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“Cuando sea tu momento #Vacúnate”, si estás vivo

Jorge Jacobs Fb/jjliber

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A un año de iniciada la pandemia, ahora la carrera es por las vacunas. El problema es que siguen dándose los mismos errores que se dieron durante el primer año, concentrando todo el poder y las soluciones en los gobiernos, desperdiciando el potencial creativo de las personas para resolver los problemas que se presentan. ¿Por qué aferrarse a la ilusión de que solo el Gobierno puede resolver nuestros problemas, cuando la constante a lo largo de toda la historia ha sido lo contrario? El Gobierno debe autorizar la vacunación privada.

Por el momento, a pesar de lo que diga la ministra de Salud, según los datos que ellos mismos publican, el promedio de casos nuevos no se ha incrementado por encima de la tendencia que se tuvo en noviembre y diciembre de 2020, lo que no quiere decir que no se pueda dar un incremento de contagios, especialmente durante la Semana Santa. Pero ello no debería ser excusa para que se incrementen medidas de restricción. Hay que recordar que el sistema de semáforos es la herramienta adecuada —aunque perfectible— para que las medidas se vayan adaptando de acuerdo con las circunstancias de cada municipio, y no depender de la discrecionalidad de los funcionarios.

Si tanta es la preocupación del Gobierno en cuanto a la ocupación de las camas destinadas para pacientes de covid-19 —que con los datos presentados este lunes considero que no se justifica tal estado de alarma—, en lo que debieran estar ocupados es en ampliar la cantidad de camas disponibles para los pacientes —que es lo que debieron haber hecho desde el año pasado y cuentan con los fondos para hacerlo—, en lugar de estarse quejando de la “poca colaboración” de la ciudadanía. Pero, insisto, aun con la poca cantidad de camas que implementaron en este año que lleva la pandemia, la ocupación total está todavía relativamente baja.

Pero mientras la vacunación no avance en el país —para lo cual también ya tienen autorizados todos los fondos—, el Gobierno seguirá teniendo excusas —no justificadas científicamente con los datos ya existentes— para mantener restricciones o para tomar nuevas medidas restrictivas.

Lo peor es que si las primeras semanas de vacunación son algún indicativo, el proceso va para muy largo. De hecho, el lema que está utilizando el Gobierno “Cuando sea tu momento #Vacúnate”, me parece un mal recuerdo de las campañas que hacía la telefónica estatal, Guatel, de “los teléfonos son para acortar distancias, no para alargar conversaciones”, buscando que la gente utilizara lo menos posible sus servicios para que no se saturaran las centrales. Ello contrasta con los servicios privados de telefonía, que lo que más quisieran es que uno utilice la mayor cantidad posible de sus servicios.

Algo similar está sucediendo con la vacunación, ya que el Gobierno, debido a los problemas que tiene de abasto y distribución, “quiere” que la gente se vacune, pero primero que se arme de paciencia a la espera de “su turno”. Mientras tanto, impide que las empresas privadas puedan vacunar a quien quiera y pueda pagarlo, sin tener que esperar “su turno” dentro del sistema centralizado del Gobierno. Nuevamente, el orgullo del presidente y de la burocracia estatal, en su afán de aparecer como los “salvadores de la gente”, está complicando la reactivación económica y la vuelta a la normalidad.

No digo que el Gobierno no vacune a toda la población que lo necesite —ya tiene los fondos para hacerlo—, sino que deje que el proceso sea más rápido, incluyendo en el esfuerzo a la iniciativa privada. Será la manera más rápida de llegar a la inmunidad colectiva.