Pluma invitada

Próximas elecciones alborotan el cotarro

Jaime Córdova

El tiempo pasado, diferente al actual, con abundantes crisis provocadas desde hace mucho tiempo por malas autoridades y ciudadanos, registró bellos acontecimientos naturales al inicio de cada invierno, como el surgimiento de numerosos zompopos de la tierra convertidos en deliciosos bocadillos tostados, con limón y tortillas calientes, especialmente en el área rural, así como el soberbio y hermoso paso de azacuanes que adornaban por horas nuestro cielo.

Se avizora ahora un nuevo acontecimiento diferente, el proceso electoral, político, atípico, con incierto futuro, de presidenciales, diputados y alcaldes municipales que gobernarán Guatemala y deben sacarla del fango en que se encuentra, lo que preocupa indudablemente a la ciudadanía, sometida durante muchos años a extremas barbaridades ejecutadas por abusadores políticos, ante la indiferencia del pueblo.

Existe suficiente preocupación entre los chapines honrados, trabajadores y responsables que anhelan una patria ejemplar, digna y admirada por el mundo, toda vez que estos comicios pueden abrirle un mejor horizonte para borrar poco a poco tanta inseguridad, violencia, inmunidad, criminalidad, desorden, despojo económico y vandalismo en general, incluyendo, lamentablemente, diarias tragedias viales por irrespeto y abuso de pilotos y falta de severa aplicación de leyes por las autoridades.

La comunidad honrada anhela honestidad, ética, lealtad, conciencia, dignidad y responsabilidad de las futuras autoridades, ejecutando inmediatos cambios para corregir tan triste calamidad pública, abriendo senderos de paz, trabajo, unión, seguridad, progreso y respeto.

El cotarro —ambiente o situación de confusión o inquietud generalizada— está en plena acción por este evento que podría abrir un mejor horizonte de prosperidad a tan humillada nación, o hundirla aún más a tan abominable destino, mediante el quebrantamiento de sus leyes. Excelente oportunidad para que el pueblo sabio elija a personajes célebres, con valores, principios, voluntad, dignidad, esfuerzo y proyección, dando oportunidad también a reconocidos ciudadanos que han caminado con dignidad en los tres poderes del Estado.
Dentro de tanta crisis, merecen un amanecer digno niños, adolescentes y jóvenes, futuros ciudadanos que caminan hacia un país incierto, con pobreza, abandono, sin educación, salud, trabajo, hogar, cariño, calor humano o alimentos; limpiando vidrios de vehículos, repartiendo material publicitario, haciendo malabarismos vestidos de payasos, con sustancias tóxicas que envenenan sus rostros, donde funcionan semáforos; víctimas de hogares desintegrados, padres viciosos, viviendo en covachas sin servicios, expuestos a vicios, delincuencia, violencia, inseguridad, acoso sexual y acecho de criminales que los empujan a prisión o muerte.

Peor situación sufren las mujercitas expuestas a toda clase de peligros, trata de personas, ultrajes, abuso sexual, vendiendo en calles dulces, refrescos y chucherías; portando carteles publicitarios de madera o cartón en sus pechos y espaldas, bajo fuerte sol o lluvia, con peligroso regreso a pie a sus casas en avanzadas horas de la noche, recorriendo largas distancias, bajo la oscuridad y con abierto riesgo de malvados.

Tales extremos fueran menos ofensivos a su dignidad humana si los gobiernos hubiesen cumplido con su deber, obligación, conciencia y responsabilidad, con programas benéficos. A prueba un obligado rescate democrático, humano, social, espiritual, cívico y honesto.