Ademar Barilli: La fe se justifica con obras, si no mejor no ir a la iglesia

Para Ademar Barilli  el servicio es el lenguaje universal. Lleva 24 años de atender a migrantes en Ciudad Tecún Umán.

Ademar Barilli rechazó en su juventud entrar en política por considerarla llena de engaños. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)
Ademar Barilli rechazó en su juventud entrar en política por considerarla llena de engaños. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Una mirada profunda pero amable te examina mientras te tiende la mano. Así recibe a los visitantes el padre scalabriniano Ademar Barilli, quien dirige la Casa del Migrante de Ciudad Tecún Umán, San Marcos, la frontera que más caminantes ha visto pasar hacia México en los últimos 24 años. 
 


Nacido en Río Grande del Sur, Brasil, en 1956,  de padres migrantes italianos, Barilli se reconoce ahora “más guatemalteco”.
 
“Hablo mejor el español que el portugués”, dice, mientras se acomoda en su oficina para hablar de algo que pareciera incomodarle: su vida antes de la misión. 
 
Barilli ingresó al seminario a los 14 años. Su padre murió un año después y estuvo a punto de abandonar sus estudios porque su madre no podía pagarlos; sin embargo, desde que tenía  7 años conoció el trabajo, por lo que prácticamente tuvo que pagarse sus estudios de sacerdocio. 

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Ha liderado la Casa del Migrante con firmeza, al igual que lo hizo, alguna vez, al frente de hasta ocho mil estudiantes en la universidad y en el movimiento social que fue parte de la fundación del Partido de los Trabajadores, que llevó a Ignacio Lula da Silva al poder en el 2003.
 
Barilli es uno de los más autorizados para hablar de la crisis migratoria, pues las últimas dos décadas ha atestiguado el paso de hasta 18 mil migrantes al  año. 
 
Ha conocido la política de cerca. ¿Le interesó?
 
Cuando terminé   Filosofía querían que siguiera la carrera política, pero no quise, porque me di cuenta de que dentro de los partidos políticos hay mucho engaño, mentira e hipocresía (…) Continué mis estudios de Teología y fui a Sao Paulo, trabajé con la migración interna, terminé la Teología y pedí trabajar en México. Empezamos una misión con los braceros en 1989. Trabajé cuatro años. 

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¿Cuál es la principal motivación para trabajar con migrantes?
 
Ver el sufrimiento de nuestros padres y el que uno mismo vivió. Yo empecé a trabajar con 7 años. Antes tenía que recoger leche, llevarla a una fábrica de queso y luego iba a la escuela. Por la tarde, trabajo de campo. Mi papá decía: “Aquí el que no trabaja no come”.
 
¿Cómo descubrió  su vocación religiosa? 
 
En la misma iglesia había un grupo de la teología de la liberación, estaban involucrando mucho a la gente a la fe y a la política, pero no partidaria, sino de dar respuestas sociales a través de la fe, y me fue animando y me animé. Brasil fue muy abierto con los migrantes y es una forma de devolver lo que nos dio.  
 
A Guatemala llega el 10 de marzo de 1995. ¿El trabajo fue más fácil? 
 
Llego porque fui desterrado de México. En ese momento un compañero había comenzado en Catarina –San Marcos— y no se acopló. Luego me habló el obispo —Álvaro- Ramazzini— y me invitó.


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Precisamente porque en 1993 inicia el muro —en la frontera de México y EE. UU.— y empiezan los problemas. Ya en 1995 la oficina atendía hasta 80 migrantes al día y no había con qué.
 
¿Cómo nació el proyecto de la Casa del Migrante?
 
Yo traía la experiencia del norte y les dije que no quedaba otra cosa que construir la casa. Pero no teníamos dinero. Tuve suerte porque hablé con el alcalde y ahí vi que Dios existía. En una semana conseguí el terreno y un amigo mío, alemán, que nació cerca de donde mi mamá, se fue a trabajar en Cáritas, en Alemania, y conocía mi trabajo y me ayudó con US$65 mil.
 
¿Hasta dónde llegan los servicios de la Casa del Migrante?
 
No es un albergue, me molesta que me digan que es un albergue. Sí damos albergue, pero aquí damos albergue todos los días del año. Recibimos el año del Stan —2005—, más de 18 mil migrantes.

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Llegamos por momentos a tener 140 migrantes por noche y se les dan servicios de salud, psicología y orientación legal.
 
Al ser dirigida por un sacerdote se piensa que la actividad de la Casa del Migrante es religiosa. 
 
Aquí no permito predicación, aquí el que quiera ayudar es con su servicio,  es el idioma que todos entienden. Venís a hablar de Dios aquí, habla mucho más de Dios el que actúa, el que tiende la mano a los demás, que estar hablando de Dios. Aquí no se permite esto. 

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El Gobierno ha recortado el presupuesto para el próximo año. ¿Cuánto le afectará?
 
Me da mucha pena que el Gobierno, por medio millón —de quetzales—, nos corte el dinero.
 
¿Cuántos millones se gastan en lo robado, por la corrupción? ¿Y por los migrantes?
 
La pregunta es ¿qué hace el Gobierno de Guatemala por los migrantes? Qué tipo de diputados son esos, porque si los diputados conocieran, vinieran.
 
Significa que si quieren   pueden. Ahora si quieren hacer mal las cosas también lo pueden hacer.

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