EDITORIAL
Conflicto en Irán mina las exportaciones
De este lado del mundo, nos vemos impactados no por el aleteo de una mariposa, sino por explosivas intransigencias.
La esperanza de lograr un crecimiento de hasta 3% en las exportaciones guatemaltecas se ha visto socavada por un factor totalmente ajeno pero geopolíticamente derivado de las ondas expansivas del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, que mantiene entrecerrado el estrecho de Ormuz e impactados los mercados de todo Oriente Medio, que son los principales compradores de cardamomo guatemalteco. Para resaltar las proporciones de este golpe económico y productivo, dos datos: Guatemala es el mayor productor mundial de este grano aromático y los países árabes cercanos a Irán compran hasta el 90% de la cosecha.
Como si fuera un ejemplo del llamado “efecto Mariposa”, según el cual el aleteo de un insecto puede ocasionar un huracán del otro lado del mundo, esta guerra, que ya lleva más de dos meses de sacudir la economía global con los precios del petróleo y sus derivados, también afecta a humildes familias campesinas guatemaltecas, en laderas de Alta Verapaz, en aldeas de Izabal o Petén, donde se encuentra la mayor parte de cultivos de cardamomo, y que en este momento no saben si el fruto que cosechan encontrará destino, y con ello, la incertidumbre del ingreso familiar, del pago de créditos por insumos agrícolas y otros gastos de subsistencia.
La preocupación abarca a todo el sector exportador guatemalteco, debido a la disrupción en los mercados internacionales por dicho conflicto. La Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport) trazó tres escenarios, uno de los cuales ya no existe porque implicaba una resolución pronta de la guerra. El segundo escenario está en juego ahora, calculando una duración de cuatro meses del conflicto, el cual implicaría una reducción de 2% del total de exportaciones, con un crecimiento de apenas 1%.
El tercer escenario contempla un conflicto de largo plazo, que se prolongaría hasta diciembre. El impacto sería grave, con una contracción de -7.1%. Esto abarca no solo al cardamomo, sino a otros productos, a causa de la alteración de las prioridades de compra en los mercados. Pero no se trata solo de cifras o de decisiones empresariales: son jornales, son familias, son mesas en las cuales el alimento no estaría asegurado, sobre todo en el área rural.
Por si fuera poco, existen otros factores que agregan incertidumbre a la productividad agrícola del país: la llegada del fenómeno de El Niño empieza ya a retrasar la llegada de las lluvias, y con ello los ciclos de cultivo. Al alza en los costos de carburantes se suma también el previsible incremento en los fertilizantes, debido al mismo conflicto en Oriente Medio. Además, las exportaciones guatemaltecas ya de por sí estaban lastradas por los aranceles impuestos por el gobierno de Donald Trump, algunos de los cuales fueron renegociados para dejarlos en cero a cambio de ciertas concesiones.
En esta ecuación de impactos aún no se menciona el incremento en los costos en el transporte nacional e internacional, el comportamiento productivo y económico de países contra los cuales Guatemala compite en ciertas categorías de productos, así como la situación que enfrenten los socios comerciales, que a su vez impactará en la demanda de exportaciones. Este es un momento en el cual las autoridades del país deben comenzar a trazar escenarios de atención a la situación de comunidades rurales que podrían verse afectadas por la reducción de recursos económicos, así como proseguir la búsqueda de nuevos mercados. De este lado del mundo, nos vemos impactados no por el aleteo de una mariposa, sino por explosivas intransigencias.