EDITORIAL

Cuando la muerte viaja sobre ruedas

Durante las últimas dos semanas, decenas de familias guatemaltecas han sido tocadas por la muerte, ante el fallecimiento de un ser querido, muchos de ellos niños, a causa de una seguidilla de accidentes de tránsito en los cuales han estado involucrados vehículos del transporte pesado, de pasajeros o particulares.

Videos y fotografías dan cuenta de cómo han ocurrido varios de estos siniestros y es inevitable señalar que en muchos de ellos es evidente la imprudencia de conductores agresivos en ruta u otros imposibilitados de maniobrar por impericia o desperfectos mecánicos.

Pese a los accidentes ocurridos en los últimos días, se sigue observando que pilotos de autobuses forman terceras y cuartas filas, rebasan en curva y/o conducen en contra de la vía. También se ha comprobado que muchos no tienen licencia profesional, conversan e incluso envían mensajes de texto frente al volante y muestran otras conductas que, además de caudas mortales, tienen un costo monetario y muchos no cuentan con seguros sobre daños.

No se puede generalizar ni crear prejuicios. Existen pilotos avezados, conocedores de rutas, respuestas físicas de vehículos y amplios defensores del mantenimiento como ruta para para atajar fallas en frenos, suspensión o dirección. Pero las estadísticas no mienten, y solo de septiembre de 2021 a la fecha la Asociación Guatemalteca de Instituciones de Seguros ha contabilizado 262 accidentes, los cuales dejaron 134 fallecidos y 662 personas heridas, y han representado unos Q25 millones en daños. Muchos tienen como denominador común que está involucrado transporte pesado, público o de carga.

Si el saldo material es alto, la pérdida de vidas es invaluable, así como la huella que dejan las muchas lesiones físicas y emocionales en los sobrevivientes y sus familias. En varios casos deben hacerle frente solos, ya que transportistas y pilotos no asumen su responsabilidad o no cuentan con el seguro obligatorio que permitiría apoyar en estas circunstancias.

Los últimos acontecimientos, el clamor de las víctimas y las estadísticas son suficientes razones para que el Ejecutivo no acceda, de nuevo, a prorrogar la entrada en vigor de la totalidad del acuerdo 17-2020, que incluye la reglamentación del seguro obligatorio de responsabilidad civil contra terceros del transporte de pasajeros y de carga.

Aunque quizás existan justificaciones razonables para otorgar una nueva prórroga y según algunos expertos la normativa podría necesitar revisión, por lagunas legales y posibles inconsistencias, el gobierno de Guatemala tiene la responsabilidad de pensar en la mayoría y enmendar lo que sea pertinente. Hay otra normativa complementaria que también debe aplicarse, como reductores de velocidad o capacitación, y mayor exigencia en la profesionalización de los pilotos de transporte pesado y de pasajeros.

No se debe acceder a una nueva prórroga o a derogar la normativa, aunque un grupo de transportistas amenaza con bloquear carreteras para exigir que sea derogada dicha ley, pues argumentan que es “lesiva” para sus intereses o para la economía del país.

La aplicación correcta de una ley garantizará que las víctimas o sus familias obtengan una reparación justa y ojalá sea un disuasivo para que la muerte no siga viajando sobre ruedas.

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