EDITORIAL

Una final en español en Estados Unidos

Poco a poco, el futbol “soccer” —como le llaman en Estados Unidos, para diferenciarlo del futbol americano— ha ido ganando seguidores.

Dos selecciones de países de habla hispana llegan a la final de la Copa del Mundo en el Estadio Met Life Nueva York-Nueva Jersey: uno es europeo; el otro, latinoamericano, en un camino que está flanqueado por las inevitables polémicas y también por las teorías conspiracionistas. Pero a fin de cuentas es un encuentro con el cual culminará el evento deportivo y cultural más famoso y seguido del mundo, que en esta edición estuvo compartido entre Canadá, México y Estados Unidos.

Poco a poco, el futbol soccer —como le llaman en Estados Unidos, para diferenciarlo del futbol americano— ha ido ganando seguidores, aunque no tanto allí como los de otros deportes como el basquetbol y el beisbol. De hecho, buena parte del público del balompié se encuentra entre los pobladores hispanos, ya sea migrantes o nacidos en suelo estadounidense. Según el US Census, los hispanos constituyen ya una quinta parte de la población total: es la minoría más grande, con variantes multiculturales diversas, pero unidas por el puente del idioma español.

También es uno de los grupos poblacionales más afectados por los operativos federales antimigrantes indocumentados. Más del 80 por ciento de los detenidos son hispanos, mayoritariamente sin récord criminal. En algunos casos existe apoyo de agentes estatales, sobre todo en estados republicanos. Sin embargo, las acciones de agentes enmascarados, a menudo con lujo de fuerza, también han vulnerado derechos de residentes legales e incluso ciudadanos estadounidenses de ascendencia hispana. El caso más reciente, que sacudió a la opinión pública, fue el confuso incidente en el que murió el mexicano Lorenzo Salgado, un emprendedor que llevaba más de tres décadas viviendo y trabajando en Houston.

Murió por heridas de bala, porque, según declaración de agentes, intentó evadir un control y temieron que los embistiera. Su funeral fue el jueves 16, pero el reclamo de una investigación objetiva continúa, encabezado por su familia y por la comunidad hispana de Texas. Por desgracia no es el primer ni tan siquiera último hispano fallecido en estas acciones. Es innegable que las directrices y las acciones para combatir la migración ilegal constituyen una potestad soberana del gobierno estadounidense y un discurso de campaña recurrente. Sin embargo, en este caso específico existe una clamor de escrutinio sobre el uso de fuerza letal. Ciertamente, buena parte de las arengas a favor o en contra de las políticas pertenece a los bandos políticos que se disputarán escaños legislativos y senatoriales en noviembre próximo, así como varias gobernaturas.

Recientemente fue deportada a Guatemala Olga Pérez, una mujer indígena que llegó a Florida huyendo del conflicto armado, que sirvió voluntariamente como traductora a la Policía y cortes locales, pero que fue detenida mientras se dirigía a trabajar. Estuvo varios meses detenida y fue liberada solo unos días antes de su expulsión. El caso se cita a propósito de la continuidad del discurso acerca de que se está expulsando a peligrosos “criminales”. El 13 de julio fue ultimado por un agente migratorio otro hispano, Sebastián Durán, colombiano que tenía permiso de trabajo legal y que viajaba con su hija.

Por eso resulta un tanto paradójico que mañana, domingo 18 de julio, la algarabía de un estadio estadounidense completamente abarrotado sea protagonizada por fanes de España y Argentina —y de otros países hispanos—, rivales deportivos en la cancha, pero que han estado y seguirán estando unidos por dos idiomas: el futbol y el español.

ESCRITO POR:

ARCHIVADO EN: