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Francisco Pellizzari: “Ahora vemos cómo la violencia y la crueldad se filtra en los movimientos migratorios”

Francisco Pellizzari es quien ahora está a cargo de la Casa del Migrante en ciudad de Guatemala y llegó a país justo cuando Giammattei propuso ser más drásticos con los coyotes que movilizan a cientos de migrantes hacia Estados Unidos.

Padre Francisco Pellizzari, se presentó como el nuevo director de la Casa del Migrante Guatemala. Estuvo durante 15 años en las casas del migrante de la frontera norte con México y Estados Unidos, ahora estará a cargo de la casa en Guatemala donde seguirán brindando atención a los migrantes. (Foto Prensa Libre: Erick Ávila).

Padre Francisco Pellizzari, se presentó como el nuevo director de la Casa del Migrante Guatemala. Estuvo durante 15 años en las casas del migrante de la frontera norte con México y Estados Unidos, ahora estará a cargo de la casa en Guatemala donde seguirán brindando atención a los migrantes. (Foto Prensa Libre: Erick Ávila).

En una mañana tranquila que advertía la presencia de pocas personas en la Casa del Migrante que buscaban un poco de atención en su paso por esta capital, se encontraba el padre Francisco Pellizzari, el nuevo director de esta casa quien llegó los primeros días de enero al país, en sustitución de Mauro Verzeletti, quien estuvo en Guatemala durante 23 años.

Pellizzari pertenece a la orden de los Misioneros de San Carlos Scalabrinianos desde hace más de 30 años. Argentino, de padres italianos, inició con su misión en San José, California en Estados Unidos.

De forma paradójica, Pellizzari tuvo sus primeros acercamientos con la migración en el continente americano en el lugar de destino que muchos centroamericanos elijen. Luego, se trasladó a México donde estuvo por 15 años en ciudades como Nuevo Laredo, Agua Prieta (Sonora), Ciudad Juárez y, por último, en Guadalajara.

Del 2010 al 2013 estuvo en Guatemala donde solicitó tener presencia en la Fuerza Aérea para ayudar a quienes deportaban. “Con la Organización Internacional para las Migraciones y Flacso, empezamos a recibir a los migrantes que llegaban en tres o cuatro vuelos semanales, no es como ahora y eso me tocó hacerlo en Guadalajara también cuando Estados Unidos empezó a deportar vía aérea a los mexicanos para alejarlos de la frontera”, cuenta.

Con la experiencia de atención al migrante en el lugar de destino y a su paso por territorios como el mexicano y guatemalteco, Pellizzari hace una reflexión de cómo este fenómeno se ha vuelto más violento y cruel.

En estas pocas semanas que lleva en Guatemala, ¿Ha visto cambios en el perfil del migrante como al que conoció hace 10 años?

Si, las olas de flujos migratorios hace 10 años no existían o no eran tan visibles. Las caravanas, la presencia de migrantes de Venezuela, Haití, Nicaragua y otros lugares que anteriormente se veían pero muy raramente. Esa es la novedad, a veces son flujos espontáneos y otras veces motivados por redes que fomentan el camino. La historia nos enseña que cuando un país llega a un nivel económico estable que permite vivir de manera digna, no hace falta construir muros porque la gente no quiere salir. El migrante no es un aventurero, no es una persona que busca nuevos nidos porque le encanta cambiar, es una persona expulsada por diversos fenómenos. Pero esto toca algunos intereses partidarios y sectoriales y por eso siempre se dan soluciones parciales. En nuestras casas del migrante hemos tenido un cuidado enorme con este fenómeno del coyotaje por los migrantes que muchas veces son estafados o motivados por falsas promesas. Es interesante porque esta realidad nos hace regresar a los orígenes de nuestra misión. Nuestro fundador, hace 130 años, llamaba a los coyotes traficantes de carne humana al referirse al fenómeno migratorio que acontecía en Europa y ahora aparece esta realidad que se va perpetuando, así como se perpetúan los motivos y las causas. Leemos los textos de ese tiempo y nos hace pensar que estamos leyendo crónicas de ahora, pero ahora vemos cómo la violencia y la crueldad se filtra en los movimientos migratorios que hace mucho más complejo y difícil la intervención.

Hace 40 años se hablaba del coyote como el guía de los migrantes, ahora es un mercenario pagado al que no le importa nada”.

