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Coronavirus: la oportunidad en la amenaza

Jorge Jacobs Fb/jjliber

La amenaza del coronavirus causa escalofríos, y no es para menos. La incertidumbre y el miedo a lo desconocido, aunados a la ligereza con que corren las noticias —verdaderas o falsas— tiene a muchos creyendo que algo así como un “apocalipsis zombi” se cierne sobre la humanidad. Si bien considero que no vamos encaminados a ese tipo de apocalipsis —todavía—, reconozco que la situación es complicada, pero también veo que puede representar una oportunidad para Guatemala.

No hay duda de que las secuelas del coronavirus se dejarán sentir en la economía mundial durante los próximos meses, aun si el contagio se logra detener rápidamente —que lo veo difícil— o por lo menos se estabiliza en un par de meses, como lo ha pronosticado un experto epidemiólogo chino, quien indicó que el brote podría empezar a ceder en abril —Trump también hizo alusión a este dato, argumentando que se acabaría con el incremento de temperaturas estacionales, pero a él se le tomó en broma—. Si el brote no se reduce en los próximos meses, las consecuencias, tanto para la población como para la economía, serán desastrosas, principalmente para China, pero luego al resto del mundo.

En el caso de Guatemala, esto nos puede afectar en la cadena de suministros de productos chinos, pero también puede ser una gran oportunidad, si lo sumamos a los demás factores geopolíticos que se han venido alineando en el último par de años. Entre ellos puedo mencionar la “guerra arancelaria” entre Estados Unidos y China, que ha hecho a muchas empresas estadounidenses —pero también de otras nacionalidades, incluidas chinas— considerar sacar sus operaciones de China, o por lo menos las nuevas inversiones hacerlas en alguna otra parte. Para las empresas que desean enviar productos a Estados Unidos, la siguiente opción para radicar sus fábricas es en México, pero resulta que, con AMLO, ni los mismos empresarios mexicanos —no todos, pero sí una parte importante— se atreven a invertir en el país y ellos mismos andan a la búsqueda de dónde relocalizar sus industrias.

A ello hay que sumar que la situación en el resto de Latinoamérica no está muy bien, y resulta que Guatemala es, por ahora, el país que mejor aparenta estar. Adicionalmente, nuestro país —para bien o para mal— está en la mira del gobierno de Trump para reducir lo más posible la emigración hacia el norte. Eso hace que seamos uno de los países que más pueden promocionar dentro del plan “América Crece”, cuyo objetivo es incentivar a empresas estadounidenses a que inviertan y pongan fábricas en los países latinoamericanos, pero principalmente en el Triángulo Norte.

Y si a todo ello sumamos el interés que el gobierno de Alejandro Giammattei aparenta tener en atraer más inversiones al país, considero que casi todo se alinea para ofrecer un futuro muy promisorio para los guatemaltecos. Digo casi todo porque los factores externos están alineados, pero los internos no tanto. La falta de certeza jurídica y la infraestructura mala e insuficiente son dos de los factores más importantes que obstaculizan las decisiones de inversión. Las ZDEEP y, si se aprueba la nueva ley, las zonas francas, son factores que podrían contribuir a acelerar las decisiones.

Las complicaciones del coronavirus en China podrían ser el detonante que faltaba. Según un estudio del Bank of America Securities, se está dando un cambio “tectónico” en las cadenas globales de suministros, y la mayoría de las empresas transnacionales tienen planes para mover al menos una porción de sus cadenas de suministros de donde las tienen actualmente. La oportunidad está disponible, de nosotros depende si la aprovecharemos.