Editorial
Cuando la vacunación se pone a prueba
No se trata de caer en psicosis, pues no ayuda en nada, sino de asumir la responsabilidad adulta y ciudadana que requiere este tipo de situaciones.
Existe un dicho en el ámbito de la aseguranza: es mejor tener un seguro y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo. Tal expresión aplica muy bien a otro tipo de aseguramiento, el de la salud pública a través de la vacunación contra enfermedades prevenibles, como el sarampión, tosferina, difteria, tétano y tuberculosis, entre muchas. La confirmación del sexto paciente de sarampión —el primero en el área capitalina—, a causa de un evento colectivo en Santiago Atitlán a finales de 2025, que originó los primeros cinco casos, constituye un factor que pone literalmente a examen la inmunización de los pobladores, sobre todo de la niñez.
Según estándares internacionales, una persona con el virus del sarampión puede contagiar a nueve de cada 10 personas no vacunadas. Si los niños cuentan con las dos dosis —inicial y de refuerzo—, su organismo dispone de defensas suficientes para reducir de forma significativa el riesgo de desarrollar complicaciones graves. El problema surge cuando los niveles de inmunización están por debajo de los niveles recomendados. Para garantizar la protección colectiva, la cobertura debe superar el 95% de la población.
En el país, algunos departamentos se acercan a ese objetivo: las Verapaces, Chimaltenango, Chiquimula, Petén y Santa Rosa reportan coberturas similares o superiores de acuerdo con el tablero digital del Ministerio de Salud Pública, que aún tiene proyecciones para el cierre de 2025. Pero eso contrasta con el departamento de Guatemala o Escuintla, donde la cobertura se mantiene por debajo del 80% para primera dosis y decae más en refuerzo; ello según los datos consignados hasta ayer. Es necesario que las autoridades de Salud actualicen el mapa de inmunización para dimensionar el riesgo potencial.
En las regiones con alta densidad poblacional, intensa movilidad colectiva diaria y fuerte concentración de personas en espacios de trabajo, estudio o socialización existe un riesgo potencial para quienes no tienen actualizado su esquema de vacunas, sobre todo si tomamos en cuenta el inicio del ciclo escolar. En todo caso, la atención de los padres debe concentrarse en la salud de sus hijos y buscar ayuda médica en caso de observar síntomas de la enfermedad.
El caso en la capital fue detectado por un médico privado y confirmado por el Laboratorio Nacional de Salud, lo que activó la búsqueda de contactos y los protocolos de vigilancia epidemiológica. No se trata de caer en psicosis, pues no ayuda en nada, sino de asumir la responsabilidad adulta y ciudadana que requiere este tipo de situaciones. Cabe recordar que después de la pandemia, que enfocó muchos de los esfuerzos gubernamentales, se reportó una baja en la vacunación infantil, y comenzó a ser abordada a partir del 2022.
Las autoridades de Salud han efectuado campañas de vacunación; de hecho, actualmente han anunciado disponibilidad de dosis. Ciertamente, existen otros factores como el descuido o la negligencia, que deben ser atajados a través de comunicación masiva y campañas de vacunación barrio por barrio, con apoyo de iglesias, asociaciones de vecinos y otros colectivos, con pertenencia cultural y lingüística. Puede haber algunas objeciones culturales o religiosas a la vacunación, y la decisión no puede imponerse, pero la responsabilidad de conciencia acerca del riesgo recae no solo sobre la vida de los hijos, sino también de otros niños no vacunados quizá por otras razones. En todo caso, siguiendo la frase del inicio, es mejor tener la vacuna y ni siquiera saber si se necesitó —por la misma inmunidad provista— que necesitarla y comprobar las consecuencias.