Ideas
El mercado a la conquista del espacio
El burócrata no enfrenta pérdida personal ante el error, ni ganancia proporcional al logro. El empresario, sí.
El viernes 12 de junio, SpaceX debutó en el Nasdaq. Captó US$75 mil millones y pulverizó el récord de Saudi Aramco, que en 2019 colocó US$25 mil 600 millones. Las acciones subieron un 19% en su primer día. La empresa cerró arriba de US$2 billones de valor de mercado. Elon Musk se convirtió, en papel, en el primer billonario de la historia.
Crecí leyendo ciencia ficción y soñando con ser astronauta. Estaba seguro de que muchas de aquellas historias algún día se convertirían en realidad, y así fue. Durante mi vida vi nacer la computadora personal, el internet, las supercomputadoras que andamos en la mano y ahora la inteligencia artificial que nos ayudará a multiplicar la productividad. Durante dos décadas he seguido a SpaceX como muchos otros siguen el futbol. Vi estallar cohetes y sufrí los fracasos de las primeras pruebas de la Starship. Para Musk, aquellos estallidos nunca significaron fracasos definitivos. Representaron valiosos aprendizajes prácticos para corregir errores de ingeniería y lograr vehículos espaciales resilientes. Esa actitud, y no un milagro, explica el resultado. También disfruté los éxitos. Vi cómo aterrizaba el primer cohete reutilizable de la historia, más recientemente los “dedos gigantes” atrapar a uno de los cohetes superheavy y, por supuesto, los primeros vuelos exitosos de la Starship.
El contexto de esta historia es relevante. El transbordador de la Nasa costaba más de US$1 mil 500 millones por lanzamiento. El Falcon 9 reutilizable abarató el acceso al espacio de forma drástica. La diferencia no fue de talento de ingenieros, sino de diseño institucional. La Nasa siempre ha operado con presupuestos que fluían sin importar los resultados. SpaceX, en cambio, casi agotó su capital inicial antes del primer éxito orbital del Falcon 1. El burócrata no enfrenta pérdida personal ante el error, ni ganancia proporcional al logro. El empresario, sí. Musk arriesgó su fortuna en tres lanzamientos fallidos entre 2006 y 2008. ¿Por qué bajó tanto el costo del espacio en manos privadas? Porque quien enfrenta consecuencias reales busca soluciones que el funcionario protegido por un presupuesto garantizado no tiene razón para buscar.
Mis respetos para Elon Musk, que pasará a la historia como el visionario que llevó a la humanidad a ser una especie interplanetaria.
Tampoco nadie diseñó desde un despacho el ecosistema espacial privado. Lo construyeron miles de inversionistas que asignaron capital voluntariamente a proyectos que juzgaron valiosos. La OPI (oferta pública inicial) es esa misma lógica llevada al mercado de capitales. La demanda total superó los US$250 mil millones. Tres veces sobresuscrita: el mercado votó con su dinero, no con discursos ni con decretos.
Por supuesto, todavía hay mucho camino por recorrer. SpaceX perdió US$4 mil 937 millones en 2025 y cotiza cerca de 90 veces sus ingresos. Musk conserva el 82.4% del poder de voto, lo que concentra el control en una sola figura. Para algunos eso podrá ser cuestionable, pero lo importante es que toda esa información es pública y quien invirtió en la empresa lo sabía, así que nadie puede alegar al respecto.
¿Puede SpaceX llegar a convertirse en un monopolio espacial, como en tantas novelas y películas de ciencia ficción suele suceder? Puede ser, pero la respuesta ante esa amenaza no es más Estado, sino más competencia. Hay otras empresas que también le están apuntando al espacio, como Rocket Lab, Blue Origin y otros actores emergentes. Solo la rivalidad abierta disciplina al poderoso. ¿Lleva ventaja Musk? Sí la lleva, pero es porque fue visionario y lo arriesgó todo cuando nadie más que él siquiera pensaba que podría haber participantes privados en ese oligopolio gubernamental.
Indistintamente de lo que suceda, Musk pasará a la historia como el visionario que llevó a la humanidad a ser una especie interplanetaria. Me quito el sombrero ante un emprendedor revolucionario como pocos.