EDITORIAL

Atención al efecto colateral debe preverse

El primer deceso de un guatemalteco a causa de la pandemia de covid-19 es un suceso triste, lamentable y que sitúa al país en la ya larga lista de naciones con víctimas mortales por esta enfermedad, que sumaba hasta ayer, globalmente, 6 mil 440 fallecidos, aunque también cabe resaltar la cantidad de pacientes recuperados, que hasta anoche superaba los 76 mil, más de la mitad de casos reportados, lo cual brinda esperanza y constituye una justificación para todas las precauciones, incluyendo las dispuestas por el Gobierno, con la esperanza de poder reducir al máximo la curva estadística de incidencia.

Si bien es cierto que la restricción de actividades sociales, deportivas y religiosas ordenada por el gobierno de Guatemala tiene un fuerte impacto moral, cultural y económico, hay que tener plena consciencia de que se trata de una privación necesaria, puesto que la adopción de las mismas representa la diferencia entre una contención más eficiente del coronavirus. Las personas que aún no han sido localizadas pero que venían en los vuelos del paciente fallecido o del caso confirmado deben saberse responsables moralmente de cualquier contagio que propicien por no reportarse a las autoridades.

Ahora bien, en otro campo, no se puede ignorar la realidad económica, y las medidas puestas en marcha cercenan, colateralmente, el ingreso económico de miles de familias. En diversas regiones del país el turismo es un pilar fundamental de la economía diaria de comunidades que anclan sus esperanzas en los ingresos generados por la visita de nacionales y extranjeros. Empleos directos e indirectos de todo tipo dependen de esta actividad y los efectos más fuertes empezarán a percibirse en pocas semanas.

Pilotos, lancheros, guías de turismo, vendedores de artesanías, meseros, personal de hotelería, fotógrafos y tantos otros emprendedores informales cifran expectativas en el arribo de visitantes. Tan solo en Antigua Guatemala se canceló ya el 100% de reservaciones, a causa de la suspensión de convenciones y eventos, a lo cual se suma ahora la cancelación de los cortejos procesionales de las próximas tres semanas, incluyendo el emblemático recorrido de Jesús de la Caída, que constituye, tradicionalmente, el domingo de mayor afluencia a la ciudad colonial, con la consiguiente derrama económica.

Otro ejemplo del impacto colateral es la ciudad de Esquipulas, capital centroamericana de la fe, cuya población, dedicada mayoritariamente a la atención de turistas, recibe el 50% de sus ingresos anuales de la visita de hermanos salvadoreños durante la época de Cuaresma, una entrada que quedó cerrada a causa del justificado cierre de fronteras que, sin duda, prevendrá la difusión del covid-19 pero que causará un fuerte agujero económico, sobre todo en las familias que viven prácticamente al día. Y así se puede continuar la lista de lugares que verán un efecto directo en su economía.

Es por ello necesario que el Estado desarrolle cuadros económicos prospectivos para analizar opciones de apoyo a las comunidades. Los recursos son limitados, pero cuando menos se pueden trazar planes de promoción turística a partir de la finalización de las prohibiciones de ingreso de extranjeros al país, un proceso que no será nada sencillo porque no solo depende de Guatemala, sino de todo el andamiaje de transporte aéreo y marítimo afectado globalmente. De las mayores adversidades pueden surgir oportunidades, siempre y cuando se analicen con una visión estratégica.

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