Si en la casa del migrante antes podías abrir las puertas, ahora tenemos algunos filtros de seguridad, tomamos los datos y sacamos la foto de la persona, por si después desaparece aquí tenemos la posibilidad de poder tener al menos el registro de su paso. También tenemos casos de que cuando son coyotes, estos filtros previenen de que ellos vengan si no quieren ser controlados. En ese tiempo, esto no existía, por eso hablo de un fenómeno más complejo que requiere una respuesta más elaborada y apropiadas a esta realidad.

Un mural con el rostro del padre Mauro Verzeletti, permanece en una de las paredes de la Casa del Migrante en zona 1. (Foto Prensa Libre: Erick Ávila)

¿Ustedes se han visto amenazados directamente por esta violencia y criminalidad que rodea la migración?

En general podemos decir que cuando se interviene en defensa del migrante hasta que se toca ciertos niveles medios bajos, no hay problema. Nos dejan hacer. Pero cuando se comienzan a tocar a esferas un poco más altas, comienzan las amenazas y chantajes, incluso a nivel de gobierno. Eso nos pasó en Ciudad Juárez cuando hicimos una denuncia contra la policía municipal que abusaba de los migrantes, la semana siguiente llegaron los de salubridad a inspeccionar nuestra casa para saber si estaba en condiciones para hospedar gente y por supuesto que no teníamos todas las condiciones, si ni siquiera ellos tenían eso. En Nuevo Laredo tuvimos amenazas muy fuertes y directas de parte de la criminalidad organizada, llegaban a la puerta criminales armados para poder sacar a algunas personas que según ellos habían entrado, pero nosotros mantuvimos la línea y decíamos “aquí de esta puerta no se pasa”. Mantener firme esa presencia llega a dar cierta autoridad moral, me imagino que ellos prefieren no hacer tanto problema y dejarnos trabajar. Pero la responsabilidad directa y mayor es de las autoridades, cuando se hace una obra de asistencia y de respuesta al fenómeno migratorio adecuada y profesional, la migración se queda como un fenómeno y no como un problema. El migrante se vuelve una persona en tránsito y no un delincuente o alguien que molesta a la sociedad y eso depende de los gobiernos.

Usted viene cuando el Congreso de la República, a pedido del Presidente Alejandro Giammattei, aprueba sanciones más drásticas contra los coyotes. ¿Cómo ve eso?

El coyotaje es una injusticia sobre otra injusticia porque sabemos que es una criminalidad que existe y que no es nueva, pero es interesante cómo la voz de un migrante en nuestra casa nos dijo: “sin ellos nosotros no podemos movernos, estamos atorados, necesitamos servirnos de ellos”, el problema es que, por esta necesidad, son los coyotes los protagonistas de crímenes y de situaciones difíciles de crueldad. Me acuerdo de que hace 40 años se hablaba del coyote como el guía de los migrantes, ahora es un mercenario pagado al que no le importa nada los migrantes. Por supuesto, criminalizar y perseguir a estas personas me parece que es uno de los puntos que hay que intervenir, pero no es el único ni es la solución.

Viendo esto, junto con los accidentes en carretera donde han muerto miles de migrantes, el flujo de deportados que aumenta y que ninguna de estas situaciones hace prevenir la migración como a las autoridades les gustaría pensar. ¿Podríamos decir que el precio de la migración ha aumentado?

Si, estamos hablando de que, si no hay una estrategia de intervención desde la raíz, las otras cosas son paliativas y al mismo nivel podemos poner los muros de Estados Unidos. Los migrantes tienen dificultad de entrar a las ciudades fronterizas y lo que hacen es ir a otros lugares donde podrían correr más riesgos. Los flujos migratorios no se detienen quitando los coyotes en el camino, ellos seguirán con o sin coyote, con o sin muros, y lo que pasa con esto es que pagan el precio los más débiles. Muertes, personas accidentadas, violadas y la problemática se hace cada vez más compleja.

Padre Francisco Pellizzari pertenece a la orden de los Misioneros de San Carlos Scalabrinianos desde hace más de 30 años. Argentino, de padres italianos, inició con su misión en San José, California en Estados Unidos. (Foto Prensa Libre: Erick Ávila).

¿Qué implica su llegada al país?

Continuar con la obra de los Scalabrinianos. Es importante conocer que quienes estamos al frente somos personas de paso y somos personas respaldadas por nuestra comunidad. Yo soy lo visible de la comunidad religiosa, pero somos todos los que estamos trabajando, aquí hay otros cuatro sacerdotes que se encargan de otras realidades.

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