ciberseguridad

Guatemaltecos en alerta por estafas digitales y robo de datos por WhatsApp y Facebook

La conversación digital sobre ciberseguridad en el país muestra una percepción negativa del 41%, según estudio de DataLab. Expertos advierten que los delitos digitales han evolucionado y ahora se enfocan en obtener información de los usuarios mediante engaños.

Según el estudio de Datalab, los guatemaltecos reportan aumento de casos de estafas digitales a través de redes sociales. Los delincuentes obtienen información de los usuarios mediante engaños. (Foto Prensa Libre: Freepik).

Un estudio de escucha social elaborado por DataLab midió la conversación de los guatemaltecos a través de distintas plataformas de redes sociales sobre la ciberseguridad en el país. El monitoreo se realizó en el período comprendido entre enero del 2023 y marzo del 2026. Durante este tiempo se registraron alrededor de 43 mil menciones sobre la temática.

El 41% de la conversación digital corresponde a un sentimiento negativo, mientras que un 2.3% se refiere a un sentimiento positivo y un 56% mantiene un tono neutral. La conversación fue dominada en la plataforma X, con 59.6%; noticias en línea, 18.8%; Facebook, 16.7%, y TikTok, 4.4%.

Las principales denuncias realizadas por los guatemaltecos se refieren a fraudes financieros (43.5%); le siguen estafas en comercio electrónico (28.4%); phishing y robo de datos (17.8%), y fraudes en redes sociales (10.3%).

De acuerdo con un experto de la Comunidad Bancaria de Ciberseguridad en Guatemala (Bancert), quien prefirió no identificarse por seguridad, el crimen financiero, las estafas y los fraudes han evolucionado en los últimos años. Añadió que, en ocasiones anteriores, la exposición a ataques la solían tener las instituciones bancarias; ahora, las personas más vulnerables son los usuarios finales.

Según el experto, los casos más frecuentes son consumos no reconocidos en tarjetas de crédito y débito, falsificación de firmas para cobro de cheques y accesos indebidos a cuentas bancarias.

Mencionó que para que las estructuras criminales cometan este tipo de delitos requieren información de los usuarios, quienes, bajo engaños, la proporcionan. “Puede que un cliente no reconozca un consumo en su tarjeta, pero quizá recibió un enlace donde decía: ‘si ingresas aquí tu número de tarjeta participarás en un viaje todo pagado al Mundial 2026’. El cliente no se percata de la URL a donde ingresó y brinda todos sus datos”, explicó.

El experto indicó que con brindar los datos de fecha de vencimiento y código de seguridad es suficiente para que el delincuente pueda empezar a realizar transacciones en otros establecimientos. “Las estafas y fraudes no autorizados por el cliente a través de ingeniería social, como la venta de un producto, exponen también la modalidad de hacer una transferencia a cambio de algo y la mercadería nunca llegará”, dijo.

En esa línea, el director general de Guatemala Digital, Mario Porres, coincidió en que el entorno digital ha facilitado nuevas formas de fraude. “Es muy fácil hacerlo, simplemente agarra una tarjeta, se memoriza el número y ya puede comprar en internet”, explicó.

Según Porres, el crecimiento del comercio electrónico y las transacciones remotas ha ampliado las oportunidades para los delincuentes. “Antes no existía esa opción; ahora mucho se hace de forma remota y se presta a esa facilidad”, afirmó.

Dónde se quejan más

Según el informe, la red social X concentra el mayor volumen de conversación sobre ciberseguridad. Esta herramienta es utilizada por los usuarios como un espacio donde comparten alertas, denuncias y experiencias personales relacionadas con delitos digitales.

Durante el 2023, entre mayo y junio, la conversación en esta plataforma giró en torno a fraudes digitales (estafas, clonación y robo de identidad). En ese año, el pico más alto ocurrió en diciembre del 2023, por ataques cibernéticos y fraudes masivos, que representaron un 131% por encima de la media diaria de conversación.

En julio del 2024, la conversación estuvo marcada por el aumento de estafas digitales, incluidas prácticas de phishing en redes sociales, suplantación en WhatsApp y clonación de tarjetas. Según el estudio, esto evidencia la vulnerabilidad de los usuarios y refuerza la necesidad de mayor educación en ciberseguridad.

