En las garras de una vulnerabilidad histórica

Entidades que miden el riesgo  a escala mundial posicionan  a Guatemala entre los países más vulnerables a las inundaciones y los deslaves causados por el exceso de lluvias.

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Cada año, durante la época de lluvia, las carreteras del país colapsan y el riesgo de inundaciones y derrumbes es constante. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Cada año, durante la época de lluvia, las carreteras del país colapsan y el riesgo de inundaciones y derrumbes es constante. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

El huracán Mitch, en 1998; la tormenta tropical Stan, en 2005; la tormenta Ágatha, en 2010, e incluso las lluvias de este invierno, que se creía que iba a ser uno de los más secos, nos  han dado muestras claras de esa vulnerabilidad.

El Fondo Mundial para la Reducción de Desastres y la Recuperación (GFDRR, en inglés), utilizada para monitorear la vulnerabilidad de los países y brindar asistencia, consignaba  hace un par de años en su informe para Guatemala que el primer factor de riesgo eran las inundaciones causadas por el desborde de ríos, seguido de terremotos, huracanes, erupciones volcánicas y deslizamientos de tierra.

Peligro acumulado

A criterio de Héctor Tuy, investigador del Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente (Iarna), de la Universidad Rafel Landívar, la vulnerabilidad del país se debe contextualizar dentro de “un letargo del que no hemos despertado”, sobre todo porque los factores climáticos han cambiado.

“Los patrones de temperatura están cambiando y lo más preocupante es la poca capacidad de reacción ante estos desastres”, dijo Tuy, quien agregó que “a escala internacional estamos mal posicionados respecto de la vulnerabilidad debido a nuestra incapacidad de respuesta”.

El experto expresó  que prueba de la poca resiliencia que el país tiene a los desastres es el hecho de que la vulnerabilidad se ha acumulado por años y que siempre la lluvia golpea fuerte.

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“Se cae un puente, y colocamos una estructura tipo  Bailey. Empezamos a construir otro, pero no lo hemos terminado y ya se caen dos más”, ejemplificó Tuy, por lo que, a su criterio, “no existe un plan serio para atender esta vulnerabilidad.

“Veamos lo que sucedió, por ejemplo, con la reciente erupción del volcán de Fuego, la Conred y el Insivumeh se echaron la culpa mutuamente; es decir, hay poca seriedad”, explicó.

Para David de León, vocero de la Coordinadora Nacional para Reducción de Desastres (Conred), esta vulnerabilidad se debe a la posición geográfica en que se encuentra el país.

“Estamos expuestos en ambos litorales, tanto por el Pacífico como por el Atlántico, en forma directa o indirecta, principalmente en el sur del país, donde desembocan los principales ríos del país”, explicó De León.

El portavoz concuerda con Tuy en el hecho de que por años se ha acumulado esta vulnerabilidad. “Los ríos y volcanes siempre han estado allí; son las comunidades y poblaciones las que, con el tiempo, se han estado asentando en lugares de riesgo”, afirma, lo que complica la respuesta y comunicación al momento de una contingencia.

Eddy Sánchez, exdirector del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), también atribuye ese riesgo a los efectos del cambio climático, causado a su vez por la sobrepoblación y la mala educación ambiental.

Soluciones

Para el investigador del Iarna, el país necesita un sistema de prevención basado en países como Chile, uno de los más vulnerables a terremotos.

“Son planes integrales de respuesta. Desde códigos de construcción hasta los aeropuertos e instituciones; es decir, se trata de recuperar esa visión de estado para poder actuar y recuperarse ante un desastre”, explicó.

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Tuy aclaró que esos planes no deben enfocarse solo en la Conred o solo en los hospitales, sino que hace falta una visión de país.

En ese sentido, De León dijo que la Conred trabaja la gestión de riesgo desde cuatro etapas: la más fuerte, que es la de prevención; la de preparación, donde se trata de involucrar a toda la sociedad civil, instituciones públicas y privadas;  la mitigación, en el que se establecen puntos de riesgo así como sistemas de alerta temprana; y la etapa de respuesta, que consiste en planes de recuperación después de los desastres.

De León enfatiza que toda persona nacida en Guatemala tiene la obligación de involucrarse en programas para prevenir, ya que “la cultura de prevención debe nacer en los hogares y en las familias”.

Sánchez, en tanto, dice que es urgente un trabajo de planificación urbana, así como el reforzamiento de la educación ambiental.

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