SEGURIDAD
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Barrio 18: nueve casas para torturar y matar a víctimas

El hallazgo suele comenzar con una sospecha: un olor extraño, una denuncia o una casa abandonada. Cuando las autoridades excavan, a veces encuentran lo impensable: cadáveres enterrados.

Tres policías observan la cavidad en la que se descubrió el cadáver d de un hombre en el 2014. La vivienda se ubica en el asentamiento Luz de Cristo, zona 12 de Villa Nueva. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Tres policías observan la cavidad en la que se descubrió el cadáver d de un hombre en el 2014. La vivienda se ubica en el asentamiento Luz de Cristo, zona 12 de Villa Nueva. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

“Los bomberos y fiscales del Ministerio Público pasaron más de ocho horas trabajando dentro de la casa de Santa Faz, en la zona 18 capitalina. El caso se convirtió en un hecho inédito, porque se localizaron varias víctimas. Al descubrir el primer cadáver nos percatamos de que debajo había otros; al remover la tierra y el concreto advertimos que había más. Esto no se había dado, pero cuando se está en territorio de la pandilla del Barrio 18 cualquier cosa atroz ocurre. Esa vez se usó un radar para asegurarnos de que en esa vivienda de la colonia Santa Faz había una fosa clandestina. Todas las víctimas fueron mujeres, un patrón marcado”, recordó el exfiscal de Femicidio y contra las Extorsiones, Édgar Gómez, quien participó en la investigación de este caso ocurrido en diciembre del 2022.

Autoridades han descubierto cadáveres enterrados en viviendas abandonadas utilizadas por pandillas en el área metropolitana de Guatemala, inmuebles que investigadores denominan “casas del terror” y que han sido usados para asesinar, torturar y ocultar a víctimas durante años. Desde la calle parecen casas olvidadas. Algunas viviendas llevan tanto tiempo deshabitadas que los vecinos ya no recuerdan quién vivía allí. Otras fueron abandonadas de manera repentina después de amenazas o extorsiones.

Para quienes viven cerca son simplemente casas vacías que, con el paso de los años, se deterioran cada vez más. Pero para investigadores del Ministerio Público (MP) y agentes de la Policía Nacional Civil (PNC), algunas esconden historias mucho más oscuras. Bajo pisos de cemento, en patios improvisados o detrás de paredes recién levantadas, autoridades han encontrado cadáveres enterrados. Son víctimas que desaparecieron días, semanas o incluso meses antes.

En los últimos años, varias investigaciones han revelado cómo pandilleros utilizan viviendas abandonadas o tomadas bajo amenazas para cometer asesinatos y ocultar cuerpos. Los casos se concentran principalmente en sectores donde el control territorial de pandillas se ha consolidado durante años, como Villalobos, en Villa Nueva, y distintas colonias de la zona 18 capitalina.

En estos lugares, las casas vacías terminan formando parte del paisaje urbano. Algunas permanecen cerradas durante muchos años sin que nadie entre o salga. Otras tienen puertas improvisadas o ventanas cubiertas con láminas. Para los vecinos, esas casas generan temor. Nadie sabe exactamente quién las usa o qué ocurre dentro.

El exfiscal de Femicidio y contra las Extorsiones Édgar Gómez investigó varios de estos casos y explica que muchos de los hechos están vinculados con la pandilla del Barrio 18, aunque no todas las clicas operan de la misma forma.

“La mayoría de crímenes de este tipo  son cometidos del Barrio 18. Lo que pasa es que depende de muchos factores el enterrar a sus víctimas, cuando son miembros de sus estructura procuran ocultarlos o en el caso sea alguien muy importante al que buscarán. Incluso dentro del Barrio 18, con las clicas, no todas hacen ese tipo de hechos”, señaló.

Según explica, el control de viviendas abandonadas suele comenzar con amenazas o extorsiones contra los propietarios.

“La mayoría de crímenes de este tipo  son cometidos del Barrio 18. Lo que pasa es que depende de muchos factores el enterrar a sus víctimas, cuando son miembros de sus estructura procuran ocultarlos o en el caso sea alguien muy importante al que buscarán"

“Estas clicas empiezan a apoderarse de las colonias populares, cobrándoles incluso dinero  a los propietarios de las casas. Muchos de ellos han abandonado las viviendas porque se les vuelve impagable o las amenazas son tales que terminan abandonándolas”.

