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Narcos en Netflix, versión a la tórtrix

Jorge Jacobs Fb/jjliber

El arresto de Mario Estrada era casi lo único que faltaba para que las elecciones de 2019 fueran, en efecto, las más inimaginables posibles. Pero como estamos en Guatemala, no podía ser solo así la cosa: tenía que haber más acción y más giros inesperados. Y los hubo, materializados en el intento de asesinar a un par de los candidatos. ¿Qué más sorpresas nos depararán estas elecciones?
La “Conspiración Estrada” —como le llamaron los de la DEA— demuestra el alto grado de involucramiento de los carteles del narcotráfico en el proceso electoral guatemalteco, como ya se veía venir desde hace tiempo, como consecuencia de los mayores controles al financiamiento electoral privado de fuentes lícitas. Según el estudio presentado por la Cicig hace unos años, el 25 por ciento del financiamiento electoral provenía del narcotráfico, el 50 por ciento provenía de la corrupción —aunque ellos mismos indicaban que, de esa, alrededor de la mitad también estaba relacionada con el narcotráfico que ya se había involucrado en los “negocios de la corrupción”— y, por último, un 25 por ciento provenía de fuentes lícitas. Pero luego se dedicaron a criminalizar el financiamiento proveniente de fuentes lícitas y a perseguir a los corruptos, pero no se hizo nada en cuanto al financiamiento relacionado con el narcotráfico, con lo que, para efectos prácticos, se limpió el camino para que el dinero proveniente del narcotráfico reinara en las campañas electorales.

El mismo Estrada mencionó en las conversaciones con los infiltrados de la DEA que ya estaba trabajando con un cartel local y que los del cartel Jalisco Nueva Generación también estaban interesados en financiar su campaña. Lo advertimos desde hace tiempo: con la criminalización que se hizo del financiamiento electoral, el financiamiento privado de fuentes lícitas se iba a cerrar completamente y las únicas fuentes que quedarían a los partidos y candidatos serían los fondos provenientes de la corrupción y del narcotráfico.

Aunque Estrada es quizá el ejemplo más extremo en cuanto a candidatos inescrupulosos —como lo demuestra su deseo de eliminar físicamente a varios de sus contendientes—, no debe extrañar que varios candidatos presidenciales, muchos candidatos al Legislativo y todavía más candidatos municipales, sean financiados en buena parte por el narcotráfico.

Luego de su arresto, no debe extrañar que todos los políticos en Guatemala se traten de distanciar lo más posible, que es lo que intenta hacer incluso su propio partido; sin embargo, la “colaboración” de Estrada con la DEA podría traerse abajo a por lo menos algunos políticos.

La que mejor lo ha logrado es Sandra Torres, que con un solo tuit logró quitarse de encima la atención y mandársela a Jimmy Morales. Él, por mucho que ha intentado justificar su relación con Estrada, las cosas no le han salido bien y cada vez que dice algo se enloda más.

Pero lo más preocupante son los asesinatos políticos. Los primeros dos —de los que Thelma Aldana sería uno—, dijo claramente Estrada, según la DEA, solo serían el inicio “para ver la reacción de la ciudadanía”, de lo que dependería la eliminación de otros candidatos. Pero el que haya decidido detener los asesinatos “porque alguien más va a matar a uno de ellos” implica que hay otros de los candidatos con intenciones similares.

Afortunadamente todavía no se ha dado ninguno y considero que luego de la revelación de la “Conspiración Estrada” ninguno de esos planes se llevará a cabo. Pero lo cierto es que estuvimos muy cerca. ¿Qué más sorpresas nos depararán estas elecciones?