Usuarios reportaron casos de clonación de tarjetas, fraudes digitales y robos bancarios, algunos con pérdidas superiores a Q300,000. Se menciona con frecuencia el uso del phishing, accesos fraudulentos y transacciones no autorizadas. Las estafas más mencionadas ocurren principalmente en plataformas como Facebook y WhatsApp. Los fraudes más reportados incluyen ofertas laborales falsas, venta fraudulenta de productos y enlaces maliciosos enviados por mensajes.

Según el especialista de Bancert, los delincuentes suelen aprovechar las temporadas de alta demanda, como Semana Santa. “Las famosas casas de vacaciones en Monterrico que promocionan en Facebook. Miran un anuncio bonito y depositan hasta Q5,000 y la información era falsa”, mencionó.

A diferencia de X, la conversación en Facebook no se origina principalmente en publicaciones de usuarios, sino en comentarios dentro de contenidos publicados por medios de comunicación, cuentas institucionales o funcionarios públicos. La red es utilizada como espacio de reacción y debate ciudadano. Los usuarios amplifican experiencias personales relacionadas con fraudes digitales, comercio electrónico e inconvenientes con instituciones financieras.

Las principales quejas incluyen productos que no son entregados, artículos incorrectos o usados y dificultades para obtener reembolsos. Los usuarios reportan experiencias relacionadas con clonación de tarjetas, cargos no autorizados y dificultades para resolver casos con bancos.

En TikTok, el estudio identifica una evolución en las modalidades de fraude, especialmente en el ámbito transaccional. Según DataLab, entre el 2025 y el 2026 se consolidaron diversas prácticas asociadas a estafas en compraventa de productos y vehículos.

Entre los métodos más frecuentes se encuentran la falsificación de comprobantes de pago, donde el estafador simula una transferencia para obtener el producto; la solicitud de anticipos por bienes inexistentes y la triangulación de pagos, una modalidad más compleja que involucra cuentas de terceros.

Además, el estudio señala un aumento en los casos de robo de identidad y explotación de datos personales mediante prácticas como el vishing —suplantación telefónica— y el secuestro de cuentas a través de enlaces maliciosos enviados por aplicaciones de mensajería.

Modalidades más frecuentes

En cuanto a las modalidades de fraude, el experto de Bancert señaló que, tanto a nivel local como internacional, las tendencias no difieren significativamente, aunque algunas prácticas han cambiado con el tiempo. Explicó que, si bien anteriormente la clonación de tarjetas era una de las principales amenazas, ha perdido relevancia debido a la incorporación de chips. “Ya no existe la parte de clonación como tal, porque si la tarjeta tiene chip, ya no es posible hacerlo”, indicó.

No obstante, esto no ha eliminado el riesgo, sino que ha dado paso a nuevas formas de obtener información. “Ahora existen otras formas de conocer la numeración de la tarjeta; por ejemplo, que el cliente caiga en algún enlace y brinde todos sus datos”, explicó.

Porres añadió que el uso de tarjetas físicas aún representa un punto de vulnerabilidad. “Esa facilidad de una tarjeta con números visibles es lo que todavía permite tanto fraude; es muy apetitoso para los malos actores”, indicó.

Otra modalidad identificada es el uso indebido de tarjetas en comercios. Según el experto de Bancert, cuando el cliente entrega su tarjeta para pagar existe el riesgo de que esta sea manipulada fuera de su vista. Además, mencionó prácticas detectadas en otros países, como la instalación de cámaras en cajeros automáticos para capturar información.

El crecimiento de la banca digital también ha incidido en la evolución de estos delitos. “Desde la pandemia ha aumentado mucho la migración de usuarios hacia la banca electrónica y, si no guardan bien sus credenciales, pueden ser robadas”, señaló.

