Juan Carlos Lemus @juanlemus9

Juan Carlos Lemus

NOTAS DE Juan Carlos Lemus

En la primaria teníamos un com- pañero que era el más violento del colegio. Solo sabía dar golpes, tirar cáscaras con hule, robar y jugar molotera. Para quienes no estén informados, la molotera era el arte de tirar a los más débiles al suelo y caerles los demás encima. A cuantos nos tocó más de una vez estar debajo, sabemos lo asfixiante que es recibir el peso de tanta gente, incluido su desaseo personal. Sobre aquella piscina humana se lanzaba Villagrán —creo que ese era su apellido— carcajeando con la trompa bien abierta.
Un cuadro estadístico de 1930, firmado por A. Schlesinger, dice que para ese año el país tenía unos dos millones de habitantes. El dato es útil, aun cuando sea inexacto, pues habrá sido elaborado con herramientas imprecisas, además porque en aquellos tiempos no se tomaba a los indígenas como personas. En la misma fecha había dos mil 101 autos, 791 camiones y 202 autobuses, lo que hacía un total de tres mil 94 vehículos en toda Guatemala.
Un cuadro estadístico de 1930, firmado por A. Schlesinger, dice que para ese año el país tenía unos dos millones de habitantes. El dato es útil, aun cuando sea inexacto,  pues habrá sido elaborado con herramientas imprecisas, además porque en aquellos tiempos no se tomaba a los indígenas como personas. En la misma fecha había dos  mil 101 autos, 791 camiones y 202 autobuses, lo que hacía un total de tres  mil 94 vehículos en toda Guatemala.
A diferencia de cierto animal que ladra, el gato no se aferra a un sitio en particular. Es innovador, pues coge un espacio durante una semana, un día o minutos y luego se acomoda en otro lugar. Así pasa la vida.
A diferencia de cierto animal que  ladra, el gato no se aferra a un sitio en particular. Es innovador, pues coge un espacio durante una semana, un día o minutos y luego se acomoda en otro lugar. Así pasa la vida.
En los años de  1960, la consigna contra el aumento al pasaje era "¡5 centavos, sí; 10, no!". Luego  de batallas con piedras, bombas molotov, arrestos, muertes, caos vial en la Ciudad, se cambió al grito de: "¡10, sí; 15, no!".  Años más tarde: "¡15, sí; 25, no!". Después: "¡25, sí; 50, no!", y luego: "¡50, sí; Q1, no!". En la actualidad, los choferes cobran hasta Q5, sin autorización. Para promover aquellos aumentos, los propietarios pagaban anuncios en los que eran "entrevistadas" personas en las calles: "¿Estaría usted dispuesto a pagar más, a cambio de un mejor servicio?". Casualmente, todos los entrevistados respondían: "Si es para un mejor servicio, pagaría más". "Yo estoy de acuerdo, si nos ponen buenos buses".  Enseguida mostraban camionetas limpias y pilotos amables que saludaban a los televidentes. Luego, aparecieron los buses llamados Cóndor, los cuales provocaban la ilusión de que se abordaba un transporte tipo pullman.
El diputado que habla de pro- poner una ley que obligue la lectura de la Biblia en centros educativos sabe que no lo logrará. Lo que quiso, ya lo consiguió: que miles —quién sabe si millones de cristianos desinformados—  voltearan la vista hacia su partido.
Existe superioridad numérica cuando comparamos cosas como los estudios superiores con los básicos. La clasificación es útil para medir resultados cuantitativos y valorar niveles técnicos de conocimiento; otra cosa es cuando se emplea la superioridad como categoría para diferenciar a las personas o sus aficiones, como hace el sistema al validar la supremacía de unos cuántos sobre la asumida inferioridad del resto. En la historia de la humanidad y la local, las sociedades han cedido, por la fuerza o voluntariamente, sus derechos y su vida a personas que han creído superiores. Mal ejemplo tenemos en algunos de nuestros ancestros -remotos, o cercanos tatarabuelos y abuelos (incluso, hay quienes en la actualidad)- que atribuyeron superioridad a las personas según su aspecto y otras propiedades. Dinero, estatura, color de la piel y linaje eran divisa de preeminencia.
No conozco a Dwight Pezzarossi, pero sé de su trayectoria futbolística y, como a muchos, me sorprendió su afiliación al PP —que a mí me parece más una banda organizada que partido—, pero siento la obligación de concederle la duda y el derecho a ejercer como ministro de Cultura y Deportes. Desde que asumió el cargo, muchas personas se le han ido encima por el "simple" hecho de que fue futbolista.
Escuché a Álvaro Contreras Vé- lez, hace años, contar sobre un reporte policial de los años de 1970, según el cual un hombre se habría suicidado metiéndose de primero un balazo en el muslo derecho, después otro en el hombro izquierdo, y por último, uno en la cabeza. Las cosas no han cambiado mucho. Se sigue distorsionando la realidad al gusto del cliente. Se inventan aguaceros donde hay sequía (o "sequilla", como vergonzosamente escribió el presidente Pérez en su cuenta de Twitter).