IDEAS

De regreso a la normalidad

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Los casos activos de covid-19 han llegado a su nivel más bajo de toda la pandemia. La ocupación en los hospitales, tanto públicos como privados, está también en niveles bastante bajos. En el municipio de Guatemala la vacunación inicial ya sobrepasó el 97 por ciento del grupo objetivo. En el departamento de Guatemala la vacunación inicial ya pasó del 69 por ciento del grupo objetivo. La pregunta del millón después de estas cifras es, ¿por qué todavía se tienen muchas restricciones vigentes, en lugar de encaminarnos ya hacia la normalidad?

' Ya deberíamos poder ir a un concierto o a un restaurante sin que ello sea considerado un deporte de alto riesgo.

Jorge Jacobs

Considero que ya se deben eliminar muchas de las restricciones vigentes, y permitir que los guatemaltecos podamos regresar tranquilamente a nuestra vida normal “pre-pandemia”. No hace sentido, por ejemplo, que se sigan restringiendo las actividades “colectivas”, especialmente cuando son al aire libre. Ya deberíamos poder ir a un concierto, a una obra de teatro, al cine o incluso a un restaurante, sin que ello sea considerado un deporte de alto riesgo en el que nos estemos jugando la vida.

El que se haya reducido el horario de la “ley seca” es un buen inicio, pero no es suficiente. De hecho, es tan inapropiado que la restricción se haya reducido como una “graciosa concesión” de papá gobierno que indicó previamente que lo haría cuando los guatemaltecos “cumpliéramos” llegando a 9 millones de vacunas administradas. No es casualidad que, justo el miércoles que fue publicado el decreto reduciendo el horario de la Ley Seca, la cantidad de dosis administradas cerró en la cifra mágica de 9,000,182. “Los niños se portaron bien y, en consecuencia, les dejaremos que regresen un par de horas más tarde a casa”, parece decir ese decreto. El ejemplo más burdo de lo que es vivir por permiso y no por derecho. Estamos a merced del gobernante que, literalmente, dice hasta a qué hora podemos estar en la calle.

A todo esto, debo recalcar que nunca he estado de acuerdo con una legislación tan inconstitucional como la “Ley Seca”. El gobierno no tiene la potestad de limitar los derechos de los ciudadanos de una manera tan absurda, pero, de hecho, lo hace. Simplemente porque pasivamente doblamos la cabeza y dejamos que se enseñoreen de nosotros cual si fuéramos súbditos obedientes de un emperador.

Aunque la “Ley Seca” viene desde los tiempos de Jorge Serrano, es durante la pandemia que los gobernantes se han quitado cualquier recato y han extendido su poder hasta los ámbitos más privados de la vida de las personas, bajo la excusa perfecta de que lo hacen “por el bien de todos”. Esa excusa les ha permitido encerrar a las personas en sus casas, cerrar sus empresas, quitarles sus empleos, prohibirles tomar decisiones tan básicas como qué medicinas pueden tomar y cuáles no, e incluso, de qué cosas pueden hablar y de qué no, censurando a nivel global cualquier desavenencia con el “discurso oficial”.

Pero ya se les está acabando la excusa para violar los derechos de los ciudadanos. Aunque digan que están corriendo para lograr que termine la pandemia, en realidad, han disfrutado tanto de las mieles del poder autoritario que un pequeño virus les concedió que resienten tener que devolverle a la ciudadanía el derecho de decidir lo que mejor les conviene.

Ya lo pasado, pasado. Ya no podemos hacer nada por lo que pasó en los últimos 18 meses en los cuales nuestra libertad fue coartada significativamente, sin consecuencias para los perpetradores. Solo espero que hayamos aprendido la lección y aprendamos a defender nuestra libertad, nuestros derechos, de cualquier otro opresor que surja en el futuro, aun si dice tener al Dios de la ciencia de su lado -lo que, a la luz de la evidencia, ha sido bastante cuestionable en esta ocasión-.

ESCRITO POR:

Jorge Jacobs

Empresario. Conductor de programas de opinión en Libertópolis. Analista del servicio Analyze. Fue director ejecutivo del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES).

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