Con el tiempo, esos inmuebles pasan a formar parte del territorio controlado por las pandillas. En algunos barrios, dicen investigadores, el abandono de viviendas ha sido tan frecuente que varias calles tienen casas deshabitadas durante años. Para las pandillas, esas propiedades representan espacios que pueden utilizar sin levantar sospechas.

Un gabinete de cocina y discos musicales se deterioran en la habitación de una casa abandonada en el asentamiento Luz de Cristo en la zona 12 de Villa Nueva. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Los jóvenes sin rastro

La tarde del 30 de septiembre del 2020 parecía una más en Villalobos 1. Karen Elizabeth Barrera Turcios, de 20 años, salió de su casa para comprar en una tienda ubicada a pocos metros. Era un trayecto corto: apenas cinco viviendas hasta la esquina. Nunca regresó. Como  la joven no volvió, su familia comenzó a buscarla entre vecinos y amigos. Con el paso de las horas, la preocupación creció.

Esa misma noche comenzaron a recorrer hospitales, estaciones policiales y barrios cercanos con la esperanza de encontrar alguna pista. Los días siguientes estuvieron marcados por la incertidumbre. La familia pegó fotografías de Karen en postes y paredes. También publicaron mensajes en redes sociales pidiendo ayuda para localizarla.

Con el paso del tiempo, la angustia se volvió permanente. En redes sociales todavía circula la alerta Isabel Claudina emitida tras su desaparición. La familia teme que la joven haya sido secuestrada por pandilleros que operan en el sector. La sospecha más dolorosa es otra: que haya sido asesinada y enterrada en alguna vivienda abandonada del barrio.

En Villalobos 1 y 2 no es el único caso. En los últimos años se han reportado varias desapariciones. Entre ellas está la de Byron Estuardo Chajón Suruy, un adolescente de 17 años que desapareció en el 2018. Para investigadores que han seguido estos casos, las desapariciones en sectores dominados por pandillas muchas veces terminan relacionadas con castigos internos, disputas o sospechas dentro de las estructuras criminales.

Este es uno de los vecindarios de Villalobos y en estas calles han desaparecido jóvenes. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Hogares arrebatados

Para investigadores que han trabajado estos casos, el abandono de viviendas en colonias populares no siempre ocurre por decisiones voluntarias de los propietarios. En la mayoría de casos es consecuencia directa de amenazas o extorsiones.

Cuando una familia abandona su casa, la pandilla suele ocuparla. Algunos inmuebles  se convierten en refugios para pandilleros que buscan esconderse de rivales o de la Policía. Otros funcionan como bodegas clandestinas para armas o droga. “Ellos han agarrado estas casas como reductos para esconderse, para esconder armas y para esconder droga”, explicó Gómez.

Pero en determinados casos esas casas también se convierten en lugares donde se llevan a las víctimas. Las autoridades han detectado que algunas clicas utilizan las viviendas abandonadas como puntos de reunión o vigilancia. Desde esos lugares observan quién entra o sale del barrio. En otros casos, los inmuebles funcionan como escondites temporales cuando las pandillas sospechan que la Policía realiza operativos en el sector.

Esta fue un dormitorio, es la habitación de una casa abandonada. En Villalobos es habitual encontrar casa desocupadas debido a la amenaza de las pandillas. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Las dos viviendas con cadáveres

En diciembre del 2014 los vecinos del asentamiento La Isla comenzaron a notar algo extraño. De una casa abandonada salía un olor penetrante que se hacía más fuerte con el paso de los días.

Al principio algunos vecinos pensaron que se trataba de basura acumulada o de un animal muerto. Pero el olor se volvió cada vez más intenso. El 28 de diciembre último, los bomberos ingresaron a la vivienda.

Dentro de una habitación encontraron el cadáver de un hombre enterrado bajo tierra. La víctima fue identificada como Wilson Vásquez Pascual, de 31 años. El hallazgo causó temor entre los vecinos. La noticia se propagó rápidamente por el barrio. Muchos comenzaron a preguntarse cuánto tiempo llevaba el cuerpo enterrado en esa casa sin que nadie lo supiera. Dos días después ocurrió algo aún más inquietante. A pocos callejones del primer hallazgo, la Policía descubrió osamentas enterradas en otra vivienda abandonada.

Los investigadores empezaron a notar un patrón. Las casas vacías estaban siendo utilizadas como lugares para desaparecer víctimas.

Los policías caminan en un vecindario de Villalobos en el que se han encontrado cadáveres enterrados adentro de las viviendas. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

La casa de los serruchos

El 16 de abril del 2018, fiscales del Ministerio Público y agentes policiales allanaron una vivienda en el asentamiento La Isla.

