Poblados ajenos al crimen

En el 2015 ocurrieron cinco mil 718 homicidios en Guatemala. La población era de 16 millones 176 mil 132 personas, lo que significa una tasa de 35 homicidios por cada cien mil habitantes, y coloca al país como uno de los más violentos del mundo.

En Sololá la organización comunitaria contribuye a reducir los índices delincuenciales.(Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
En Sololá la organización comunitaria contribuye a reducir los índices delincuenciales.(Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Pese a esa desalentadora información, en el país hay territorios que prácticamente viven ajenos a la violencia que domina en su mayoría al área metropolitana.

Sololá, Totonicapán, Baja Verapaz y Quiché son departamentos que históricamente han tenido bajos niveles de homicidios.

Incluso han existido meses en los que no se registran hechos violentos en sus territorios y hay algunos municipios que no tienen muertes violentas en todo un año.

Autoridades locales consideran que esto se debe a que en esos territorios hay una buena organización de las comunidades, los pobladores respetan las jerarquías y en general las personas tienen una buena comunicación con las fuerzas de seguridad, lo que facilita el trabajo de estas y mantienen un área sin violencia.

Contraste

En el 2012, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito publicó un estudio de las tasas de homicidios anuales que incluía a la mayoría de países del mundo.

En ese año, Guatemala tenía una tasa de 40 homicidios por cada cien mil habitantes y ocupó el sexto puesto a escala mundial.

En ese mismo informe se precisa que Honduras, Belice y El Salvador ocupaban el segundo, tercero y quinto lugar, respectivamente, por lo que esta región —el Triángulo Norte— se podía considerar como la más violenta del planeta, pese a que ninguno de esos cuatro países tenía un conflicto bélico activo.

En medio de esa violencia desbordante que enluta a miles de familias al año, hay ejemplos paradigmáticos en el país.

Sololá destaca porque en el 2015 registró únicamente 45 homicidios, lo que representa el 0.4 por ciento del total de ese tipo de sucesos en el país.

En Sololá, en promedio, ocurrió un hecho violento cada 15 días, algo que contrasta con el dato del departamento de Guatemala, donde murió una persona de manera violenta cada cinco horas.

Otro dato relevante es que Sololá, según los datos del 2015, tiene una tasa de cinco homicidios por cada cien mil habitantes, 30 menos que la cifra promedio nacional.

Histórico

El ejemplo de Sololá no es exclusivo del 2015, los datos del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) revelan que desde enero del 2011 hasta julio del 2016, ese departamento ha sido el territorio donde menos homicidios se han reportado.

En casi cinco años han muerto 32 mil 733 personas de forma violenta en Guatemala, pero en Sololá solo han ocurrido 171 homicidios, lo que representa el 0.5 por ciento.

Es decir que, en cinco años y medio, Sololá tiene un promedio menor a tres personas muertas de formar violenta por mes, alrededor de un homicidio cada 12 días.

Totonicapán también destaca por su baja incidencia de homicidios. Desde enero del 2011 a la fecha han ocurrido 193 crímenes, el 0.6 por ciento del total nacional.

Al igual que Sololá, Totonicapán registra, en promedio, tres muertes violentas al mes en los últimos 66 meses, lo que supone un homicidio cada 10 días.

El tercer lugar lo ocupa Baja Verapaz, donde han ocurrido 247 homicidios en casi cinco años.

En Baja Verapaz se reportan cuatro muertes violentas al mes, en promedio, lo que significa un homicidio cada ocho días.

Quiché sigue en la lista y según la comparación de datos del Inacif, han reportado 305 homicidios.

Esto es el 0.9 de las muertes violentas ocurridas a escala nacional en cinco años y medio, que es igual a decir que tiene un promedio de cinco homicidios por mes o un hecho delictivo de ese tipo cada siete días.

Estos cuatro departamentos son los únicos que tienen un promedio menor al 1 por ciento de muertes violentas en los meses que se realizó la comparación, posicionándose como los más pacíficos del país.

Ubicado en el occidente, Totonicapán mantiene históricos indicadores de criminalidad reducida.

Razones

Nery Hernández, comisario de la Policía Nacional Civil asignado a Sololá, comentó que los bajos índices de violencia son “una organización social bastante fuerte”.

“Las alcaldías indígenas son primordiales. Su autoridad hace que no sea tan fácil que integrantes de grupos criminales se infiltren en las comunidades”, aseguró Hernández.

El jefe policial aseguró que la organización es tan eficiente que “previene desde robos de gallinas hasta secuestros”.

“Sin una eficiente comunicación con la población es difícil lograr algo”, aseguró el comisario.

Los líderes comunitarios han aprendido a trabajar en coordinación con la policía y la confianza es tal que los pobladores alertan a sus líderes y estos a la policía cuando ven a una persona o vehículo sospechoso.

El comisario indicó que casi el 90 por ciento de los sucesos en Sololá ocurren en aldeas cercanas a Suchitepéquez, donde no existe una organización comunitaria; en el resto, donde sí hay líderes comunitarios, no se reportan homicidios en meses, incluso en años.