EDITORIAL

Reiterada repulsa contra toda forma de tiranía

La intolerancia a las ideas es lo único que no se puede tolerar.

El lunes 25 de mayo se cumplirán 33 años del burdo Serranazo, la intentona de golpe de Estado del entonces presidente Jorge Serrano Elías, quien en su patológica intolerancia intentó disolver a los otros poderes del Estado, acallar toda oposición política, censurar a la prensa independiente y concentrar un poder omnímodo, invocando pretextos manidos demagógicos y falaces. La arrogancia de este personaje y sus adláteres tuvo que retroceder ante el masivo repudio ciudadano, el rechazo multisectorial y la valentía de juristas de la época.

En Prensa Libre no se permitió el ingreso a los censores enviados por la presidencia, pero, en general, la unidad de los periodistas fue granítica, al salir a manifestarse a las calles en contra de cualquier intento de mordaza. El 1 de junio de 1993, finalmente renunció el déspota, despotricando contra sus críticos. Huyó a un exilio dorado en Panamá, desde donde aún vocifera sus consignas miopes.

Tanto en aquel momento como a lo largo de casi 75 años de servicio al país, Prensa Libre ha mantenido una línea de férrea defensa de la institucionalidad, del Estado de derecho y de exigencia de respeto a las garantías individuales, comenzando por la fundamental libre expresión, que es la piedra angular de toda democracia participativa y herramienta de los ciudadanos para tener la libertad y la información con la cual puedan determinar el tipo de gobierno bajo el cual desean vivir.

La intolerancia a las ideas es lo único que no se puede tolerar: Prensa Libre surgió del ideal de cinco periodistas visionarios, que se encontraron ante tal paradoja: en 1951, el periódico en el que laboraban fue adquirido por partidarios del oficialismo de turno e intentaron imponer una línea editorial gobiernista y complaciente con el comunismo.

A ello se opuso el director de aquel periódico, Pedro Julio García, por lo que fue despedido. En solidaridad, renunciaron los reporteros Salvador Girón Collier, Mario Sandoval Figueroa y Álvaro Contreras, así como el columnista Isidoro Zarco, nuestros fundadores.

Por eso, desde aquel primer día y en cada edición nuestra misión es de servicio a Guatemala y a los guatemaltecos, en salvaguarda de los principios democráticos. Promovemos la discusión de puntos de vista, propuestas y abordajes de los desafíos nacionales e internacionales. Pero que ese pluralismo no llame a error: no transigimos ni transigiremos nunca con ninguna postura que intente validar, justificar o excusar —declarada o subrepticiamente— cualquier forma de dictadura, individual, grupal o de partido.

En este espacio hemos condenado repetidamente los abusos, crímenes y tropelías cometidos por regímenes opresores como Nicaragua, Cuba y Venezuela, y lo seguimos sosteniendo. Siempre hemos justipreciado y defendido el derecho a la autodeterminación del pueblo de la República de China (Taiwán), una nación democrática de admirable crecimiento en un régimen de libertad, que se opone y desafía al absolutismo comunista de China Continental, en donde predominan la opresión, la represión y la censura. Condenamos, además, los esfuerzos concertados —documentados en diversos informes académicos y en reportes periodísticos— por promover la gobernanza autoritaria en todo el mundo en desarrollo, utilizando su propio éxito económico como argumento principal para justificar que los países no necesitan adoptar prácticas democráticas “occidentales” para alcanzar sus objetivos.

Serrano quiso emular a tiranos tropicales, pero las lecciones de la historia son estentóreas y elocuentes: los sátrapas siempre van a dar al basurero de la historia.

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