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¿Cuál es el objetivo del impeachment?

Jorge Jacobs Fb/jjliber

Los representantes demócratas anunciaron este martes dos acusaciones en el proceso de impeachment —juicio político— contra Donald Trump, por abuso de poder y obstrucción a las labores del Congreso. Con ese anuncio marcaron la línea de no retorno en este enfrentamiento a muerte con Trump, en el que muy probablemente se definirá el futuro político de Estados Unidos —y del mundo— en el próximo lustro. ¿Cuál será el desenlace?

Yo estoy convencido de que el juicio político contra Trump no prosperará. Me explico. La semana entrante será la votación al respecto en la Cámara Baja. Como esta tiene una mayoría de representantes del partido demócrata, casi no hay duda de que los “artículos de la acusación” serán aprobados, ya que solo se necesita una mayoría simple. Pero ese solo es el primer paso. De allí deberá pasar al Senado —la Cámara Alta— en donde se llevará a cabo el verdadero “juicio político” contra Trump, y donde se decidirá si se desestiman los cargos o se le destituye.

Aquí la cosa se complica para los demócratas porque esta cámara tiene mayoría republicana y, además, la decisión en contra del presidente debe ser aprobada por una “supermayoría”; es decir, las dos terceras partes del Senado. Los demócratas ahorita tienen 45 senadores y hay dos independientes. Presumiendo que obtuvieran los votos de los independientes, los demócratas necesitarían convencer a 19 senadores republicanos que voten en contra de Trump, para destituirlo. Eso es virtualmente imposible. Lo que me lleva a la pregunta del millón: si los demócratas saben que es imposible destituir por un juicio político de este tipo a Trump, ¿por qué lo están presentando?

A mí se me ocurren dos hipótesis para contestar esa pregunta. La primera es que los demócratas tienen algún As escondido bajo la manga, el cual consideran que será lo suficientemente poderoso para lograr convencer a por lo menos esos 19 republicanos de votar contra Trump. Esto debería ser algo tan explosivo que no haya chance de que el presidente se libre. Veo poco probable que se dé esto, pero hay que plantearlo.

La segunda hipótesis es que los demócratas estén convencidos de que, a pesar de que lograrán destituir a Trump, dañarán lo suficiente su imagen, que perderá la reelección. Esto lo veo como un escenario más probable, aunque no creo que nada de lo que le puedan sacar a Trump lo desprestigie tanto como las cosas que él mismo hace.

Una tercera probabilidad —sugerida por Reny Bake, aunque ampliada por mis elucubraciones— es que los demócratas ya dan por descontado que Trump será reelecto, pero utilizarán el juicio político como arma electoral contra los senadores republicanos de los swing states, con la esperanza de lograr la mayoría también en el Senado.

En cualquier caso, considero que es una apuesta muy arriesgada —casi llegando a desesperada— de los demócratas y que lo más probable es que les salga el tiro por la culata.

Mientras tanto, la economía estadounidense sigue viento en popa, al grado de que algunos de los analistas que hace unos meses decían que la recesión era inminente ya empiezan a cambiar su discurso, no al punto de desestimarla, pero sí en cuanto a alargar el plazo de su llegada. Todo ello abonaría en favor de la campaña de reelección de Trump. Indistintamente de todas las barrabasadas que el presidente dice y hace, tomó varias buenas decisiones desde el inicio de su gestión: bajar impuestos y quitar regulaciones. Los resultados se siguen viendo en la economía y, como bien lo dijo uno de sus antecesores —demócrata, por cierto—: “It’s the economy, stupid”.