Otra práctica en aumento es el robo de cuentas de mensajería, como WhatsApp. “El delincuente se hace pasar por la persona y le escribe a sus contactos para pedir dinero o vender productos; se trata de terceros”, explicó. Según el especialista, este tipo de delitos ha crecido porque resulta más sencillo engañar a una persona que vulnerar un sistema bancario. “Es más fácil engañar a un cliente que vulnerar un sistema”, mencionó.

Difícil detección

Según el experto de Bancert, uno de los principales desafíos en la lucha contra el fraude digital es la identificación de transacciones que, desde el punto de vista técnico, suelen parecer legítimas, por la manera en la que operan los delincuentes.

Explicó que, en muchos casos, las operaciones son realizadas directamente por el usuario, lo que reduce las posibilidades de detección. “Si son estafas y el cliente hizo la transacción, por ende hay pocos indicios de que sea ilegal”, señaló.

Como ejemplo, describió esquemas en los que las víctimas son engañadas progresivamente mediante incentivos económicos. “Ofrecen ganar dinero por tareas simples, pagan una primera cantidad y luego piden depósitos para seguir participando”, explicó.

En estos casos, las transacciones cumplen con todos los parámetros habituales: se realizan desde el dispositivo del usuario, con sus credenciales y en horarios normales. “Lo hizo con su teléfono, con su biometría, con un token. Es como que el cliente lo hizo”, indicó.

Por su parte, Porres señaló que incluso existen casos en los que el propio tarjetahabiente puede generar controversias en las transacciones. “Han pasado casos donde el cliente hace la compra y luego reporta que alguien más lo hizo”, explicó.

Además, advirtió que la facilidad tecnológica juega un doble rol. “La tecnología ayuda, pero también facilita que alguien use los datos sin necesidad de tener la tarjeta física”, indicó.

Según el experto de Bancert, la principal brecha no es únicamente tecnológica, sino también conductual. “Creemos que el punto está en el usuario”, afirmó. Además, advirtió que la tecnología, si bien fortalece los sistemas de seguridad, también puede ser utilizada por los delincuentes para cometer actos ilegales de manera más sencilla.

Se requiere más educación

El especialista destacó la necesidad de fortalecer la educación en ciberseguridad como una medida clave para reducir riesgos. El experto de Bancert explicó que muchas estafas se basan en la manipulación emocional. “La mayoría se basa en urgencia o en un beneficio rápido; si no se hace rápido, se pierde”, indicó.

Este tipo de estrategias afecta a distintos segmentos de la población. “Está cayendo gente joven, pero también gente adulta”, afirmó. Asimismo, señaló que algunos casos están vinculados con la búsqueda de ingresos rápidos o con decisiones de compra importantes.

Por su parte, Mario Porres enfatizó la importancia de desarrollar hábitos de verificación antes de interactuar con contenido digital. “Es de tener cuidado, de estar informado, ver bien cuando le mandan links, si es algo habitual o raro, es mejor investigar”, recomendó.

También subrayó la importancia de revisar direcciones web y evitar compartir información sensible. “Nunca dar datos que no se deben dar, todo se tiene que hacer en una plataforma válida, no por teléfono o correo”, explicó.

Según Porres, entender cómo funcionan las direcciones web y los enlaces es clave para evitar engaños. “Hay que leer bien antes de abrir un link, ver que sea el dominio correcto y no algo confuso”, indicó.

Además, destacó la necesidad de adaptarse a nuevas tecnologías más seguras. “Ya se están usando métodos como pagos desde el celular, eso reduce el riesgo si se usan plataformas válidas”, afirmó. En esa línea, señaló que aún existe un rezago en la adopción de estas herramientas. “Todavía vemos mucha gente que usa tarjetas de plástico cuando puede usar su celular. Es un tema de educación”, dijo.

El experto de Bancert consideró que la prevención debe ser un esfuerzo compartido. “Tiene que ser una labor en conjunto”, indicó. En ese sentido, mencionó que las entidades bancarias pueden realizar sus gestiones y notificaciones, pero que también es necesario el involucramiento de otras instituciones; entre ellas, las agencias bancarias, la Superintendencia de Bancos (SIB) y el Ministerio Público (MP).

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ESCRITO POR:

Mauricio Álvarez

Periodista en colaboración con el proyecto Guatemala No Se Detiene.