Tres décadas de oportunidad para Guatemala

Guatemala experimenta desde el 2015 un periodo de 35 años, denominado por economistas y estadistas bono demográfico, etapa durante la cual la población joven y productiva del país —de 15 a 34 años— será el segmento más amplio de habitantes, lo cual abrirá una oportunidad de desarrollo acelerado.

Tres bebés nacidos a primera hora del 18 de marzo. Los infantes pertenecen a la fracción poblacional que podría representar el cambio. (Foto Prensa Libre: Erick Ávila)
Tres bebés nacidos a primera hora del 18 de marzo. Los infantes pertenecen a la fracción poblacional que podría representar el cambio. (Foto Prensa Libre: Erick Ávila)

El núcleo de habitantes de esta generación, que tendrá la posibilidad más clara de mejorar las condiciones del país, se compone de 2.4 millones que nacieron entre el 2015 y el 2020.

El sector privado del país califica el bono demográfico —del 2015 al 2050— como la “condición de oro” para que se tenga desarrollo económico significativo. Sin embargo, el desafío para lograrlo se basa en focalizar la inversión nacional para garantizar mejores oportunidades de salud y educación para la población más joven.

El Cambio

“En estos momentos, Guatemala está saliendo de tener una población mayoritaria de niños. En el 2010 se registraba que el 42 por ciento de la población era la niñez y el 33 por ciento, la juventud productiva; eran más los que dependían que los generadores de riqueza”, explica el investigador de la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa) Jorge Benavides.

Proyecciones y estudios efectuados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y Fundesa señalan que hace dos años el país entró al ciclo de bono demográfico.

Benavides enumera las condiciones que llevan a Guatemala a experimentar el tener población mayoritaria en edad productiva.

“El bono demográfico sucede cuando en los países se mezclan las condiciones de disminución de la tasa de natalidad y se aumenta la tasa de urbanización”, afirma. El coordinador del estudio Estado de la Región, Alberto Mora, indica que la coyuntura del bono demográfico es un momento que implicaría un crecimiento de la población en edad productiva, que es proporcional a la ampliación de los habitantes inactivos, como la niñez o las personas mayores de 65.


“La base de la población productiva más amplia en la historia reciente de Guatemala está naciendo en estos momentos, y en el 2030 empezará la etapa productiva, acompañada de otros jóvenes y adultos que terminan de formar esa generación de impulso”, remarca Mora.

Según estadistas e investigadores económicos, durante el bono demográfico el país experimenta una disminución de la tasa de natalidad.

“Eso se empieza a comprobar en la capital. Hace 10 años tenía una tasa de cinco niños nacidos vivos por cada mil mujeres en edad reproductiva —15 a 49 años—, y actualmente es de 1.7. En otros departamentos es de tres, pero habrá tendencia a la disminución”, señala Benavides.

Fundesa sostiene en sus análisis que la juventud está optando por vivir en áreas urbanas y también adopta formas de vida como tener pocos hijos e incluso no concebirlos.

Oportunidades

Mora precisa que Guatemala se encamina al momento de oportunidad importante para impulsar el crecimiento económico y desarrollo, y ejemplifica la situación con países asiáticos que aprovecharon el bono demográfico.

“El hecho de tener crecimiento de la población en edad productiva implica que hay oportunidad de ese segmento de habitantes en la generación de actividad económica de producción, y eso permitiría saltos importantes en crecimiento económico y desarrollo, tal y como le ocurrió a los Tigres Asiáticos —Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Japón—”, indica Mora.

Benavides resalta que hay tendencia en el país a urbanizar más áreas y por esa razón se impulsan ciudades intermedias.


Según el estudio de Fundesa: Acortemos la Distancia al Desarrollo, en el 2012 hubo transición entre la población rural y la urbana del país.

La investigación revela que hace cinco años la población urbana llegó al 49 por ciento, y la rural, al 51. “Ese año fue cuando ambas poblaciones llegaron a ser similares en cantidad y se evidencia el crecimiento por residir en áreas urbanas”, explica Benavides.

En 1980, el país tenía el 67 por ciento de población rural y el 33 por ciento de urbana. En 1995, el segmento de habitantes rurales era del 63 por ciento y de urbanos era 37 por ciento. En el 2000 se confirmó la tendencia a la equiparación, cuando la población rural se estimó en 57 por ciento y la urbana, en 43 por ciento.

Según proyecciones, para el 2032, cuando el núcleo de la generación amplia de guatemaltecos en edad productiva esté en su máximo potencial, la población urbana será del 79 por ciento y la rural, del 21.

El cambio de población es una de las oportunidades que impulsaría la creación de ciudades y al carecer de esas áreas se está en el momento propicio para desarrollarlas en Guatemala, según el sector privado.

“Es positivo porque hay países que enfrentan su bono demográfico con condiciones de urbanización ya desarrolladas. Desde muy temprano crearon ciudades; por lo tanto, cuando llega la generación más grande joven ya no tienen mucho espacio y las ciudades tienden a expulsarlos. Es lo que denominan las bombas demográficas”, señala Benavides.

Desafíos

Los análisis de Fundesa establecen que el aprovechamiento de la generación más grande de población en edad productiva, de 15 a 34 años, depende de lo que se haga en la actualidad en cuanto a inversión en educación, nutrición, salud e infraestructura.

El estudio sugiere que en los próximos años se desarrollen en el país metrópolis, ciudades intermedias, emergentes, mayores y menores.

El coordinador del estudio Estado de la Región afirma que durante el bono demográfico los países deben prepararse para construir ciudades con gran infraestructura para captar a la población joven en edad de productividad.

“Si un país quiere aprovechar su condición del bono poblacional debe crear en una ciudad la oportunidad de acceso a educación, vivienda, salud y tecnología”, advierte Mora.

Además, Fundesa sostiene que las ciudades deben tener orden territorial, prevención y mitigación de riesgos asociados al cambio climático, así como provisión de bienes y servicios, políticas de vivienda y generación de empleo.

“En estos momentos, el Gobierno debe dirigir la inversión en el interior del país, porque en esas áreas hay tasas altas de natalidad y son los niños que luego buscarán migrar a las ciudades que se preparen”, advierte Benavides.

SIN abundancia

Las proyecciones del bono demográfico registran que en el 2050 Guatemala estará experimentando el final del periodo de la población más numerosa de ciudadanos en edad productiva. “A partir del 2050 estaremos llegando a una situación muy similar a sociedades envejecidas de Europa”, asevera Mora.

En el análisis Estado de la Región, elaborado en Costa Rica, con datos para el Istmo, se determina que si se aprovechó la capacidad productiva las personas en el 2050 con más de 65 años tendrán un retiro cómodo; de lo contrario, habrá carencias y dependerán de un segmento reducido de personas que pueden generar estabilidad.