Ideas
El espejismo de la “deuda baja”
Las cifras de “deuda baja” cacareadas por el gobierno son falsas. Son las cifras “oficiales”, sí, pero no toda la deuda está incluida en ellas.
El Ministerio de Finanzas Públicas informó esta semana que el saldo de la deuda gubernamental cerró 2025 en Q253 mil 48 millones, equivalente al 26.8% del producto interno bruto (PIB). Ellos celebraron la cifra como un gran triunfo por “estar mejor que los demás”, como si fuera la gran hazaña de la actual administración. Todo lo contrario; si algunos son responsables del crecimiento desmedido de la deuda, son los de la actual administración.
El principal legado que le dejará la “primavera” será más impuestos que tendrán que pagar usted, sus hijos y sus nietos.
Pero lo importante no es la relación con el tamaño de la economía, sino con los ingresos que tiene el Gobierno, es decir, con los impuestos que pagamos. Y allí la cosa es más complicada, porque la relación entre la deuda y los ingresos tributarios es de 224.9% o, lo que es lo mismo, por cada quetzal que nos quitan, ya nos endeudaron por otros Q2.25. Y lo digo así porque en esto no hay gran ciencia. Todo lo que el Gobierno gasta, primero, nos lo tiene que quitar a los tributarios. Por eso es por lo que a los políticos les gusta tanto endeudarnos. Porque igual lo vamos a tener que pagar nosotros, pero él no nos lo va a tener que quitar directamente; deja esa fea labor en manos de los siguientes políticos. Esta, además, es una cifra que ya se acerca más al límite del 250% que las instituciones financieras internacionales asocian con peligro en economías como la nuestra.
Pero hay otro dato más preocupante: el servicio de la deuda: los pagos que un deudor tiene que hacer para cubrir los intereses del período y un abono mínimo a capital, para ir reduciendo la deuda. Algo así como el pago mínimo de las tarjetas de crédito. Esa cifra ha ido creciendo en Guatemala y ya representa más del 13% del presupuesto del Gobierno. El nivel que los organismos internacionales tienen como frontera crítica es del 15%. A este paso, en un par de años cruzaremos ese umbral. Lo delicado aquí es que el “servicio de la deuda” de Guatemala se parece bastante a esos pagos mínimos de las tarjetas: la gran mayoría del pago se va a cancelar intereses y una parte ínfima para hacer abonos a capital.
Por si todo eso no fuera lo suficientemente preocupante, resulta que las cifras cacareadas por el gobierno —todos, no solo este— son falsas. Son las cifras “oficiales”, sí, pero no toda la deuda está incluida en ellas. Hay “otras deudas” que a los políticos no les gusta reconocer. Algo así como los “hijos de patio”, que seguramente muchos de ellos también ocultan.
Las cifras “oficiales” no incluyen la deuda con el IGSS —Q73 mil 800 millones al cierre de enero de 2025— ni las deficiencias netas del Banco de Guatemala —más de Q30 mil millones—. Con esos pasivos, la deuda real del Gobierno rebasa los Q350 mil millones y eleva la relación con el PIB a más del 37%. Y la verdadera relación de la deuda con los ingresos tributarios sube a 311%, muy por encima del límite crítico.
Pero, como a los gobiernos esa deuda les viene del norte —no son acreedores que les cobren la plata, como los inversionistas y los organismos internacionales—, entonces lo meten bajo la alfombra, dejándoles el problema a las siguientes generaciones.
Este año, el Gobierno nos encamina a nuevos máximos de deuda. Esta, al igual que mucha pasada, viola el principio establecido en la Ley Orgánica del Presupuesto, de que la deuda se debe utilizar para infraestructura. Pero, como los de la actual administración casi que lo único que hace eficientemente es contratar a más burócratas, más de la mitad de la nueva deuda que nos dejará se va a utilizar para “gasto corriente” —mantener a la burocracia—, el 35% para el “servicio” de la deuda y solo como el 11 % se utilizará para infraestructura. En resumen, el principal legado que le dejará la “primavera” serán más impuestos que tendrán que pagar usted, sus hijos y sus nietos. Y sin darle mayor cosa a cambio.