Alejandro Giammattei: un discurso emotivo donde dijo lo que todos querían escuchar

El primer discurso de Alejandro Giammattei fue emotivo y a la vista de algunos analistas, expertos en política, dijo lo que tenía que decir, con buen tono y generando las expectativas adecuadas para iniciar un gobierno.

El presidente Alejandro Giammattei, durante el discurso luego de asumir la Presidencia. (Foto Prensa Libre. Hemeroteca PL)
El presidente Alejandro Giammattei, durante el discurso luego de asumir la Presidencia. (Foto Prensa Libre. Hemeroteca PL)

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Calderón dice que las tres iniciativas no van a las causas estructurales e históricas de la grave crisis del país, sino que apelan a las emociones de la gente y medidas de impacto mediático y social.

Mencionó una nueva Ley de Servicio Civil.  Fue en este momento que mencionó a la Fiscal, diciendo, “…la justicia debe ser independiente señora fiscal, señor contralor y señor PGN”.

Anunció que respetuoso de la ley, se deslinda del partido oficial para ser representante de la unidad nacional, lo cual difícilmente cumplirá por la serie de compromisos adquiridos. Después de muchos años e intentos, por fin llegó pero no exento de deudas, no solo económicas sino políticas.

¿Cómo resolverá la conflictividad?

El también analista político Luis Velasquez dice que Giammattei valoró la riqueza natural del país, pero no abordó en ningún momento cómo combatir la expoliación y la explotación de los recursos desde un enfoque de lucha contra el cambio climático.

Tampoco cómo enfrentaría la entrega de licencias mineras o extractivas a cambio de sobornos y dádivas de todo tipo; o cómo colaboraría para resolver los conflictos entre las comunidades y las empresas extractivas; ni planteó cuáles son los beneficios a largo plazo de tener un modelo basado en él saqueó de recursos naturales cuando el deterioro del medio ambiente está amenazando el futuro de la humanidad.

En cuanto a su anuncio del combate a las pandillas, el presidente Giammattei, según Velásquez,   tardó 15 minutos para relucir su talante autoritario. Primero le apuesta a la criminalización al extrapolar la calificación terrorista a toda expresión de violencia organizada y luego dice que se deben atender las causas radicadas en la exclusión social y económica.

Lo cierto es que no puede hacer la segunda pensando en la primera. Los resultados de estas experiencias de “mano dura” y de luchar contra las pandillas como si estuvieses luchando contra ISIS son ampliamente conocidos: más violencia, más pobreza. Más subdesarrollo.

Velásquez dice que en ningún país se redujo o eliminó la violencia con estrategias de guerra. Todas fracasaron. Por eso no se puede utilizar de forma arbitraria y generalizada el concepto terrorista y aplicarlo a cualquier hecho de violencia urbana. Es contraproducente y generalmente las terminan aplicando a la protesta social, a las juventudes vulnerables y estigmatizadas, a los pueblos que se organizan para frenar los proyectos extractivos, menos al crimen organizado; sobre todo, en sociedades con historias autoritarias y conservadoras en el poder.

Desmarcarse de la directiva del Congreso

Velásquez dice que para a la  recuperación de la credibilidad del Estado, lo primera que tendrá que hacer es desmarcarse de la primera imagen que dejó su partido en la elección de la Junta Directiva donde fue a buscar los votos de quienes en la legislatura 2016-2020 impulsaron una agenda regresiva, dentro de la cual aprobaron la polémica ley de aceptación de cargos y en la que instalaron una Comisión para purgar todo lo actuado por la CICIG y el MP en materia anticorrupción

Velásquez dice que Giammattei destacó la dificultad que tiene el país para trazar agendas comunes e insistió en la homogeneidad, pero obvió que somos una sociedad diversa ideológica, cultural y étnicamente; y, que, en todo caso, lo que tuvo que haber reivindicado era la capacidad de poder lograr consensos desde el respeto y la valoración de las diferencias. Y no con un simple “sin importar las diferencias”, porque las diferencias importan. De hecho, la política en sí misma, es la posibilidad de acordar desde lo distinto.

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