EDITORIAL

Cuando la angustia hace aún más lejana la patria

Ahora los connacionales deben salir del consulado a comprar los money order en bancos cercanos, lo cual los expone a ser detectados e interrogados.

En estos días invernales de Estados Unidos suelen reducirse jornadas o incluso hay negocios que cierran algunos días, a causa de la dificultad de movilidad vehicular. El clima dificulta efectuar ciertos trabajos de reparación o los vuelve innecesarios, tales como la jardinería. Los migrantes indocumentados y sin empleo fijo son quienes más padecen esta temporada cíclica, pero este año, a las gélidas condiciones t se suman los operativos de agentes migratorios de ICE, que han registrado un incremento paulatino en frecuencia, detenciones y también en uso de fuerza. Aunque las deportaciones hacia Guatemala durante el 2025 fueron menos que en el último año de  Biden, la zozobra late en la comunidad migrante hispana y guatemalteca, en particular.

La suspensión temporal, pero indefinida, de todo trámite de residencia legal para 75 países, incluido Guatemala, es otro de esos factores que golpean el ánimo, sobre todo para connacionales que estaban en proceso de regularización y, por ende, de tener un poco más de tranquilidad en sus hogares y labores. En todo caso, la demanda de documentación y trámites en los consulados guatemaltecos se ha incrementado, no solo en cuanto a identificación, sino sobre doble nacionalidad u otras certificaciones.

Consulados como el de Los Ángeles, California, tienen una alta carga de servicios, sobre todo si se toma en cuenta que atienden a compatriotas radicados en estados vecinos. A la atávica limitación de horarios, personal y recursos, se agrega este año el terror de toparse con agentes federales que ahora cuentan incluso con equipos y reportes de identificación biométrica, que se suman a criterios racistas; es decir,  el solo hecho de tener tez morena se convierte en “causa probable” para interrogación y detención.

Tal criterio injusto ha mostrado perversidad, al ser detenidos residentes legales, ciudadanos naturalizados e incluso nacidos en suelo estadounidense. Los alrededores del consulado guatemalteco angelino han sido escenario de operativos, y por ello, quienes acuden a él, aunque posean estatus regular, lo hacen con suma cautela. Anhelan tocar suelo diplomático para tramitar con calma un pasaporte, DPI, certificado de nacimiento o tarjeta consular. El único medio de pago de trámites es  con money order impresos —en pleno siglo XXI—. En esa sede diplomática funcionaba una caseta de venta de esos documentos, pero fue cerrada, supuestamente para cumplir requerimientos gubernamentales de solo prestar servicios oficiales y no privados.

El caso es que ahora los connacionales deben salir del consulado a comprar los money order en bancos cercanos, lo cual los expone a ser detectados e interrogados. Cada trámite precisa de un giro postal  respectivo. Es decir, si una familia va por la fe de edad de dos hijos, el DPI del padre y el pasaporte de la madre, debe  comprar cuatro documentos distintos. Sí, los emiten entidades diferentes, el Renap y el Instituto de Migración, pero es un mismo Estado.

También sigue sin explicación por qué en esa sede diplomática se dejó de emitir,  este mes, la tarjeta de identificación consular, documento bilingüe  usado y aceptado en el contexto cotidiano estadounidense más que el DPI o el pasaporte. Esa cartilla es emitida por el Ministerio de Relaciones  Exteriores, pero a estas alturas de la historia y la situación, aún no se imprime en los consulados. Líderes migrantes cuestionan con justa razón que si los connacionales en Estados Unidos aportan el 20% de la economía nacional, ¿por qué no existe un plan para modernizar el servicio básico de identificación?

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