EDITORIAL

Cuando se deja florecer el desarrollo

La nueva ruta constituye el más reciente paso de un paradigma que ya ha rendido beneficios.

La inauguración de la ruta privada Xochi, Corredor de las Flores, es mucho más que la apertura de una nueva carretera. Es una demostración tangible de lo que puede lograrse cuando existe visión de largo plazo, capacidad técnica para visualizar ingentes necesidades y la disposición para invertir en el país. También es una lección incómoda sobre cómo la sociedad en conjunto puede enfrentar y refutar las torpezas burocráticas que, durante demasiado tiempo y a pesar de contar con recursos, han rezagado las respuestas concretas a las necesidades de infraestructura para el desarrollo económico.

Por demasiado tiempo, habitantes y visitantes del suroccidente del país han tenido que tolerar una realidad absurda: tardar hasta tres horas para recorrer poco más de 30 kilómetros. Los cuellos de botella en municipios como San Antonio Suchitepéquez, San Bernardino, Mazatenango y Cuyotenango es un costo logístico y económico para transportistas, productores, comerciantes y particulares. La incapacidad o la falta de voluntad política impidieron una adecuada planificación territorial y los resultados desesperantes están a la vista. Para ajuste de penas, hace poco más de una década, un ministro charlatán retorció la gestión del proyecto Odebrecht, de ampliación de la ruta CA2 interfronteriza, que a la fecha sigue inconcluso.

Es precisamente esa ralea politiquera la que intenta aprovecharse de la situación y acicatear necesidades para oscuros propósitos. Aún no queda claro quiénes fueron los instigadores o los interesados en truncar la apertura de Xochi, que fue declarada “obra cancelada” por la comuna mazateca. Con lo que no contaban es con el estentóreo y unánime reclamo de los sectores productivos del país ante tal despropósito.

Ante los recurrentes atolladeros, la iniciativa privada decidió actuar, invertir y construir una alternativa. Más de 700 inversionistas apostaron por una obra de al menos Q1 mil 200 millones. Asumieron costos financieros, legales y operativos. Lo hicieron convencidos de que una mejor conectividad podía implicar beneficios económicos para toda la región. Por eso resultó tan preocupante el episodio ocurrido días antes de la inauguración.

Sí, como toda obra nueva, tiene muchos aspectos de mejora, pero, como todo servicio privado, se debe a sus clientes, que sin duda aportarán sugerencias, harán reseñas de su experiencia de usuarios, relatarán cómo la anterior pesadilla se tornó en una llegada más temprana y apacible. La carretera Xochi abrió y su uso es de libre elección. El pago no solo es peculio, sino también un recurso para el mantenimiento y la mejora, en un círculo virtuoso dependiente de la libertad de mercado.

No obstante, el pasajero conflicto abre preguntas: ¿Cuántos inversionistas observan estos episodios y ahora piensan dos veces en aportar su capital? ¿Cuántas oportunidades de empleo y crecimiento se pierden cuando autoridades miopes se convierten en obstáculo en lugar de facilitadoras? Ciertamente, la discusión no busca eliminar controles ni debilitar instituciones; todo lo contrario. Cada proyecto debe cumplir con la ley y responder por sí solo a las expectativas de calidad. Pero es necesaria una certeza jurídica y la estabilidad de criterios para propiciar la llegada de generadores de empleo en regiones de la provincia. Xochi demuestra que existen áreas de oportunidad en las cuales se necesita creatividad e innovación para impulsar el florecimiento de la productividad. La nueva ruta constituye el más reciente paso de un paradigma que ya ha rendido beneficios al comercio, la industria y la vida cotidiana.

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