El papa Francisco da el primer paso para beatificar al médico francés que descubrió el síndrome de Down

El papa Francisco aprobó hoy el decreto que reconoce las “virtudes heroicas”, primer paso para la beatificación del médico francés Jérôme Lejeune, un conocido antiabortista que en 1959 descubrió la anomalía cromosómica causante del síndrome de Down.

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Foto de archivo de 1962 tomada en Paris, Francia y que muestra al pediatra y genetista Jerome Lejeune, quien descubrió el gen que causa el síndrome de Down, y que el papa Francisco reconoció con "Virtudes Heróicas", el primer paso para la beatificación. (Foto Prensa Libre: AFP)
Foto de archivo de 1962 tomada en Paris, Francia y que muestra al pediatra y genetista Jerome Lejeune, quien descubrió el gen que causa el síndrome de Down, y que el papa Francisco reconoció con "Virtudes Heróicas", el primer paso para la beatificación. (Foto Prensa Libre: AFP)

El genetista tuvo una buena relación personal con el papa Juan Pablo II, que en 1997, durante una visita pastoral a Francia, acudió a orar ante su tumba, situada en el cementerio de la localidad de Chalo-Saint-Mars, a cincuenta kilómetros al sur de París.

Lejeune nació el 13 de junio de 1926 en Montrouge (Francia) y murió en París el de 3 abril de 1994. Padre de cinco hijos y ferviente católico, fue un líder del movimiento antiabortista e incluso llegó a plantear iniciativas judiciales en Estados Unidos.

La anomalía cromosómica “Trisomia 21” descubierta por Lejeune permite el diagnóstico precoz del síndrome de Down, pero él siempre rechazó la opción del aborto para impedir el nacimiento de niños afectados por ese problema.

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El camino hacia la santidad tiene varias etapas: la primera es ser declarado venerable siervo de Dios, la segunda beato y la tercera santo.

Venerable Siervo de Dios es el título que se da a una persona fallecida a la que se reconoce “haber vivido las virtudes de manera heroica”.

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Para que un venerable sea beatificado es necesario que se haya producido un milagro debido a su intercesión, y para que sea canonizado, es decir, elevado a santo, se precisa un segundo milagro obrado “por intercesión” después de ser proclamado beato.