Exclusión y marginación han causado migración de casi 150 mil menores en diez años

Indicadores de la niñez explican en parte la alta migración a EE. UU. La mayoría de los menores que se entregan a las autoridades estadounidenses cada año han sido guatemaltecos.

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Un agente de la Patrulla Fronteriza revisa los papeles de una mujer y una niña al llegar a la frontera sur. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Un agente de la Patrulla Fronteriza revisa los papeles de una mujer y una niña al llegar a la frontera sur. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Sin esperanza alguna de un futuro mejor, miles de niños han migrado solos de Guatemala a EE. UU. en la última década.

Aunque enviar a un menor de edad en un viaje que puede ser de dos mil a cuatro mil kilómetros en medio de innumerables peligros y sin ninguna compañía puede parecer una locura, las condiciones de vida por las que atraviesan en el país explican en parte por qué los padres toman esa dura decisión.

La Patrulla Fronteriza (CBP en inglés) ha detenido en 10 años hasta febrero pasado, 149 mil 749 menores de edad guatemaltecos que llegaron a su frontera sur solos. Sus condiciones de vida parece que se han deteriorado progresivamente, prueba de ello es que, del total, el 70 por ciento migró en los últimos cinco años, 104 mil 837.

Aunque la CBP no hace diferenciación de las edades en su sitio web, en ocasiones anteriores las autoridades han identificado que la mayoría de los aprehendidos son de 12 a 17 años, aunque hay de todas edades.

Las estadísticas revelan que el 2019, 2018 y 2016 fueron los años cuando hubo mayor migración de menores de edad no acompañados. Además, que del quinquenio del 2011 al 2015 ocurrieron 44 mil 912 detenciones mientras que del 2016 al 2020 y los cinco meses del año fiscal 2021, estas han sumado 104 mil 837.

Situación social

El fin de semana pasado fue noticia la historia de Óscar, un niño guatemalteco que narró su terrible experiencia en la travesía que lo condujo desde Guatemala hasta EE. UU. y los múltiples problemas que atravesó, con los cuales puso en riesgo su vida.

La agencia de noticias AFP recogió las palabras del chico de 12 años, quien en medio de la angustia confesaba que había salido de Guatemala porque su familia no tenía que comer y porque en EE. UU. tenía esperanzas de estudiar.

El caso de Óscar ilustra la dura realidad que atraviesan miles de niños en Guatemala, principalmente en la provincia, que ha empeorado a raíz de la pandemia.

Entre el año pasado y este, la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia, que es la institución encargada de recibir a los menores de edad que son deportados, ha registrado el arribo de 5 mil 267 niños, niñas y adolescente guatemaltecos desde México y EE. UU., la mayoría eran de San Marcos, Huehuetenango y Quiché.

Un reporte de la Procuraduría General de la Nación del 2018 detalla que el 60 por ciento de los menores retornados eran de estos departamentos que se ubican en la parte baja en el listado de los departamentos, según el más reciente Informe Nacional de Desarrollo Humano, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

En el caso de la pobreza, por ejemplo, según informes del Instituto Nacional de Estadística el 60 por ciento de las familias vive en pobreza y 23.4 por ciento en pobreza extrema. Ambas han aumentado desde el 2000, lo que se convierte en el principal factor de expulsión de migrantes.

La pobreza tiene una íntima relación con la desnutrición crónica, que es la deficiencia de talla y peso en relación con la edad de un menor. En Guatemala los índices más actualizados dan cuenta de que el 50 por ciento de los menores de 5 años la padece.

En el caso de la desnutrición aguda. Los casos reportados en el 2020 aumentaron en relación con el 2019 un 81%. En total se registraron 27 mil 590 casos y 50 fallecimientos, de acuerdo con el Sistema de Información Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional.

 

Esto significa que tres de cada cuatro menores de edad guatemaltecos no tienen la oportunidad de comenzar una carrera a nivel medio que le sirva para iniciar la universidad.

Por si eso fuera poco, la violencia también se ha convertido en un serio problema que afecta a la niñez y adolescencia.

Una encuesta efectuada el año pasado por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reveló que el 20 por ciento de familias de los países del Triángulo Norte de Centroamérica migró por amenazas de muerte, para huir del reclutamiento forzoso de pandillas, extorsiones y otras formas de violencia.

En Guatemala, el año pasado 468 menores de edad perdieron la vida en hechos violentos, mientras que el Instituto Nacional de Ciencias Forenses llevó a cabo 4 mil 775 exámenes por posibles delitos sexuales en contra de la niñez. Como consecuencia de abusos sexuales, en el 2020 hubo 4 mil 545 embarazos de niñas de 10 a 14 años, un promedio de 11 al día.

La migración de menores de edad no acompañados creció fuertemente en los últimos cinco años. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Consecuencias

Un informe de Unicef alerta que “los altos niveles de pobreza repercuten directamente sobre una serie de indicadores que miden el bienestar de estos niños y limitan enormemente su acceso a la nutrición, la atención médica y el saneamiento adecuados”.

Además, que muchas familias que viven en situación de pobreza no pueden mandar a sus hijos a la escuela y “en aquellos casos en los que sí pueden hacerlo, los niños suelen recibir una educación de baja calidad en escuelas con recursos insuficientes en las que los propios profesores tampoco tuvieron acceso a una formación adecuada”.

El director ejecutivo de Ciprodeni, Otto Rivera, refirió que la pobreza y pobreza extrema es la primera causa de migración desde Guatemala, así como de Honduras y de El Salvador. A este le sigue la violencia, la ausencia de políticas sociales en su favor y por último la necesidad de reunificarse con los familiares en EE. UU.

Rivera resalta que los menores migran a pesar de que están conscientes de los riesgos que enfrentan en el trayecto, desde robos, secuestros, abusos sexuales hasta accidentes automovilísticos.

La historia de Oscar, un niño no acompañado de Guatemala captó la atención mediática el fin de semana. (Foto Prensa Libre: AFP)

Aunque en 10 años se ha habido algunos avances como la aprobación del Código de Migración y la creación del Protocolo para la Atención y Repatriación Digna de los Niños, Niñas y Adolescentes Migrantes, el director de Ciprodeni afirma que no son suficientes, sobre todo porque las instituciones involucradas no han sabido trabajar de manera coordinada.

“Hay que pasar de esfuerzos aislados a una institucionalidad de Estado que actúe coordinadamente”, señala.

Rivera cita cifras del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, según las cuales el Estado invierte en promedio Q8.89 por niño al día, con los cuales es “imposible” cubrir las necesidades básicas de salud, alimentación, educación, protección integral y recreación de los niños niñas y adolescentes, que representan el 51% de la población guatemalteca.

Valla de la frontera sur de EE. UU., el destino  final de muchos niños migrantes. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Acciones  

Con relación a acciones para revertir los números negativos de los indicadores relacionados con la niñez, la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia, dijo que el presidente Alejandro Giammattei puso en marcha el plan de reactivación económica y de beneficio social que busca generar empleo y asistir a los guatemaltecos que viven en zonas vulnerables para convertirlas en modelos de desarrollo.

Para empezar, trabajarán en la zona de adyacencia entre Guatemala y Belice y la región del Polochic ya que ambas zonas comparten altos índices de pobreza, así como la constante amenaza del narcotráfico y del crimen organizado transnacional.

Estos proyectos buscan el desarrollo económico y social de las comunidades para que “tengan mejores capacidades para hacer frente a los retos que enfrentan y que los vuelven más vulnerables a la migración irregular o a participar en actividades ilícitas”, enfatizó la Secretaría.