómo colocó la malla de sombreo, debido a la intensidad del sol. Refiere que esa funda negra cubre la lámina porque, de lo contrario, todo se siente como “un horno”. Cuenta que, sin ella, cuando salen a la pila y permanecen más de 15 minutos a la intemperie, pueden quemarse la piel.

La familia Méndez colocó una malle de sombre en su patio delantero para protegerse del sol. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)


Las ventanas de su casa no tienen vidrios. “Es innecesario”, comentó Méndez, debido a las constantes olas de calor y para permitir que entre el escaso viento. Refiere que deben racionar el agua de la pila porque no tienen pozo y deben comprarla cada semana. “La malla de sombra está siendo una opción aquí en Zacapa desde hace varios años. Usted verá que en muchas casas tienen en sus patios o encima de las láminas, porque todo se calienta. Adentro de mi casa, del mediodía a las 3 de la tarde, parece horno. Estar adentro es casi imposible, y mejor salimos al corredor a almorzar y refrescarnos”, relata Méndez.

Hay vecinos que improvisan con esponjas que colocan en láminas para disminuir el calor adentro de sus habitaciones. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)


En la carretera es habitual ver mujeres caminar con una sombrilla extendida, para protegerse del intenso sol. A partir de las 10 horas, salir a caminar con esa prenda es común. Para salir a la calle es necesario llevar un pachón con agua y hielo . Laura Castro, también vecina de La Fragua, ha enseñado a sus hijos a hidratarse.


“Cuando mis hijos regresan de estudiar, los recibo con bolsas de hielo, que se colocan en la frente o en los cachetes. Es para que se refresquen y no se desmayen”, cuenta Castro.


La ciencia


A dos kilómetros del centro de La Fragua se encuentra el centro de monitoreo del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh). Allí, en una pequeña oficina, trabaja Mauro Raúl Chacón, técnico en Observaciones Meteorológicas, quien verifica cada hora el funcionamiento de los aparatos.


Cada hora revisa el heliógrafo, que, por medio de un cobertor de cristal, registra los rayos del sol que se perciben.
“El heliógrafo percibe de forma directa los rayos del sol sobre este sector. Está constituido por una bola de cristal totalmente sólida que actúa como un lente convergente; es decir, concentra los rayos del sol y los deposita en una banda de cartulina que se cambia todos los días”, explica Chacón.


Al mediodía, los rayos solares que pasan por el cobertor de cristal convergen y empiezan a quemar la cartulina. Esa es la prueba del calor en Zacapa, y para el Insivumeh constituye el registro científico de las altas temperaturas. Si hay algo anormal, se reporta, para alertar a la población.


“Esa línea o surco quemado representa la cantidad de horas luz. De una línea a otra que atraviesa la gráfica es una hora luz y de una línea pequeña a otra es media hora luz. Al final del día cuantificamos el total”, detalla Chacón.


En la estación de La Fragua, el Insivumeh cuenta con más aparatos que miden la temperatura. Este año, la máxima ha sido de 43 grados Celsius, y en el municipio La Unión también ha sido una de las más altas del país.


“Contamos con un piranómetro, un instrumento digital ubicado en una torre. Este cuantifica la cantidad de radiación solar en vatios por metro cuadrado. Indica la presión atmosférica y la temperatura del aire en el momento. También muestra la dirección y velocidad del viento, el estado de la batería —que es importante para determinar si aún podemos confiar en los datos— y otros sensores que no están habilitados. Además, llegamos al dato de radiación global”, expone el técnico del Insivumeh.

El heliógrafo, por medio de su cobertor de cristal, concentra los rayos del sol y registra en una cartulina azul la intensidad del calor, en La Fragua. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)


Sin agua y con calor


A la orilla del río Grande se ha vuelto habitual encontrar botaderos de basura, en los cuales sobresalen botellas y bolsas plásticas. En la comunidad Santa Rosalía, situada a cinco kilómetros del centro de Zacapa, son varios los vertederos de ese tipo y los vecinos padecen la escasez de agua. Quienes tienen más posibilidades de abastecerse son los que viven a la orilla del río, aunque tampoco es seguro. La última opción para algunos es bajar al afluente y armar con piedras una pequeña poza; luego, acarrean en recipientes el agua que apenas corre por el arroyo.

