EDITORIAL
Apoyo estratégico contra amenaza transnacional
La amenaza del narcotráfico es transnacional, no respeta fronteras ni leyes.
Esta semana ocurren dos hechos sintomáticos: el 25 de mayo se detectó el ingreso ilícito desde Honduras de un convoy con individuos armados que abrieron fuego contra las fuerzas militares guatemaltecas que los repelieron. Al día siguiente, la Policía y el Ejército localizaron un narcolaboratorio en la otra frontera del país, en Ayutla, San Marcos, donde hubo capturas y decomiso de municiones y cocaína. Para más señales, está por cumplirse un año, el 8 de junio, de la incursión de militares mexicanos por la frontera de La Mesilla, quienes se enfrentaron con integrantes del cartel Chiapas Guatemala, refriega en la que pereció Baldemar Calderón Carrillo, señalado de narco por EE. UU.
Los tres sucesos tienen aspectos comunes difíciles de ignorar: estructuras criminales con movilidad regional, alta capacidad de fuego, que detentan corredores fronterizos. Para mayor agravante, cabe recordar los casos de narcoalcaldes y narcodiputados guatemaltecos extraditados y sentenciados en Estados Unidos, país que en este momento mantiene una estrategia de presión contra los carteles mexicanos, a los cuales declaró organizaciones terroristas; hace un mes, una corte federal requirió en extradición a 10 funcionarios de Sinaloa, México, por presuntos nexos. Dos se entregaron voluntariamente.
Ese contexto ayuda a entender el revuelo causado por la revelación del diario The New York Times, ayer, de un acuerdo de cooperación militar y estratégica entre Guatemala y Estados Unidos para combatir a estas mafias. El NYT menciona “operaciones conjuntas y ataques aéreos”. El Gobierno confirmó la existencia de tal solicitud, pero aclaró que no habrá ingreso de tropas estadounidenses, sino asesoría técnica y de equipo para acciones encabezadas por el Ejército de Guatemala.
Otro hecho con fecha: el 7 de marzo pasado, en el Comando Sur del Ejército de EE. UU., en Doral, Florida, el ministro de la Defensa de Guatemala asistió a la “Conferencia de las Américas contra los Carteles”, que tuvo lugar paralelamente a la reunión con 12 mandatarios de América Latina, llamada Escudo de las Américas, con el secretario de Guerra Pete Hegseth y otros funcionarios. No eran actividades separadas, sino complementarias de una estratégica de seguridad hemisférica, que en cada país tiene sus particularidades y desafíos.
La presencia de funcionarios de seguridad estadounidenses no es nueva, pues ya en Puerto Quetzal existe una delegación de apoyo a la seguridad de cargamentos y pronto se comenzará la ampliación del muelle, a cargo del Cuerpo de Ingenieros de dicho ejército. Sin embargo, es importante la aclaración sobre el liderazgo guatemalteco para mantener el tema dentro de las atribuciones propias y necesarias del Ejecutivo. Ambigüedades respecto de soberanía, jurisdicción y control territorial harían demasiado ruido o necesitarían de avales legislativos que podrían retrasar acciones que son para “ayer”. Basta ver los lastres, muy sospechosos ya, que representan ciertos diputados a la ley antilavado.
En todo caso, la amenaza del narcotráfico es transnacional, no respeta fronteras ni leyes; por lo tanto, se necesita un buen entendimiento, diplomático, legal, tecnológico y estratégico, entre gobiernos y fuerzas del orden. Pero no bastan los despliegues o los operativos si no existe paralelamente un cierre del alambique que financia las acciones criminales: las capacidades de lavado, las complicidades desde cargos y los financiamientos electoreros sucios; y en esta cooperación no quedan exentos de obligación los organismos Legislativo y Judicial.