Editorial

Aún hay tiempo para los nuevos ciudadanos

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La democracia guatemalteca atraviesa circunstancias contradictorias debido a la disfuncionalidad de las organizaciones partidarias, la indolencia de ciertos políticos que asumen a morir ínfulas caudillistas y anacronismos legislativos que bloquean la actualización de normativas que bien podrían cortar de tajo con el clientelismo electorero y el deterioro del aparato público, tal el caso de la Ley de Servicio Civil, que tiene al menos cuatro iniciativas arrumbadas, a causa, precisamente, de que no les conviene a los tradicionales negociantes del voto.

En ese contexto, el horizonte parece desalentador para la participación de los ciudadanos, sobre todo los más jóvenes, que pueden tener la impresión de ser prescindibles al momento de definir el rumbo del país. Se trata de una apreciación comprensible pero inexacta, a menudo fomentada por el repetitivo tono mercantilista de la propaganda electoral y la ausencia de propuestas serias, respetuosas y responsables de Estado que incluyan una visión a 30 o 50 años adelante.

Según cálculos del TSE, un millón y medio de ciudadanos de entre 18 y 25 años, con documento de identificación vigente, aún están pendientes de inscribirse en el padrón electoral, una cifra que por sí sola podría cambiar todo el panorama de las elecciones del próximo 16 de junio, puesto que se trata de un importante sector de la Nación al que ninguna opción política ha atendido ni entendido.

Las agrupaciones en contienda y sus figuras, nuevas o no, prestigiosas o no, vinculadas a pactos de corruptos o no, se encuentran, quieran o no, supeditadas directamente a la voluntad ciudadana, que en el caso de los jóvenes es un sector de población poderosamente crítico, que demanda honradez, transformación y mejoras, precisamente porque es su futuro el que se juega en cada elección y este va mucho más allá de ofertas rimbombantes leídas en cámara por candidatos advenedizos que quieren cautivar al público joven mediante fugaces videos virales en redes sociales.

A ese joven y a esa señorita que todavía no se ha empadronado porque cree que de esa manera expresa su descontento con el sistema, cabe hacerle notar que su protesta es respetable, pero no significativa ni vinculante. La desconfianza hacia la clase política no es una novedad. Ya en el siglo IV antes de Cristo, el filósofo Diógenes buscaba con una lámpara encendida, de día, a un hombre íntegro. El espíritu de su mensaje llega hasta nuestros días y pone de relieve la condición de perfectibilidad, la posibilidad de mejora continua de todo sistema de administración de un Estado. Pero esa mejoría, ese desarrollo latente, será aún más improbable si el ciudadano joven, el de ideas frescas, el de ideales renovados, el portador de las esperanzas de un porvenir mejor, se priva de ejercer su más poderoso patrimonio: su voto.

Quedan este sábado y domingo para registrarse en el padrón electoral. Hay numerosas sedes abiertas del Registro de Ciudadanos en todo el país. La historia futura de Guatemala puede escribirse de una forma distinta si se tiene una mano más para exigir decencia, honestidad, coherencia y cuentas claras a los que por estos días prometen todo lo que sus estudios de mercado les dictan. El joven ciudadano y la joven ciudadana que aún no están inscritos para participar como electores, tienen la oportunidad de involucrarse en la construcción de un nuevo rumbo para su país.