Un zanate busca agua en el río Grande, en Zacapa, debido a la ola de calor. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)


Julio César Orellana, de 60 años, retornó a su natal Santa Rosalía después de haber trabajado como talador durante 30 años en Baltimore, Estados Unidos. En su casa encontró cambios estructurales, porque ahora es de block y tiene cimientos de concreto, pero hay algo que no cambió durante ese tiempo: la escasez de agua.


“Vine a encontrar lo mismo en la comunidad. Cuando me fui, tenía 30 años y no había agua. Vine a finales de abril de este año y tampoco hay agua. El calor es crítico por acá. Mi hermano y mis sobrinas me contaron que ya habían podido tener agua hace como siete años, pero en el 2022 el pozo dejó de funcionar porque se quemó la bomba, debido a que la cubrió el lodo durante una crecida del río, y no pudieron repararla. Desde entonces no hay agua”, relata Orellana.


Los vecinos de esa comunidad gastan, en promedio, Q150 semanales en la compra de agua que les provee un camión cisterna. El pozo del que se abastecían quedó inundado de lodo durante una tormenta, en el 2022, y ya no funcionó más.

43°
Celsius ha sido la temperatura máxima en lo que va del 2026, y se registró el 29 de abril


“Aquí hay unos calores intensos y no hay agua; es preocupante. A principios de mayo contraté a unos muchachos para que perforaran un pozo en mi terreno. Estamos cerca de encontrar agua, pero nos topamos con piedra de laja y es muy dura de romper. Llevamos 18 metros de excavación y vamos a seguir hasta hallar agua. Ya tenemos unos rotomartillos industriales y estoy decidido a continuar. Para encontrar agua invertí Q16 mil”, detalla Orellana.


Mientras continúa la perforación, se ve en la necesidad de comprar agua. “Hay que gastar en agua. Uno compra cada semana y me llenan la pila, junto al tinaco; es para lo que alcanza. Lo que hago es cuidar el agua, y no es porque no sea higiénico, pero me baño tres veces por semana, mientras arreglo esto”, refiere.


Hace 10 días, detuvieron la perforación del pozo porque encontraron piedra de laja, pero extrajeron una roca mojada; señal de que hay agua. Por eso, Orellana no pierde la esperanza y sigue invirtiendo en la excavación. En Zacapa hay aldeas que cuentan con agua, pero durante esta época el consumo es racionado porque saben que la sequía puede prolongarse. Las opciones para los días y noches calurosas son los ventiladores y el hielo.

Julio César Orellana muestra el pozo que perforan en su terreno, con al esperanza de encontrar agua. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Valores históricos


Las regiones del norte y oriente de Guatemala continúan registrando las temperaturas más altas del país, según Jorge Chinchilla, pronosticador del Insivumeh. Durante la última semana de abril, en La Unión, Zacapa, se reportaron 43.4 grados Celsius, mientras que en Flores, Petén, la temperatura alcanzó los 40 grados.


El especialista explicó que sectores como La Fragua —con 43 grados— también han reportado calor extremo, aunque aclaró que las cifras se encuentran entre los parámetros normales y no han superado los registros de la ola de calor de mayo del 2024.


En ese mes hubo 25 días con temperaturas arriba de los 40 grados y solo seis registraron, en promedio, 38. El día más caluroso fue el 18 de mayo. Chinchilla indicó que el aumento de nubosidad y el ingreso de humedad han comenzado a influir en la disminución de las temperaturas en varias regiones.

25 DÍAS
por encima de los 40 grados registró Zacapa en mayo del 2024.

ESCRITO POR:

Edwin Pitán

Periodista de Prensa Libre y Guatevisión desde hace 14 años. Especializado en radio, prensa y televisión. Periodista del año de Prensa Libre en 2018. Productor de la emisión en directo de Noticiero Guatevisión.

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