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El Niño será más intenso y expertos advierten que el Gobierno debe reforzar las medidas de prevención

Durante el webinar Cambio climático y cómo vivir con sus efectos, especialistas en el tema hicieron énfasis en que las políticas públicas deben enfocarse en la prevención.

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Foto: Edwin Berci‡n

Las altas temperaturas y la escasez de lluvias asociadas con el fenómeno El Niño afectan a sectores como la agricultura. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

El fenómeno El Niño está asociado con el incremento de las temperaturas en la superficie de las aguas del Pacífico —medio grado Celsius más de lo habitual— durante cinco trimestres consecutivos y suele ocurrir cada 2 a 7 años. Pero en el 2026, las condiciones son más extremas.

Hay un aumento promedio de dos grados y desde julio pasado se habla de un evento climático de mayor intensidad, cuyo impacto ya se observa en la disponibilidad de recursos hídricos, la agricultura, la economía y la salud de la población. Por ello, apostarle a la prevención es esencial para hacer frente a estos episodios, que serán más frecuentes con el tiempo.

El 8 de octubre, Prensa Libre desarrolló el webinar PL Explica sobre el Cambio climático y cómo vivir con sus efectos, con la participación de los expositores Carlos Duarte, investigador del Departamento de Tecnología del Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente (Iarna), a cargo del Observatorio de Desarrollo y Clima de la Universidad Rafael Landívar, y Luis Estuardo Ríos González, director de la Maestría en Gestión Ambiental y Sostenibilidad, y catedrático e investigador del Departamento de Biología de la Universidad del Valle de Guatemala.

En su intervención, Duarte señaló que la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) recién confirmó que el fenómeno ya está totalmente instalado y que hay un 95% de probabilidad de que la temperatura en el océano supere los dos grados centígrados y un 75% de que sea el evento más intenso de la historia. Se trata no solo de más calor, sino de escasez de lluvias, que se traduce en sequía. Los efectos se extenderán hasta mediados del 2027.

Según Ríos, estas condiciones ocurren en un momento clave para la agricultura: el crecimiento de los cultivos, y ya se reportan pérdidas en el campo. Si bien se habla de un déficit de agua, también pueden presentarse lluvias torrenciales en poco tiempo que no logran filtrarse en el suelo para recargar el manto freático.

Esa disminución en la disponibilidad del agua no solo se verá reflejada en el grifo de los hogares, sino también en los ríos que forman parte de la red generadora de electricidad —hidroeléctricas—, y esto puede llevar al encarecimiento del servicio, agregó.

También hay un impacto en el costo y la disponibilidad de los alimentos, así como en la salud de la población. Las consecuencias se verán, además, en la economía y en el medioambiente, con la ocurrencia de incendios forestales.

Ante este panorama, Duarte explicó que el fenómeno El Niño no se puede controlar, pero la oportunidad para la población está en reducir la vulnerabilidad. El Gobierno tiene los recursos para hacerlo, pese a que las acciones debieron implementarse meses atrás.

Las transferencias monetarias, la entrega de semillas de maíz y de frijol tolerantes a la sequía, la cosecha de agua de lluvia, el ajuste del calendario de siembra y los programas de financiamiento para los agricultores son parte de las políticas públicas que pueden implementarse. El sector privado también debe intervenir en estas acciones para amortiguar el impacto en los hogares más vulnerables.

Desde el ámbito local, las comunidades pueden organizarse para crear bancos de granos y semillas para la agricultura, utilizar técnicas de cosecha de agua y aportar en la vigilancia de la inseguridad alimentaria. En los hogares se puede almacenar el agua de manera segura y evitar las horas más intensas del sol para prevenir la deshidratación.

“Solo los gobiernos, que tienen grandes presupuestos, están en la capacidad de generar efectos amortiguadores de una crisis como la que enfrenta la población vulnerable —3.2 millones de personas en crisis y emergencia alimentaria—”, indicó Duarte.

Ríos agregó: “Estamos evidenciando cada vez más estos eventos extremos climáticos, ya sea de aumento de la temperatura, alta precipitación o déficit de precipitación, y como Estado deberíamos de apostarle a la prevención”.

Dicha prevención pasa por mantener sistemas de salud fortalecidos, brindar educación en el manejo de los desechos sólidos, mantener un buen control y gestión de los recursos hídricos y asegurar la disponibilidad de agua tanto para la agricultura y el uso pecuario como para el consumo humano.

ESCRITO POR:

Ana Lucía Ola

Periodista de Prensa Libre especializada en temas comunitarios, con énfasis en Salud y Educación, con 17 años de experiencia. Reconocida con el Premio de Prensa Libre en categoría Reportaje, en 2019. Premio de la UPANA por Informar a la población guatemalteca sobre la realidad en nutrición y desnutrición en el país, en 2019. Diplomado El periodismo en la era digital como agente y líder de la transformación digital impartido por el Tecnológico de Monterrey.