Buscaban pistas sobre la desaparición de Byron Estuardo Chajón Suruy. La casa parecía abandonada desde el exterior. Pero el interior contaba otra historia. En el piso había serruchos, machetes y lazos con manchas de sangre.

En las paredes aparecían pintas del Barrio 18. Para los investigadores, el hallazgo sugería que el inmueble había sido utilizado para cometer algún crimen o incluso para desmembrar cuerpos.

El exfiscal explica que algunas clicas tienen fama de ser particularmente violentas. “La mayoría de clicas que son más sanguinarias son las que llevan el acrónimo de gangster. Por ejemplo, los Crazy Gangsters”, reveló Gómez.

Según señala, estas estructuras han sido señaladas en investigaciones por cometer asesinatos incluso contra integrantes de su propia pandilla.

En una casa del asentamiento La Isla, en Villalobos, encuentran serruchos y machetes con sangre. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

El crimen oculto en el tonel

El 6 de abril del 2021 investigadores del Ministerio Público registraron una casa en la colonia Kennedy, zona 18. Buscaban a Quinverly Yesenia Sánchez Bautista. La alerta se activó cuando su hija de tres años apareció abandonada en una estación de bomberos.

La escena generó preocupación inmediata. Cuando los investigadores ingresaron al inmueble encontraron un tonel relleno de cemento.

El recipiente estaba sellado. Cuando lo rompieron descubrieron el cadáver de la mujer. El exfiscal recuerda el caso como uno de los más impactantes que investigó. “Era pareja de un cabecilla pandillero y la tenía viviendo en una casa que habían acaparado”.

Según la investigación, el asesinato ocurrió porque la mujer mantenía comunicación con un pandillero de otra clica. “La mataron, grabaron un video y se lo mandaron al que ordenó el crimen”, indicó.

El cuerpo fue ocultado dentro del tonel. “La meten en un tonel y le echaron cemento”, explicó Gómez. 

El crimen se descubrió por el olor que comenzó a salir del inmueble.

Esta es la habitación en la que fue hallada Quinverly Yesenia Sánchez Bautista, en la colonia El Paraíso, zona 18 capitalina. E0lla estaba adentro del tonel de color azul. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

La tortura de la quinceañera

En la manzana 43, sector Rosado, en la colonia El Limón de la zona 18 capitalina, la noche del 3 junio del 2022 se dejaron oír  gritos adentro de una vivienda. Vecinos escucharon que alguien pedía ayuda y llamaron a la Policía. Treinta minutos después eran varios los agentes que estaban en una casa. Tres adolescentes mujeres frente a un cadáver, esta fue la escena que hallaron adentro del inmueble. 

Adentro de una habitación estaba la víctima, a quien habían decapitado. Una menor sostenía una linterna, otra con un celular grababa y la tercera soltó un cuchillo, pese a la intervención de los agentes, no se pudo evitar el crimen. La casa estaba abandonada.

La víctima mortal fue identificada como Shirly Cristina Martínez González, de 15 años; al mediodía de ese 3 de junio había desaparecido, su familia la estaba buscando y fue hallada muerta por la policía a cinco casas de su hogar. 

Junto a Martínez González había un cartel que decía: “Esto les pasa a las ratas del Torta”. Según la investigación, era un mensaje dirigido a un pandillero del Barrio 18 que estaba en prisión y formaba su propia organización criminal en la colonia El Limón.

Payasos en la fosa clandestina

Al final del asentamiento Luz de Cristo, Villalobos 2, zona 12 de Villa Nueva el 30 de junio del 2022 fueron encontrados documentos personales en un terreno que colinda a una casa. Vecinos llamaron a la Policía y lo primero que hicieron fue verificar quiénes eran la personas que detallaban los documentos: Nelson Estiven Villatoro Escobar y Joselin Paola Chacón.

Al hacer la consulta, luego de 40 minutos los agentes obtuvieron respuesta; esos documentos pertenecían a una pareja de payasos que desaparecieron un mes y medio antes. Se trataba de  Charquito y Chispita.

Los Bomberos Voluntarios llegaron al lugar y empezaron a revisar un  montículo de tierra, luego de excavar vieron ropa y siguieron. A un metro de profundidad estaban los cadáveres de la pareja de payasos y el doble crimen se le atribuye al Barrio 18.

Todas las casas en las que han ocurrido crímenes cometidos por el Barrio 18 son abandonas. El exfiscal Gómez explicó: “Estas clicas empiezan a apoderarse de las colonias populares, cobrándole inclusive extorsión a los propietarios de las casas”.

