Ideas
“Queremos subir el salario mínimo”
Décadas de estatismo han inculcado en el corazón de muchos la fantasía de que el dinero y el empleo crecen en los árboles.
La Fundación Libertad y Desarrollo y CID Gallup presentaron su encuesta más reciente. Los resultados son incómodos para el Gobierno, pero también para quienes aspiramos a un país con más libertad y menos intervención gubernamental. Aunque el presidente y su administración salen muy mal parados, lo realmente preocupante es lo que décadas de estatismo han inculcado en el corazón de muchos guatemaltecos: la fantasía de que el dinero y el empleo crecen en los árboles.
Ni siquiera tienen idea de que una de las razones por las cuales trabajan en la informalidad es debido a los incrementos del salario mínimo previos.
El dato más contundente está en la evaluación del presidente. Su gestión recibe un índice de aprobación de -22: el 52% la califica como mala o muy mala y el 30%, como buena o muy buena. El 76% considera que el país va en el rumbo equivocado. Pero lo demoledor para la retórica del Gobierno tiene que ver con su gran promesa de que iban a combatir la corrupción. Esa es quizá la única razón por la que muchas personas votaron por ellos.
Cuando a las personas se les pregunta cuál es el peor problema del país, la primera respuesta es la “corrupción en el Gobierno”. Este indicador, además, tiene una marcada tendencia al alza durante los casi dos años y medio de esta administración, pasando del 27% al 36%, es decir, subiendo un 33%. Por si eso no fuera suficiente, cuando se les pide a los encuestados calificar la labor del presidente en distintas áreas, el combate a la corrupción es el segundo peor calificado. La corrupción no desaparece porque un político pronuncie la palabra “transparencia”. Desaparece, o al menos disminuye, cuando las reglas reducen la discrecionalidad.
Luego viene lo complicado. Aunque no se le puede echar la culpa completa al Gobierno por el incremento de precios de los últimos meses, sí ha tenido vela en ese entierro. La parálisis del Ejecutivo genera consecuencias que se van viendo con el tiempo. Cuando se preguntó qué quieren que haga el próximo presidente, el 49% de los encuestados respondió: “Subir el salario mínimo”. Y el 45% pidió controlar los precios de la canasta básica.
Entiendo la angustia detrás de esas respuestas; la gente genuinamente sufre. Pero eso no hace que la solución que piden los vaya a sacar de la miseria. Un salario mínimo más alto parece, a primera vista, beneficiar al trabajador. Pero lo que realmente hace es encarecer el costo del empleo formal y empuja a más personas hacia la informalidad. Guatemala ya tiene una de las tasas de informalidad más altas de la región: más del 70%. Muchos —por lo menos la mitad— de quienes piden aumentar el salario mínimo ya trabajan en la informalidad: están pidiendo una medida que les cierra aún más las puertas del empleo formal. Lo más seguro es que ni siquiera tienen idea de que una de las principales razones por las cuales trabajan en la informalidad es debido a los incrementos del salario mínimo previos. La contradicción es trágica.
Los controles de precios son igualmente contraproducentes. Como bien se ha demostrado a lo largo de cuatro mil años de historia registrada, las intervenciones de precios no eliminan la escasez: la desplazan, la ocultan y la agravan. Los productores dejan de abastecer o redirigen su oferta, y el resultado es desabastecimiento, mercados negros y, en última instancia, más carestía para los más pobres.
Lo que los ciudadanos necesitan, aunque no lo sepan, es una economía más abierta, con menos trabas para hacer negocios. Para elevar los salarios se necesitan muchas más empresas produciendo y generando empleo. Pero, lamentablemente, la solicitud para que el próximo presidente se enfoque en “atraer nuevas empresas” está en un muy distante octavo lugar, con apenas el 16%. No por nada estamos como estamos.