Fútbol Nacional

De hermanos a rivales: César y Raúl Calderón escriben historia en la final Municipal vs Xelajú MC

Criados bajo la misma pasión futbolera e impulsados por el legado de su padre, César y Raúl Calderón vivirán una final inédita al enfrentarse con Municipal y Xelajú MC, escribiendo un capítulo inolvidable para su familia.

Ce´sar busca ganar su tercer título profesional y Raúl el segundo. Por un momento separarán la sangre que los une para darlo todo por sus equipos Municipal y Xelajú. (Fotos Prensa Libre: Hemerotece PL).

El futbol guatemalteco corre por las venas de los hermanos Calderón desde antes de que aprendieran a caminar. Raúl Calderón y César Calderón prácticamente nacieron con un balón bajo el brazo, herederos de una pasión que les transmitió su padre, Raúl Fernando Calderón, destacado exfutbolista guatemalteco que no solo marcó su camino en el deporte, sino también su formación como persona.

Desde pequeños, la vida de los hermanos Calderón giró alrededor de una cancha. Mientras otros niños jugaban por diversión, ellos crecieron respirando futbol, como parte natural de su rutina. Su padre fue mucho más que un guía: maestro, consejero y el primer entrenador que moldeó su carácter. Les enseñó que antes de sobresalir en una cancha, debían hacerlo en la vida diaria, con disciplina, humildad y trabajo constante.

El destino quiso que sus primeros pasos importantes los dieran juntos en Aurora FC, bajo la dirección de ese mismo padre que los vio crecer soñando despiertos. Compartieron camerino, entrenamientos, viajes y largas charlas de regreso a casa. Fueron años que fortalecieron una hermandad inquebrantable y dejaron recuerdos imborrables.

“Fue una de las etapas más lindas de nuestras carreras. Viajábamos juntos, entrenábamos juntos y crecimos mucho como hermanos. Después, cada uno tomó su rumbo, pero seguimos unidos. Siempre hablamos y estamos pendientes del otro”, refiere César Calderón, hoy de 31 años.

César, actual referente de Municipal, recuerda esa etapa como una de las más especiales de su carrera. Cuenta que crecer junto a Raúl lo convirtió en mejor futbolista y mejor hermano. Aunque después cada uno tomó su propio rumbo, nunca dejaron de apoyarse.

Ese recorrido los coloca hoy frente a frente en una final histórica del futbol guatemalteco.

Para César, disputar una tercera final consecutiva refleja la regularidad de Municipal. Cree que el grupo ha demostrado fortaleza y confía en que esta vez la historia será distinta. Pero, más allá de lo deportivo, admite que enfrentarse a su hermano tiene un peso emocional difícil de explicar.

Ambos hablaron mucho sobre esta posibilidad. Coincidieron en que debían disfrutarla al máximo, porque sabían que algo así parecía improbable.

“Lo hablamos mucho. Nos dijimos que debíamos disfrutar estas semanas porque era algo muy poco probable. Sabemos que uno va a ganar y otro a perder, pero así es el futbol. Cada uno dará todo por su equipo”.

Raúl lo disfruta

Del otro lado aparece Raúl Calderón, hermano mayor, de 33 años, lateral de Xelajú MC, quien vive estos días con serenidad e intenta no dejarse arrastrar por la ansiedad.

“La verdad, es algo muy lindo. Lo estoy disfrutando mucho, tratando de vivir el día a día con alegría y calma, sin desbordarme por las emociones”.

Reconoce que lo disfruta porque representa la materialización de un sueño de infancia. Recuerda que cuando eran niños discutían hasta por los colores. Si César elegía azul, él escogía rojo. Eran rivalidades inocentes que provocaban sonrisas y llamadas de atención de sus padres.

“Siempre soñamos con ser campeones juntos, pero ahora cada quien defiende sus colores”.

Raúl también recuerda aquellas videollamadas familiares cuando, tras haber sellado ambos el pase a la final, todos coincidieron en que la familia ya tenía asegurada una medalla. Campeón o subcampeón, el apellido Calderón ya había ganado.

Ambos ya saben lo que significa levantar un título por separado y celebraron sinceramente los éxitos del otro. Por eso, esta final tiene un matiz diferente: competencia pura, admiración mutua y orgullo familiar.

Corazón dividido

El padre de los jugadores repite que será feliz, sin importar quién levante la copa. Su madre, con la sensibilidad que solo ella entiende, acepta que vivirá alegría y tristeza al mismo tiempo, porque uno celebrará mientras el otro deberá digerir la derrota.

Cuando ruede el balón, durante 180 minutos de final, dejarán de ser hermanos para convertirse en rivales. Después del silbatazo final volverán a abrazarse como siempre: como esos niños que crecieron persiguiendo un mismo sueño y que hoy, aunque separados por una camiseta, siguen escribiendo juntos una historia inolvidable para el futbol guatemalteco.

ESCRITO POR:

Douglas Suruy

Periodista de Prensa Libre, especializado en deportes con 14 años de experiencia. Reconocido por coberturas como el Mundial de Rusia 2018 y Colombia 2011 (Sub20).

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