Una pareja de payasos fueron hallados enterrados en un área contigua a una casa abandonada en Villalobos 2. (Foto Prensa Libre: Bomberos Voluntarios)

Las siete mujeres sepultadas

En diciembre del 2022 investigadores del Ministerio Público llegaron a una casa en construcción en la colonia Santa Faz, zona 18 capitalina.

El inmueble parecía abandonado. Sin embargo, durante la inspección detectaron una plancha de cemento que parecía haber sido colocada recientemente.

Cuando comenzaron a excavar descubrieron una fosa clandestina.

Allí estaban enterrados los cadáveres de siete mujeres.

Las investigaciones revelaron que todas habían desaparecido en un período de apenas 76 días.

Para los investigadores fue uno de los hallazgos más impactantes de los últimos años.

Los cuerpos estaban enterrados a distintas profundidades. Eso indicaba que habían sido sepultados en momentos diferentes.

El exfiscal explica que muchas de ellas tenían vínculos indirectos con pandilleros. “La mayoría eran mujeres que habían sido ‘jainas’ o novias de pandilleros”, expuso.

Según relata, también había víctimas acusadas de quedarse con dinero de extorsiones. “Había dos hermanas que supuestamente se habían quedado con dinero de la extorsión y las enterraron ahí en diferente tiempo”, indicó.

Para los investigadores el objetivo era que nunca fueran encontradas. “No son cualquier víctima, son víctimas muy especiales y muchas veces es para que nunca las encuentren”, puntualizó.

En esta vivienda de color verde fueron descubiertos siete cadáveres de mujeres. El inmueble estaba abandonado en Lomas de Santa Faz, zona 18. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

El cantante con sueños enterrados

En mayo del 2024, la desaparición del creador de contenido Sebastián Pop, conocido como Farruko Pop, generó conmoción en redes sociales. Miles de usuarios compartieron su fotografía con la esperanza de que apareciera con vida.

El caso generó presión pública para que las autoridades intensificaran la búsqueda.

Días después investigadores localizaron su cadáver enterrado en el patio de una casa en la colonia El Limón, zona 18. Los Bomberos Municipales rompieron un piso de cemento para extraer el cadáver.

La autopsia determinó que murió por asfixia por estrangulamiento.   “El objetivo primario era que no lo encontraran”, explicó Gómez.

Los investigadores determinaron que la fosa donde fue hallado Farruko Pop había sido cavada para otra víctima, no necesariamente para el referido creador de contenido

 El caso ocasionó una serie de operativos policiales en la colonia. Un mes y medio después durante diligencias las autoridades localizaron dos cadáveres más enterrados en otra vivienda cercana. Las víctimas eran adolescentes.

Los hallazgos reforzaron una sospecha inquietante entre los investigadores: que varias viviendas abandonadas del sector habían sido utilizadas para ocultar cadáveres durante meses.

Jorge Sebastián Pop, conocido como Farruko Pop, fue hallado enterrado adentro de esa casa en la que ingresan policías y fiscales en la colonia El Limón, en zona 18 capitalina. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Guaridas de pandilleros

El exfiscal explica que algunas viviendas utilizadas por pandillas son conocidas internamente como “casas clave” o “chanteguarios”.

En esos lugares llevan a las víctimas capturadas en la vía pública.  “Los agarraban en la calle, los subían a vehículos y los llevaban a casas clave”, concluyó.

En esas casas se cometen asesinatos, torturas o castigos internos.  En muchos casos las víctimas no son elegidas al azar.

“Regularmente las personas que matan y dejan enterradas así, en su mayoría son mujeres que tienen algún tipo de relación con la pandilla”, analizó Gómez.

Para investigadores que han trabajado estos casos, cada hallazgo de un cadáver enterrado en una casa abandonada abre una pregunta inquietante: “¿Cuántas otras viviendas en barrios controlados por pandillas podrían ocultar historias similares que aún no han salido a la luz?”.

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"Los pandilleros tienen formas de referirse a las casas que ocupan: casas clave o chanteguarios"
Édgar Gómez, exfiscal de Femicidio y contra las Extorsiones

ESCRITO POR:

Edwin Pitán

Periodista de Prensa Libre y Guatevisión desde hace 14 años. Especializado en radio, prensa y televisión. Periodista del año de Prensa Libre en 2018. Productor de la emisión en directo de Noticiero Guatevisión.