EDITORIAL

Decidiendo un futuro

Deseamos desde ya parabienes al pueblo colombiano, que merece mejores horizontes.

Hoy, poco más de 41 millones de colombianos están convocados a las urnas, para elegir al sucesor del izquierdista Gustavo Petro, cuyo nefasto gobierno se encuentra en el foco de críticas debido al incremento de la violencia homicida, las grandes deficiencias de la atención en salud, sospechas de corrupción y también al incremento de actividades de narcotráfico, en medio de un diálogo con grupos guerrilleros que no tiene para cuándo terminar. A la larga, como ocurre en todos los países, es el ciudadano de a pie quien padece las consecuencias de los errores, ineficiencias e incumplimientos de las autoridades electas.

Es el ciudadano quien concurre a las urnas para definir cómo continuar la historia, valorando las propuestas partidarias en un marco democrático, aunque a menudo en medio de polarizaciones y discursos demagógicos de uno u otro signo. Desatinos de gobiernos anteriores fueron los que condujeron al izquierdista Gustavo Petro hasta el Palacio de Nariño, quien, a la vez, en su período no ha logrado cumplir con todos los ofrecimientos, por diversas fallas y errores políticos.

El tema de salud se ve actualmente complicado debido a adeudos estatales a entidades promotoras de salud (EPS) que, a su vez, deben coordinar la atención que ofrecen las instituciones prestadoras de salud (IPS). Estas fallas han golpeado la calidad y los tiempos de atención. Los actuales candidatos han apostado fuertemente por este tema, al igual que por el de la violencia.

El gobierno saliente propuso la estrategia llamada “Paz total”, pero las cifras de muertes por violencia han ido creciendo, así como otros delitos. La fragmentación y aparente fortalecimiento de grupos guerrilleros, las pugnas de narcotraficantes y disminución  del control policial en ciertas áreas han golpeado sobre todo en áreas rurales, pero también en zonas urbanas. Un reflejo de esta vulnerabilidad fue el asesinato, el 7 de junio del 2025, del entonces precandidato Miguel Uribe Turbay, perpetrado en un barrio de clase media de la capital, Bogotá, por un joven de 14 años, que fue detenido junto a nueve presuntos involucrados, entre reos y miembros de bandas residuales guerrilleras que se opusieron a todo  acuerdo de paz y que temían el regreso de un derechista al poder.

En ese escenario de agitación y paradójicas esperanzas, hay 14 aspirantes a la presidencia, pero son tres los que reúnen mayores preferencias, según diversas encuestas: Iván Cepeda —del llamado Pacto Histórico—, senador de izquierda y aliado del actual presidente Petro. Luego figura Abelardo de la Espriella, alias el Tigre, candidato independiente de derecha, abogado que promociona la “mano dura” y señalado por haber sido asesor jurídico de Alex Saab, el testaferro de Nicolás Maduro que fue extraditado a Estados Unidos el 17 de mayo reciente. Además, Colombia podría tener a su primera presidenta, si llega a ganar Paloma Valencia —del partido Centro Democrático—, también senadora y una opositora crítica de Petro. Valencia, de ideología centro-derecha, recibió el apoyo de la viuda de Uribe Turbay, quien afirmó que podría ganar en segunda vuelta. Y es que, en Colombia, solo una vez un candidato ha ganado sin balotaje: Álvaro Uribe Vélez obtuvo el 53%. Deseamos desde ya parabienes al pueblo colombiano, que merece mejores horizontes de justicia, desarrollo y paz, de cara a los grandes desafíos locales, regionales y transnacionales.

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