EDITORIAL

Día del periodista entre ataques a la prensa

En el 2018, la situación del periodismo y de la prensa guatemalteca independiente se encuentra bajo un artero ataque destinado a su desaparición, en el cual participan muchos políticos y algunos empresarios.

El ambiente internacional es parecido, a causa de la actitud del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha llegado al colmo de llamar antipatriotas a los medios que informan de sus poco meditadas acciones, y lo critican por eso. En Guatemala, ha habido reuniones para acosar a la prensa.

Esta acción no tiene sentido alguno, porque la desaparición de la prensa profesional independiente deja a la sociedad a merced de los mensajes anónimos que utilizan las redes sociales. Lo están haciendo primero con los medios informativos, para luego tener el campo libre y así atacar sin misericordia y con base en falsedades o exageraciones a cualquiera, con el efecto tremendo de la imposibilidad de identificar siquiera a quienes lo hacen, porque actúan en la oscuridad del anonimato.

Llama la atención el aumento de estas acciones en contra del derecho ciudadano a ser informado y que le sean explicadas las posibles conclusiones de los hechos sociales, políticos y económicos ocurridos en el país. Algunos han llegado al punto de calificar a los hombres y mujeres de prensa, informativa o de comentario, como destructores del país.

Esto demuestra la imposibilidad para ellos de entender los efectos ya mencionados del anonimato. Debido a esto, en otros países las arremetidas contra los medios informativos y de opinión no parecen tener credibilidad entre los ciudadanos, pero pese a ello el ejercicio de la prensa debe cuidar el perfeccionar su trabajo, a fin de no dar a sus enemigos argumentos aparentemente válidos para apoyar lo que es en realidad una arremetida contra la libertad humana de pensar y expresarse.

La prensa, sin duda, no es perfecta, pero sus enemigos lo son menos. Quienes se agregan a esta cruzada no se dan cuenta tampoco de la tácita confesión o preocupación por que se conozcan acciones o decisiones incómodas, muchas veces ilegales, en las que se hayan visto relacionados, pero sobre las que se busca poner un velo.

El ataque a la prensa independiente es el primer paso para la instalación de una dictadura. Una de las primeras acciones de Chávez, en Venezuela, fue precisamente esa, y los resultados están a la vista, como también ocurre en Nicaragua.

Pese a todas esas vicisitudes, el ejercicio del periodismo independiente es uno de los mayores fundamentos de toda sociedad, aunque los enemigos se aferren a ideas contrarias. La tecnología actual, con su lamentable posibilidad de anonimato, afecta a la prensa e, irónicamente, a sus enemigos. No entender esto es dar un paso al vacío.

Quizá la mayor amenaza al ejercicio periodístico sean las mafias, pero en países como Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua los riesgos también vienen de regímenes corruptos y legisladores incapaces, que buscan estrechar el cerco a la libre emisión del pensamiento, una de las primeras víctimas de toda satrapía, para neutralizar la labor fiscalizadora de la prensa, ante la ausencia del balance de poderes.