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China: de crisis en crisis

Jorge Jacobs Fb/jjliber

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En las últimas semanas dos crisis se han empezado a materializar sobre China, cual nubes negras en su horizonte: la de su sector inmobiliario y la escasez de energía. Hay muchos factores puntuales a los que se pueden atribuir los problemas actuales, pero de fondo el problema es siempre el mismo: el fallido intento de los gobernantes por querer controlarlo todo.
Y en eso, el partido comunista chino en general, pero en especial el actual dictador, Xi Jinping, se lucen. Estas dos crisis apenas son el principio de los problemas que se les irán multiplicando conforme más férreo sea el control que quieren imponerles a los ciudadanos chinos y a las empresas que operan en el país. Los sueños de enseñorearse del mundo ellos mismos los están descarrilando por no entender las lecciones de la historia.

La crisis actual de energía en China es el resultado de una combinación de factores, entre los que destacan el mayor consumo de energía, no solo en China, sino en todo el mundo, lo que ha llevado a incrementos de precio del gas natural y del carbón. A ello hay que añadir las decisiones políticas, como, por ejemplo, no comprarle carbón a Australia, en represión por las declaraciones del gobierno australiano a la situación política en Hong Kong. Y, adicionalmente, los temas de reducir la contaminación pasando la producción de energía a fuentes renovables, lo que todavía está muy lejos de llegar a concretarse en China.

El impacto alcanzó primero a las industrias —muchas fábricas han tenido que detener operaciones por períodos de hasta una semana o más—, pero ya ha llegado al sector residencial. Conforme pasan las semanas corren el riesgo de sufrir una grave escasez de carbón y gas durante el invierno, los que se utilizan para calentar los hogares. Con muchas fábricas teniendo que cerrar operaciones por falta de energía, los problemas de abastecimiento y logísticos en el mundo se complicarán todavía más en los próximos meses.

La situación cada vez se pone más crítica. Según algunos estimados, China necesitaría 1.85 millardos de toneladas de carbón térmico para producir energía de septiembre a febrero, pero muy probablemente no van a poder conseguir entre 222 millones y 344 millones de toneladas, lo que implica una reducción de entre el 12 y 19%. El Consejo Eléctrico de China ya indicó la semana pasada que comprarán “a cualquier costo” para garantizar la electricidad y la calefacción durante el invierno. De hecho, ya hasta tuvieron que tragarse el orgullo y aceptar envíos de carbón del país a quien querían enseñarle una lección: Australia.

De allí está la crisis del sector inmobiliario. Lo que más se ha oído es acerca de Evergrande, su deuda de más de USD300 millardos y su dificultad para pagar los intereses de la gran deuda que tienen. Pero esa solo es la punta del iceberg. La semana pasada, Daniel Fernández, de UFM Market Trends, publicó un artículo muy interesante sobre el caso de Evergrande y presenta mucha evidencia que sustenta su argumento de que se trata de una “burbuja inmobiliaria” y no solo los problemas de flujo de efectivo de una empresa gigante.

Fernández sostiene que varios indicadores, como la existencia de “ciudades fantasma”, una relación muy alta entre el precio de las viviendas y el precio de alquilarlas, la relación entre el precio de las viviendas y el ingreso per cápita —la segunda más alta del mundo: un ciudadano promedio chino tardaría 146 años en pagar una vivienda si dedicara todo su ingreso a tal fin—, y la proporción del aporte al PIB chino de su sector de bienes raíces; todos apuntan a la existencia de una gran burbuja inmobiliaria que podría pronto estallar.

Nuevamente, si cae Evergrande —y todo apunta a que lo hará en las próximas semanas, a menos que el gobierno salga a rescatarla— sería el inicio de un efecto dominó que pasaría llevándose a muchas otras empresas. Y no hay que ir muy lejos, esta semana otra empresa, “Fantasía”, no logró pagar los intereses de su deuda. Las crisis que empiezan y las que se vienen podrían descarrilar los sueños de dominación de Xi.

P.S.: El artículo de Fernández lo encuentra en Trends.ufm.edu